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Enrique Palomo

El día siguiente

EL DÍA SIGUIENTE

 

Como cada día, puso la grabación de su episodio favorito en la televisión. Lo hacía antes del desayuno, la comida, la merienda y la cena. Gracias a esos dibujos animados su hijo se quedaba ensimismado y, al ritmo de un tren que transitaba por un mundo idílico de vivos colores, los personajes hacían más llevadero tanto al niño como a la madre el trámite de la alimentación: una de las pruebas más duras por las que hay que pasar ante uno de esos niños que vienen en llamarse “malos comedores”.

A base de ver dicho episodio varias veces al día durante semanas, la madre se sabía con una precisión prodigiosa el desarrollo de las distintas aventuras, las letras de las canciones y los detalles más ínfimos que pudieran imaginarse. A buen seguro conocía mejor el capítulo que su creador y el hastío lo daba por bien empleado si con ello su hijo abría la boca para irse comiendo de forma desapercibida los sucesivos cuencos de puré o papilla. Al niño, sin embargo, la reiteración le permitía evadirse del engorroso trámite de las comidas y le aportaba diversión y seguridad; a fin de cuentas, ¿para qué probar con otro capítulo si ese le gustaba tanto?

En no pocos momentos la madre creyó que aquella repetición del episodio iba a producirse indefinidamente y que su hijo iba a seguir viéndolo con la misma admiración de siempre. En verdad nos gusta creer que todo aquello que forma parte de nuestra vida cotidiana, especialmente lo que nos resulta positivo, va a permanecer inmutable. Pero en realidad sabemos que solo es una artimaña de nuestro pensamiento para intentar ignorar los cambios que nos acechan y nos conducen a lugares desconocidos y en último término a nuestro final. Y es que, ¿hay algo que nos dé más miedo que nuestra propia finitud?   

Por eso, aquella noche la madre, al terminar de dar la cena a su hijo y apagar la televisión, no fue consciente de que nunca más volvería a ver aquel episodio de la serie de dibujos animados. Si lo hubiera sabido, hubiera sentido nostalgia y terror, como le sucede a aquel que abandona el camino recorrido en multitud de ocasiones y por el que no va a de volver a pasar. Al día siguiente surgiría algo que el niño encontraría novedoso, a buen seguro más divertido, y que en las comidas haría las veces del ya archiconocido episodio de la serie de dibujos animados. Después de todo, ¿qué es nuestra vida, sino un continuo reemplazo de prioridades y opiniones?

 

Publicado la semana 49. 12/12/2021
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