03
Don_Diego

El Cerebro en el Frasco

¡Ting-ting-ting!

Los golpecillos de bolígrafo sobre el polímero desprendieron del cristalino contenedor diminutas burbujas de Oxígeno acumuladas en el fondo. Elevándose estas, ávidas y en zigzag, a la superficie a través del semitransparente líquido carmín. Algunas alcanzaron la cima y se quedaron ahí, deambulando, flotando; parsimoniosas a la espera de reventar, otras en cambio, a medio camino, se aferraron con uñas y dientes a un par de surcos carnosos de color grisáceo.

—Farah, no hagas eso, por favor —le recordó Gadiel a Farah sin despegar los ojos de la cinta metálica en su muñeca.

 —Oye, Gadiel. Estando ahí eso adentro, ¿siente algo? ¿Puede escucharnos? ¿Sabe siquiera que existimos? —Farah inclinó el cuerpo al frente, entrecerró los ojos y ladeó la cabeza para observar mejor el órgano que flotaba dentro de aquel fluido artificial.

—No, nada… Bueno, no del todo —Gadiel levantó la mirada un segundo y la volvió a bajar a su muñeca—. Sí bien no puede oírnos, ni olernos, ni mucho menos vernos. Sí puede sentir. Las vibraciones que llegan del exterior las percibe, y dependiendo del grado, puede repercutir en su interior; en su mundo, de varias y de diferentes maneras. Si la sacudida es suave, notará un ligero mareo, o un pitido en los oídos; solo ruido blanco y similares, pero si es fuerte la agitación, puede sufrir desde un desmayo hasta un intenso dolor de migraña, e inclusive, una pérdida de memoria. En el peor de los casos, la muerte. Te recomiendo no vuelvas a hacer eso que has hecho, ya que es muy sensible, frágil, y caro. ¿O es que acaso te tengo que recordar que lo que hay dentro es el último de los modelos recién adquiridos? Entiende, necesitarías al menos medio año de tu salario para pagar uno de estos si lo rompes.

—De acuerdo, de acuerdo. Solo era curiosidad, ¡caramba! No es para que me trates como a una niña. Dioses... Aunque lo cierto es que quería ver si se movía o echaba burbujas por el hipotálamo. Esto último, Farah se limitó a decirlo en voz baja, muy baja. Casi imperceptible. Casi.

Quince minutos después del último intercambio de palabras, Farah había finalizado las últimas reparaciones en el cableado Bio-eléctrico, por lo que se dispuso a guardar sus herramientas de alta precisión. Y mientras lo hacía, preguntó.

—Oye, Gadiel. ¿Sabes? Siempre tuve una enorme curiosidad de saber cómo consiguen aquellas alucinantes imágenes e increíbles historias, que suelen usar en las cámaras de sumersión 4D.

—Mmh —Gadiel carraspeó mientras seguía con lo suyo, y en lugar de responder, preguntó—. ¿Ya arreglaste lo qué tenías que arreglar? —Al recibir una confirmación su rostro se suavizó, y respondió—. Pues mira. Usamos una nueva serie de nano robots que recién salió al mercado. De hecho, el líquido rojizo que ves ahí adentro; son ellos, todos ellos. Ellos monitorean a toda hora, todas y cada una de las pulsaciones eléctricas que hay en cada puente neuronal. Los tera-bits obtenidos quedan registrados en una de nuestras I.A. Justo como la que tengo aquí en mi muñeca. Y una vez estos datos son procesados, se reconstruyen las imágenes. Tal cual como las ve en su mente, nosotros las podemos ver.

—¡Ohhh, wow…! Y… este… ¿Puedo verlas?

El hombre en bata blanca movió la cabeza, y se limitó a decir.

—Si ya no hay ningún otro arreglo que tengas que hacer aquí, vámonos. Tengo hambre.

Fara se desinfló un poco, y replicó.

—Anda, Gadiel. No seas así. Muéstrame. Por favor. ¿O acaso no somos amigos? Será cosa de un minutito. Ándale. No pido más. Ya luego nos vamos a comer. Yo pago.

Gadiel exhaló cansado y relajó los hombros. Miró izquierda, derecha, y sobre su hombro sin mucho interés, antes de ceder.

—Bien, tú ganas. Pero solo será un momento, ¿entendiste?

—sí, sí.

A Farah las esquinas de sus labios se le alzaron.

Gadiel, sin pensarlo demasiado, deslizó su mano por encima del depósito transparente, este, en respuesta, desplegó delante de sí un holograma de ultra alta calidad que se extendió rápidamente alrededor, envolviendo a fara y a Gadiel por completo. Una magnifica visión a otro mundo se desveló ante sus ojos.

—¡Oh Guau! ¡Puedo ver todo lo que ve! ¡Es como si estuviera ahí! ¡Cuántas cosas tan extrañas y curiosas! ¡Eh, mira esa arquitectura! ¡Esos objetos!… ¡todo es tan antiquísimo y retro! Parece tan real, tan tangible…

—Sí, ciertamente lo es… —Gadiel reposó sus ojos en el paisaje—. Ciertamente, lo es.

—Oye, eh. Ve. ¿Qué está haciendo? ¿Qué es eso que tiene ahí delante?

—¿El qué? Ah, vaya. Eso. Pues justamente en este momento está leyendo. Y por lo que veo, lo está haciendo en uno de esos arcaicos aparatos devoradores de retinas del siglo XXI.

—Oh, sí, es verdad. Y…, ¿qué está leyendo?

—A ver. Deja agrando la imagen… —Gadiel, entre pulgar e índice, pellizcó en aire y separó los dedos. El panorama se amplió se inmediato— Lo tengo. Mira. Está leyendo: El Cerebro Dentro de un Frasco.

—Mmmhh… —Farah apretó los labios y frunció el ceño por un momento—. Oye, Gadiel.

—¿Sí? Dime.

—¿No te parece demasiado irónico que básicamente esté leyendo sobre lo que es su propia condición?

—Uh…, pues, ahora que lo mencionas, sí, algo. Un poco. Pero, pues así es la vida, irónica. ¿Qué le vamos a hacer?

—Jolín… Es que…, sabes. Eso me deja un poco tocada. No me puedo ni imaginar el pensar en como reaccionaría al saber que todo mi mundo fuese una mera realidad simulada.

–Bueno, mírale el lado positivo. Nunca lo sabrá.

—¿En serio…? ¿En serio crees que nunca llegue el día en el que se dé cuenta que es solo un cerebro falsificado, sumergido dentro un de líquido preservante, y que su vida es solo un mero espejismo, y que solo existe con el único fin de satisfacer nuestra recreación?

—Sí, es lo más seguro. Aunque, nunca se sabe.

 

Fin.

Publicado la semana 3. 18/01/2021
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