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Enrique Palomo

El el rincón de una librería

EN EL RINCÓN DE UNA LIBRERÍA

 

Era una librería de pasillos estrechos que conformaban un sinfín de recovecos, como un laberinto donde perderse en el empeño por encontrar algún tesoro olvidado.

En la parte alta de las estanterías de uno de esos rincones había una obra considerada secundaria de un autor sin demasiado éxito comercial. Su grosor fino, de poco más de ciento cincuenta páginas, y el color oscuro de la cubierta le hacían pasar aún más desapercibido entre los otros libros de la balda, todos ellos de escritores desconocidos para el gran público.

Desde aquel rincón ignorado se vislumbraban los ventanales que daban a la Calle Mayor y la quietud de la librería contrastaba con el tránsito incansable de la ciudad, donde algunos transeúntes se detenían un instante ante el escaparate para ver las novedades literarias, y cuyos sonidos atenuados llegaban al interior como ecos lejanos de un mundo extraño.

Aquel escondrijo también tenía vistas al pasillo central, el más amplio del establecimiento, donde los libros más destacados del momento se amontonaban en una gran mesa redonda esperando a ser comprados; algo que sucedía con facilidad. Circundando la mesa se veía la estantería donde se colocaban los veinte libros más vendidos, una amalgama de biografías de personajes de la farándula, recetarios de cocina, novelas de unos cuantos presentadores televisivos y, como no, las obras ganadoras de los grandes premios literarios. Todos ellos, como divos de tamaño enciclopédico, lucían sus cubiertas pretenciosas con el nombre del autor destacado sobre el título. El pequeño libro no podía evitar sentir envidia de aquellos que se encontraban expuestos en el pasillo central, que parecía ser la tierra prometida de los libros, y a menudo soñaba con convertirse en un objeto expuesto al consumo voraz: generar expectación para ser comprado nada más llegar a la librería y ser leído rápidamente, como suele hacerse con los libros entretenidos. ¡Qué suerte ser un libro entretenido y no la obra más oscura de un autor maldito! 

A la izquierda podía contemplarse el pasillo donde se encontraban los clásicos, todos ellos alineados en sus cuidadas y sobrias colecciones, esperando pacientemente para ser adquiridos por estudiantes de bachillerato, por algún viejo profesor o por nostálgicos de gustos minoritarios. Cuando miraba estas obras, el pequeño libro codiciaba el carácter ilustre, casi venerable, que tenían y apartaba la mirada acomplejado y triste por lo que no podía llegar a ser.

A la derecha, los colores se volvían vivos en el pasillo dedicado a la literatura infantil y juvenil, donde padres y abuelos se afanaban por encontrar un regalo que hiciera competencia al juguete tecnológico de turno en el próximo cumpleaños. En este caso, el pequeño libro ansiaba por convertirse en un objeto precioso elegido para una ocasión especial y volvía a mirar desconsolado a su rincón solitario.

Todo hasta que cierto día llegó un hombre joven a la librería. Pasó de largo por el pasillo central y se sumergió en los pasillos perdidos. Allí fue observando sin prisa y con minucioso detenimiento obras de diferentes géneros, fue cogiendo varios libros y los ojeó: algunos los devolvió a las estanterías y otros se los quedó. Explorando por la tienda llegó hasta el rincón de nuestro libro y allí se quedó parado largo tiempo, examinando con su mirada despistada, casi ausente de este mundo, los volúmenes expuestos. Tal vez fuese un escritor, un bibliófilo o quizá un erudito; en cualquier caso, era un tipo poco corriente que esperaba encontrar aquello que la mayoría ni siquiera se había planteado buscar. Cuando en un momento dado leyó el título del pequeño libro le vino a la memoria una reseña fugaz y lejana. Alargó el brazo y lo tomó entre sus manos: leyó la sinopsis, repasó la biografía del autor y comenzó a leer las primeras líneas. Lo que vino un segundo después fue una conquista, como la de dos personas que se conocen y ya no pueden dejar de caminar juntas. Así nuestro libro acabó bajo el brazo de aquel hombre, como dos confidentes que aspiran a convertirse en viejos amigos. En aquel momento dudó sobre su propia calidad, como suele suceder la víspera del examen final, pero de inmediato se mostró convencido de las bondades del texto que contenía y así salió orgulloso y feliz de aquella librería.   

 

 

 

Publicado la semana 44. 07/11/2021
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