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Enrique Palomo

La autora

LA AUTORA

 

Como le gustaban tanto los retos, decidió enviar su novela con otra identidad a Ediciones Oro, el mayor grupo editorial. Tenía el convencimiento de que, tras una minuciosa elaboración, el manuscrito había quedado redondo. En su opinión, se unían: una trama apasionante, unos mensajes llenos de autenticidad, unos personajes bien desarrollados, unas reflexiones ingeniosas y precisas, un lenguaje sugerente y lleno de matices y un ritmo vertiginoso. Todo para devorar el libro y dejarlo en el pedestal de las lecturas imprescindibles.

Las semanas pasaron y no recibió respuesta. Siguió esperando: al principio con tranquilidad y más tarde con desesperación y sorpresa. ¿Cómo era posible que no hubieran descubierto su estilo? Cuando asumió que el silencio era el desprecio, lo envió a otra gran editorial y sucedió lo mismo. No podía creer lo que estaba sucediendo y lo envío a una tercera y luego a otra y a otra: “Para decir que no, siempre habrá tiempo”, se decía. Pero después de cada envío solo quedaba el vacío.

Asumió que tendría que enviar su obra a una editorial pequeña de la que tenía buenas referencias: “Mejor esta que nada”, se consoló. Pero al intentar remitir el documento se encontró con un mensaje demoledor: “Debido a nuestro ingente volumen de trabajo, no se aceptan manuscritos que no hayan sido encargados previamente”. Acudió hasta a diez editoriales más, pero ninguna llegó a aceptar el texto ni siquiera para su lectura.

Aunque nunca fue amiga de los premios literarios pensó que había llegado el momento de enviar su trabajo a uno de ellos. Teniendo en cuenta la calidad que percibía en su libro lo envió al más prestigioso del país, pero, como en los casos anteriores, todo quedó en nada.

Desconcertada, decepcionada y también humillada, se dijo: “No será tan buena como creí” y, desolada, perdió tanto la confianza para inventar historias como la pasión para crearlas, de forma que estuvo meses sin escribir. Todo hasta que un día, sin un motivo aparente, decidió terminar con los experimentos y darse una última oportunidad: puso su verdadero nombre en el manuscrito, toda una personalidad en el mundo de las letras, y se lo envió a Buenaventura Barroso.

Una semana después, tras haber leído la novela, Buenaventura telefoneó a la autora y le dirigió una de sus sentencias certeras, secas e irrefutables:

“Desde que soy tu agente literario es tu mejor libro. Sencillamente espléndido. Se lo voy a ofrecer a Ediciones Oro; estoy seguir que conseguiremos un contrato sustancioso”

Y así fue. En pocos meses las librerías estaban repletas de volúmenes de “Mujeres de otro tiempo”, que pronto se convirtió en un superventas y las críticas a su obra se llenaron de calificativos alabadores de todo tipo, a cual más grandilocuente. Y en medio del éxito más rotundo, la autora sonrió con un matiz de amargura y desprecio: como se hace al presenciar un espectáculo mediocre y mezquino.     

 

Publicado la semana 48. 03/12/2021
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