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Don_Diego

¿La culpa de quién? Parte 2 -Fin-

No fui amable al dejarla, básicamente, la dejé caer en el suelo y eché a correr devuelta al autobús en llamas. Pero justo después de dar un par de pasos…

¡¡¡BOOMM!!!

Una tremenda presión de aire caliente me impactó de lleno y me lanzó hacia atrás.

Mal tumbado sobre la tierra, me volví enseguida y mis ojos no daban crédito a lo que observé. Desde las alturas y en todas direcciones, los escombros del autobús destrozado caían. El fuego ardía con rabia, las llamas encabritadas sobre él lo envolvían con tal frenesí que parecía que ansiaban reducir el metal a un mero charco de hierro fundido. De repente, inspiré hondo y sentí que me era insuflado desde la boca del estómago un enorme poder incomprensible. Me levanté de un salto, y tan ligero como nunca, comencé a correr en dirección del incendio.

—¡No vayas! ¡Espera! ¡Te vas a quemar!

Nada, nada me importaba. Nada en ese momento me era mínimamente relevante, mi seguridad, mi entorno, mi vida. La estúpida niña que me gritaba a lo lejos se podía ir al demonio. La idea de que mi padre seguía allí atrapado entre escombros y llamas, me hacía sacar fuerza de no sé dónde.

A cada paso que daba la extraña fuerza en mi interior se multiplicaba, incitándome a seguir adelante, aun a pesar de saber perfectamente que sería incapaz de hacer algo una vez llegara. El abrazador fuego me obligó a detenerme. Me ardía la piel y la sangre me hervía. No sé bien si era el fuego exterior el que me freía la carne o era el ardor interno de desesperación el que me chamuscaba desde dentro la piel. Pero lo que sí sabía, era que ansiaba demasiado lanzarme dentro de las llamas para buscarlo y rescatarlo. Y si es que estaba ahí, y algo me decía, me aseguraba, que sí estaba ahí, lo iba yo a sacar de algún modo. Sólo que no deslumbraba saber el cómo.

Lo intente, enserio lo intente; acércame, adentrarme, pero me era absolutamente imposible dar un paso más al frente.

Mientras intentaba de alguna forma el aproximarme; fui rodeando las llamaradas, hasta que quedé gradualmente del otro lado, donde no había buscado en ningún momento, y al estar ahí, sentí que un enorme valde de agua helada me era vertido en la espalda. Un zapato, vi un zapato chamuscado. ¿Y cuál es sino la importancia de esto? Pues que conozco la marca, el tamaño y el color. Es inconfundible. Yo mismo compré el par, lo envolví y lo di de regalo. Ah, Dios… Esto no puede estar pasando.

Y una vez llegué, a donde debía haber llegado antes, me derrumbé… Las lágrimas salieron fuera sin parar. Una roca en la garganta ganaba tamaño y aspereza con forme el bailar de las llamas crecía. La amargura, la impotencia y el dolor me rasgaban el pecho. Fue lo peor que he visto en mi vida. En ese momento deseé estar muerto, porque lo que vi, no debía existir. Un par de piernas negras eran devoradas con demencia por el fuego; atrapadas bajo toneladas de metal abrasado. El cuerpo completo no se podía ver, pero eso no hacía falta para saber de quién pertenecía.

Lo que me dejo a un paso de desmayar fue que… se seguían moviendo… lento pero constantemente, y a nada, el movimiento cesó.

Sentí me habían arrancado el alma desde las entrañas. Aquel momento fue como estar parado al borde de un gigantesco abismo, inmóvil, sin vida, sin pensamiento y sin espíritu, esperando a que un soplo de viento decidiera si caía dentro o fuera del profundo y oscuro pozo sin fondo. Estando de rodillas, viendo la inenarrable escena frente a mí, observe a mi costado un pedazo grande de negruzco vidrio roto. Sonreí a mi reflejo tal cual lo haría un desesperado a punto de ceder a la locura por completo. ¡Cuántas ganas tenía de echarme a reír y a llorar! ¡Cuántas ganas tenía de arrancarme el pelo y rasgarme el rostro con las uñas! Pero cuando miré bien mi cara, justo antes de tirarme a la demencia, algo me llamo la atención. Algo en mi mente destelló y me hizo querer mirarme de perfil. Ah, ¿Ah? ¿¡Ah…!? Dije. Después, comencé a temblar incontrolablemente. Mientras titiritaba por la recién nacida paranoia, me llevé una mano a la cabeza, y donde debía estar el inicio de mi calva prematura, encontré un enorme agujero. Caliente, húmedo y palpitante. La materia gris me era visible… En un segundo mis fuerzas se esfumaron, e igual que una marioneta, las cuerdas de las extremidades habían sido cortadas. Me derrumbe en la tierra, mirando el cielo y el cegador sol, el cual, comenzó a derretirme las pupilas de inmediato.

 Es extraño, la vida nos juega crueles bromas… Cuando pensé: Deseo estar muerto, lo dije sin pensarlo...

Estando ahí tumbado, sin un ápice de energía en el cuerpo, mi cabeza se llena de ideas y preguntas: ¿Es así cómo voy a morir? ¿Es así como todo termina para mí? ¿Es así como muere una persona con arrepentimiento, mirando al cielo, inmóvil, mientras el sol le derrite las corneas y se recrimina por su incompetencia? Sí, seguro así debe ser. Merezco esto y más por imbécil. ¿De quién más es la culpa sino mía? Sí, la culpa no es de nadie más que mía. Por mi estupidez mi padre ahora está muerto, y yo, en breve le haré compañía. Pero aun así, aun estando en las puertas del limbo, imagino, pienso, anhelo, no morir. No quiero dejar mi cuerpo tirado sobre la tierra, que la gente me vea y me señale, que mi familia sepa que rescate a una desconocida y que deje a mi amado padre arder vivo… Soy un idiota, un reverendo estúpido, ¡Deje a mi padre morir quemado! ¿¡Por qué demonios tuve que hacerle caso a esa mocosa!? Ah… Dios. Merezco ser llamado hijo de puta por no haber hecho lo que debía… No, nonononono. Mi madrecita no tiene nada que ver en esto. Ella es una santa…

Mis convulsiones lentamente cesan, al igual que mi respiración y latidos de corazón. Ante mí la intensa luz blanca del sol pasa lentamente a ser negrura creciente, una negrura inquietante, que me aplasta con incertidumbre, miedo y más preguntas. Mis últimos entrecortados jadeos me hacen pensar en la llamada Vida Después de la Muerte, en lo que yace en el Más Allá…

Mi mente se cansa de pensar, se dormita, se oscurece. Al cabo de un par de segundos me doy cuenta de que a la vida le había robado unos minutos. Yo ya estaba muerto, solo que no lo sabía. Algo caliente rueda por mi mejilla y veo pasar delante de mis ojos mi vida en fragmentos, pero no le hago el más mínimo caso, a lo que le prestó atención, es a lo que está delante de mí… a la profunda, progresiva, e insondable, oscuridad….

 

FIN.

Publicado la semana 11. 15/03/2021
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