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Ele Punto

La leyenda del sauce llorón.

Érase una vez un joven lleno de energía y vitalidad llamado Salix, cuyas ganas de conocer aquello que le rodeaba le llevaron a viajar por los rincones más inhóspitos del planeta.

 

Descubrió la riqueza y la alegría, el vivir a manos llenas y sonrisas vacías. Tuvo el placer de conocer la angustia, el dolor, la desolación que se colaba por la rendija de miles de hogares que apenas tenían suficiente para subsistir. Era en esas noches cuando Salix se recostaba en el camastro, no siempre confortable, mirando el techo y reflexionando acerca de por qué unos tanto y otros tan poco. 

 

Sin darse cuenta, con cada lágrima, con cada una de las miradas que escondían aquella tristeza tan gris, la melancolía fue echando raíces en su corazón. Un día tras otro comprobaba que, lo que antes le llenaba de plenitud y vida, ahora ya no hacía efecto. Mientras que las risas le daban calma, ahora solo sentía como afloraba el desasosiego por la injusticia de la vida.

 

Pasaron los años y aquel estado melancólico que surgió de la nada se había convertido en un todo. Salix no supo en qué momento los sentimientos positivos dejaron de hacerse ver para llenarlo todo de soledad y pesadumbre.

 

Caminando por el parque de su infancia, reflexionaba y hacía balance sobre lo bueno y lo malo que le ofrecían sus innumerables viajes. Hastiado por no poder hacer más, por no encontrar una solución, por no dejar de sentir esa imposibilidad de arreglarlo todo... se sentó cerca de uno de los montículos para tomarse un respiro. Dejó caer la cabeza hacia atrás mientras las gotas de lluvia le impregnaban la piel. Permitió que llevasen consigo el cansancio, la agonía y la impotencia. En medio de aquel profundo suspiro, su cuerpo echó raíces. Comenzaron a brotar ramas, y de ellas más ramas. Veloces, altivas, intentando tocar el cielo. Ante la torpeza por conseguirlo, se dejaban caer. Como látigos delgados y flexibles, derrotados. Mirando el suelo.

Así fue como Salix se convirtió en el sauce más vibrante de la zona. 

 

Fueron muchas las vidas que pasaron bajo sus hojas. Desde pequeños infantes, hasta jóvenes alocados y ancianos con sabiduría escrita en las líneas de sus manos.

 

Una noche de tormenta, mientras los rayos iluminaban lo que las farolas querían esconder, Salix recordó aquella joven perdida. Recordó como escribía veloz todas las penas que sus ojos ataban con cadenas. Cuando apoyó la cabeza en su tronco, pudo sentir la soledad y cómo le gustaría desaparecer, pensando que así aliviaría sus problemas. Al dejar constancia del último punto y final, la joven cerró el cuaderno y exhaló. Fue entonces cuando una tímida lágrima quiso brotar. 

 

Al ver aquello, decidió acercar una de sus ramas y con la ayuda del viento, recogió aquella lágrima entre sus hojas. La joven, miró hacia la nada y se sintió libre. Parecía haber dejado el peso de su mochila postrado en el tronco de aquel sauce llorón.

 

No pudo evitar el salto a un recuerdo similar, cuando aquel chico desolado y frustrado se sentó a su sombra y le contó acerca de aquel proyecto que no terminaba de ver la luz. Salix quiso abrazarle y, nuevamente, con sus hojas recogió toda la tristeza que ocupaba el alma de aquel hombre. El cual, liberado, vio ante sí la solución a sus problemas.

 

De esta forma, el joven Salix recogía la melancolía y el sinvivir de todo aquel que acudía buscando su cobijo. Dejaban el desconsuelo que les ahogaba para salir al mundo con el corazón feliz y rebosante de energía.


 

Poco a poco, se fueron dando a conocer los actos de Salix: todo aquel que acudía al resguardo de su sombra, dejaba sus lamentos y recogía el consuelo de saber que todo iría mejor, celebrando lo que estaba por llegar.

 

Y, así, nació la leyenda del sauce llorón.

 

– L.

Publicado la semana 6. 11/02/2021
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Ludovico Einaudi - Time Lapse , La lluvia , Noches de tormenta, de madrugada...
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