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Francesco Profilo

Puto frío

“Nueva subida del precio de la luz que marcará este jueves un nuevo récord en el mercado mayorista: lo hará a las 21.00, cuando el coste del megavatio-hora llegará a los 221 euros, un 6,25% más que la víspera a la misma hora”

 

Roberto se quedó mirando el televisor y sacudiendo la cabeza de un lado al otro. Mientras el telediario contaba las desventuras de los españoles de clase media-baja, él intentaba seguir adelante con su novela. Bueno, más que con su novela, con su “proyecto de novela”, ya que tampoco había escrito nada que valiese de verdad la pena todavía. Solo había unas cuantas ideas anotadas en una hoja del Google Docs y no mucho más. Un frío de pleno invierno entraba como navajazos por las ventanas antiguas de madera podrida de su casa y la taza de café largo, negro y humeante servía solo para calentar lengua y garganta, dejando que a calentar el resto del cuerpo solo se encargara una pequeña estufa electrica de las de treinta euros. Roberto había dejado su trabajo de comercial en una empresa de seguros para dedicarse de lleno a su pasión, la escritura. Lo había hecho justo antes de navidad porqué pensaba que cuando uno toma una decisión tan arriesgada debe hacerlo sin más, sin valorar si es el momento justo o no. Total, nunca iba a ser el momento justo para dejar un trabajo con un buen sueldo, vacaciones pagadas y catorce pagas, para quedarse en casa en pijama intentando escribir un best seller. Su mujer no se había opuesto a su atrevida elección, pero, en los últimos días, Rosa le había estado lanzando unas miradas más frías que aquel mes de enero en Madrid. 

―Puto frío― exclamó Roberto en voz alta como esperando que su aliento calentara algo mas el salon de la casa.

Cuanto más pensaba en la subida del precio de la luz, en sus pies helados aunque estuviesen protegidos por unos calcetines de lana, en los ojos de su mujer cuando al volver en casa se hubiese enterado que se había pasado el día sin escribir ni hacer nada, cuanto más pensaba en las reacciones de su jefe, familiares y amigos cuando les había contado que quería dejarlo todo para ser escritor a jornada completa, más le costaba centrarse en conseguir escribir algo medio fumable. Decidió sentarse un rato en el sofá a leer un libro de cuentos de Chejov. Pero en lo que se tarda en leer unas tres páginas ya había levantado los ojos del libro, perdiéndose con la mirada en la infinidad de las grietas del techo del salón.

Vaya, ¿qué pensaría mi padre de mi ahora mismo? Me levanté a las diez, me senté delante del ordenador un rato y ahora estoy en el sofá. Todavía sigo en pijama, no tengo trabajo y dependo del sueldo de mi mujer que se parte el lomo trabajando cincuenta horas por semana en un supermercado. Mientras pensaba en eso, Roberto se alegró por un momento que su padre hubiese muerto hace muchos años. Luego se sintió un gusano por haber pensado en aquello y volvió a sentarse delante del ordenador a contemplar la pantalla negra en modo hibernación durante un buen rato. Todavía le quedaban muchas horas para no hacer nada hasta que volviera su mujer del trabajo.

Publicado la semana 49. 06/12/2021
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