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Freddy Auqui Calle

Abuela

En mi tiempo la semana santa era Semana Santa. Entre otras cosas los niños estábamos condenados a la quietud. Era tiempo de luto, tristeza y regocijo por la Pasión, Muerte y Resurrección del Hijo de Dios.

Hoy es viernes santo y me asalta un recuerdo de la niñez. — Pateo una pelota de plástico en el patio de la vieja casa rural donde nací y crecí. Abuela me descubre y lanza un grito. ¡Hijito, no hagas eso! Patear la pelota es como estar pateando la cabeza de nuestro señor Jesucristo, me dice al oído. Le miro con ojos de espanto y me disculpo—  

Con el tiempo supe que era una semana en la que no podía hacer nada: no trompos, no canicas, no machete, no rayuela, no casería de tórtolas. Nada. Cuando adolecente las provisiones continuaron: no mentiras, no carne, no películas, no sexo. En fin…

¡Vaya épocas!   

Abuela murió

El niño que fui ya no existe

Acabo de escribir este cuento después de masturbarme.

Publicado la semana 15. 22/04/2021
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