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Enrique Palomo

La mañana de Reyes

LA MAÑANA DE REYES

 

Antes de acostarse quiso comprobar que su zapato estaba bien colocado en el alféizar de la ventana, y es que temía que los Reyes Magos se olvidaran de dejarle su regalo en aquel barrio oscuro y triste en que vivía.

Su padre se acercó a ella y miró el zapato reluciente al otro lado del cristal:

-<<Si no te vas ahora a la cama los Reyes pasarán de largo>>- le advirtió.

-<<Papá, ¿crees que me traerán la muñeca que he pedido?>>- preguntó expectante.

-<<Hija, ya sabes que en nuestro barrio los Reyes no dejan regalos tan caros… Pero seguro que te traerán algo que te guste>>- dijo con convicción.

Y así, la niña se durmió con la esperanza de que se cumpliera un deseo que parecía imposible mientras el padre pasó la noche en vela con la amargura de quien no puede ver realizarse los sueños de su hija. Lo cierto es que los Reyes no dejarían en su zapato la muñeca, sino un capricho mucho más modesto y acorde a la economía de la familia: una preciosa y refrescante mandarina y un puñado de castañas, que eran los frutos preferidos de la niña.

Tras una noche gélida llegó una mañana silenciosa, blanca y serena, cuya luz pálida fue despertando a los niños de la ciudad para que pudieran descubrir sus regalos. Como no podía ser menos, nuestra niña se levantó cuando el día no había hecho más que llegar, corrió hacia la ventana y la abrió. Lo que vio originó una exclamación de júbilo y asombro: el frío de la noche había cristalizado en las frutas formando unas figuras que parecían muñecas con miles de brillantes engarzados. Nunca había visto unas muñecas tan bonitas y, exultante, estuvo jugando con ellas hasta que fueron derritiéndose y volvieron a transformarse en una mandarina y unas cuantas castañas. Y así desaparecieron, como sucede con las ilusiones y las mentiras, dejando una estela de felicidad tenue y frágil y un recuerdo imperecedero.    

 

Publicado la semana 51. 25/12/2021
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