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Francesco Profilo

Confundiendo la noche con el día

Me había pasado los últimos seis meses casi totalmente encerrado en casa trabajando sobre mi última novela. Seis meses vividos entre comida, basura, vino barato y latas de cervezas que acababan convirtiéndose en ceniceros rebosantes mientras iba confundiendo la noche con el día. Raramente conseguía dormir más de tres o cuatro horas seguidas y solo me afeitaba cuando me costaba reconocer el hombre que veía reflejado en el espejo. La relación con mi pareja también había ido empeorando poco a poco. Aunque mis recuerdos de estos días son bastante confusos y difuminados en mi memoria, lo cierto es que peleábamos mucho y a menudo ella se ponía como loca. Yo solía mantener la calma y cuando ella empezaba a insultarme y a lanzarme objetos, prefería salir a fumarme un cigarrillo dando la vuelta a la manzana para despejar la cabeza. De todas maneras, mi novela se iba desarrollando con bastante rapidez, de hecho a veces solo dejaba de escribir porqué me dolía la espalda o la cabeza de tanto estar delante del ordenador. Nunca me levantaba de la silla por haberme quedado en blanco o algo parecido. Era como si supiera en cada momento lo que quería contar y cómo describir perfectamente cualquier escena, casi como si la hubiera vivido en primera persona. El resultado hasta aquel momento me parecía bastante bueno y sobre todo muy real. Las escenas, los diálogos y los personajes... Todo parecía tener vida propia dentro de mi cabeza como dentro de un universo paralelo. La historia iba sobre un escritor de novelas negras, que debido a sus investigaciones sobre asesinos en serie y crímenes violentos se iba convirtiendo poco a poco en un psicópata. El hombre vivía atrapado en su pasión por el genero negro y después de años sumergido en libros, películas y casos reales de crónica negra, no había podido evitar querer experimentar algunas sensaciones que solo puede vivir el malo de una novela negra. Yo mismo, como autor de la obra, últimamente había experimentado sensaciones extrañas. A veces mis propios pensamientos y mis ideas retorcidas sobre cómo me enfrentaría a determinadas situaciones, llegaban a asustarme. Así que cuando mi novia desapareció no avisé a nadie, ni siquiera a la policía. Tenía confianza que si se había marchado por su cuenta volvería pronto, aunque al mismo tiempo, me aterrorizaba pensar en cualquier otro tipo de escenario detrás de su desaparición. Pero, cuando pocos días después abrí el congelador para buscar algo de hielo, lo que encontré adentro me asustó a tal punto que me senté en el sofá con las manos en la cabeza y me quedé bebiendo con la mirada perdida hasta quedarme dormido. Al despertarme, me sentía confundido y lo primero que pensé fue que acababa de vivir una pesadilla horrible y que todo había sido fruto de mi imaginación influenciada negativamente por el alcohol, mi novela y las pocas horas de sueño. Sin embargo, cuando volví a abrir el congelador para asegurarme que aquella imagen solo existía en mi mente, volví a ver lo mismo que me había helado la sangre el día anterior y entonces entendí que todo aquello estaba pasando de verdad. La cabeza de mi novia y partes de su cuerpo descuartizado, seguían allí.

Publicado la semana 38. 20/09/2021
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I
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