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Daminis

La última escena de Hans

Se ha hablado mucho de la escena más icónica de Hans, pero siempre en base a conjeturas y cuestiones técnicas sin que nadie pudiese afirmar cómo fue realmente aquello. Ni siquiera el director. Hacía ya tiempo que las películas se venían rodando en color, pero aquella se hizo en blanco y negro. Todo un acierto, en mi opinión. La intensidad del filme quedaba resaltada por las sombras y llamó mucho la atención, destacando entre sus contemporáneas. También es verdad que la venta de entradas se disparó cuando se empezó a hablar de la escena final de la película. Hans, tan alto (entre las cuestiones técnicas a las que he hecho referencia leí que para cuadrar los planos en los que salían él y otros actores los cámaras lo pasaban realmente mal) se despedía de la chica, iba hasta su suit en el hotel, cerraba la puerta, se sentaba ante el tocador y allí, con un cuchillo de sierra, de los grandes que se usan para cortar pan, clavaba y hacía el esfuerzo para partir uno de sus dos cuernos. Después venía el otro. Lo cierto es que se rompían con más sencillez de la que nadie se podría haber imaginado, razón principal por la cual la gente pensó que aquello no era verdad, que un maquillaje o cualquier ingenio habían tapado, camuflado o simulado los cuernos. La sorpresa del espectador impedía fijarse bien en la desolación de la cara de Hans. Ahí estaba la respuesta, en cómo brillan sus ojos en el blanco y negro. Ahí se ve, está claro. Hans se sienta ante una cámara fija, en la sala no hay nadie del rodaje, es la única condición que ha puesto, coge el cuchillo y parte sus dos cuernos que son en realidad protuberancias de su cráneo. El hombre con cuernos, a quien han llamado hasta la extenuación diablo, monstruo o el ángel redentor, pero quien pese a ello ha sido siempre muy querido por la opinión pública. Actor famosísimo y persona melancólica, con un aire alrededor de constante sensación de abandono, soledad y de incomprensión allí en su altura, donde el aire debe ser otro. Se arranca los cuernos por exigencias del guión, los parte. Después los limará, aún con la cámara grabando, pero eso el espectador no lo ve, la escena es muy larga y se recorta, solo queda el final en la película. Se produce la rotura de los cuernos, con un crujido, hay un corte y un plano muestra los muñones de cuernos ya lisos. Entonces estira la mano, alcanza un sombrero y con él cubre todo aquello, se levanta del tocador y abandona la habitación. The End y los créditos. El espectador imagina entonces que la escena continúa con ella, la actriz que da vida a la amante, no recuerdo ahora el nombre, llorando por lo que el personaje de Hans ha hecho. Constantemente en su carrera se dio aquella extraña situación, Hans interpretando a todo tipo de personajes, pero como es lógico todos tenían cuernos y estos existían también en la ficción, dando los guionistas largas explicaciones y tramas centradas en ellos. Ni en la ficción podía escapar de su condición, y sin embargo en la ficción lo hizo, frente a la cámara se cortó los cuernos y en la vida real desapareció largo tiempo, de manera que no quedó claro qué había pasado, porque mucha gente del rodaje tampoco lo sabía y daban a la prensa todo tipo de versiones. Resulta que la película no terminaba ahí y debía continuar con un par de escenas más, pero éstas no se grabaron porque Hans de la que salió de aquella habitación de hotel desapareció también del mundo por un tiempo.

El otro día pasé por la capilla ardiente de Hans. Había por allí muchas personalidades del mundo del cine y algunos políticos de ámbito local. Al director de tan famosa película le rodeaban los micrófonos, pero las cámaras apuntaban a otro sitio, éstas rodeaban como un enjambre la pequeña vitrina de cristal donde estaban los dos cuernos. Yo pasé de largo, hacia el ataúd, al fin y al cabo se dice que esos no son los cuernos, que Hans los recuperó y los lanzó a un río, como los soldados lanzan las condecoraciones que les dieron a la vuelta de la guerra más terrible.

Publicado la semana 34. 29/08/2021
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