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Freddy Auqui Calle

Aguardiente paisa

Mi tío Bolo murió hace un año. Murió de pena. A consecuencia de que su mujer y sus hijos lo abandonaron.

Cuando me enteré del percance fui a su casa a averiguar lo que había sucedido, pero mi tío no quiso hablar del asunto. Una vecina del pueblo me contó que la tía Lupe estaba cansada de que mi tío le golpeara cuando se emborrachaba y que había amenazado con dejarle.  Así lo hizo. Nunca más se supo nada de ella ni de mis primos.

Después oímos que podrían estar en Perú, pero fueron puros rumores, solo dios sabe dónde habrán ido a parar. La gente dice que era una mujer mala, que antes de irse le fue haciendo brujería, pero no lo creo, después de todo era el padre de sus hijos.

Es cierto que mi tío bebió y bebió hasta morir, pero por voluntad propia, nadie en nuestra familia cree en esas pendejadas de la brujería.

La última vez que lo vi fue en agosto del año pasado, un par de meses antes de la tragedia.

—Sobrino, quieres tomar un trago conmigo, me preguntó.

—Claro tío, con gusto, dije yo, imitando su gutural forma de hablar.  

Entonces nos sentamos a beber aguardiente hasta perder la conciencia, pero como digo, por voluntad propia, no porque haya estado de tras de nosotros una insulsa maldición.   

Ayer hicieron la misa para conmemorar un año de su muerte, después hubo una merienda y entonces nos pusimos a hablar sobre lo sucedido. Toda la familia estuvo de acuerdo en que mi tío era un alma de dios.  

De repente se puso a llover y se hizo de noche. Entonces vi que todos traían caras largas y llorosas, me levanté, busqué un paraguas y fui a la tienda de la esquina. Regresé con cuatro botellas de aguardiente paisa. Era el tipo de trago que le gustaba a mi tío.

Nos pusimos a beber en su nombre.

Publicado la semana 19. 30/05/2021
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