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Daminis

El libro y la cita

Lo cierto es que no había leído el libro, pero tenía una idea general bastante amplia. En su momento se lo habían recomendado y había leído sobre él. Por esto es por lo que lo compró para regalar. Pensó que a ella le gustaría, es más, estaba seguro de que a ella le iba a gustar. Le escribió un mensaje para acordar los detalles de la cita y ella le dijo que fuera yendo al lugar de encuentro pero que tenía una cosa que hacer con una amiga y no podía asegurar de momento a qué hora iba a llegar. Él pensó en envolver el libro, pero algo le dijo que no, que quizá cuando se lo diese ella lo abriría y leería la primera página, y pensó que le gustaría saber qué habría leído ella para cuando levantase la vista de del libro y le mirase.

De esta manera, en el autobús que debía coger antes de llegar al metro, abrió el libro y empezó a leer. El protagonista de la historia tenía su edad y también era moreno, así que se imaginó a sí mismo en el centro de la acción. Lo único que el personaje enseguida se volvía huérfano y empezaba a trabajar para un tipo terrible. La verdad es que el libro sí era entretenido, lo había abierto pensando leer un par de páginas y sin querer ya llevaba veinte. Le escribió de nuevo a su cita preguntándole cómo le iba y ella le contestó que mal, que aún estaba con los problemas de su amiga, pero que la cita seguía en pie. Él le escribió un mensaje preguntando si en lugar del punto de encuentro prefería que fuese directamente donde estaba ella con su amiga.

Bajó del autobús y buscó sitio en el metro, y allí siguió leyendo. Resultaba que el protagonista de la novela, que a la vez era el protagonista de este relato, se rebelaba contra el tirano y conseguía destruirle y además robarle parte de lo que tenía. El lector se sentía de maravilla en este punto, pero pasaba algo, y es que de pronto era libre en una ciudad en que la gente notaba que era diferente y le miraban por encima del hombro. De pronto le llegó un mensaje de la chica con quien había quedado diciendo que su amiga no estaba muy bien y prefería no conocerle en aquellas circunstancias, así que mejor él siguiese yendo a donde habían acordado en un primer momento.

El protagonista conseguía abrirse camino. Vendía lo que había robado y conseguía abrir un negocio. Le iba bien, lo que atraía la envidia y le ocasionaba problemas. En un momento le quemaban el negocio pero no importaba, él seguía adelante. Y cuando parecía que todo estaba tranquilo, iba y se enamoraba. Ella no le contestaba a los últimos mensajes que le había mandado y la mujer del libro desechaba todas las cartas que él le mandaba. Estaba a punto de llegar a la plaza en la que habían quedado y no sabía nada nuevo, ni sabía dónde estaba ella con su amiga y cuánto podía tardar, o qué le pasaba a la amiga mismamente.

Cuando llegó a la plaza se sentó a leer y siguió avanzando el libro. Ella llegaba muy tarde, si es que iba a venir, pero a él no le importaba estar allí unas horas más leyendo, al fin y al cabo el libro era interesante. Había habido una guerra y al protagonista le habían incautado su negocio de forma que había tenido que ir al frente, pero después de alzarse como un gran soldado había renunciado a las armas por no seguir unas órdenes que eran injustas e inhumanas. Vivía entre un bosque y un pueblo donde le conocían como un sabio, y cuando allí llegó la guerra él lideró a un grupo de hombres para defender aquellas tierras. Así supo su amor dónde estaba y le pudo mandar sus cartas en las que le decía que había tenido noticia de su valentía y honor y que le pedía perdón por el tiempo que había desperdiciado no estando con él. Pero seguían sin llegar mensajes. Al final él triunfaba y al acabar la guerra le daban un título y tierras por su agradecimiento, pero el lector cerró el libro y se fue a casa sin que a él le hubiese ido tan bien. Sin duda el libro era malísimo, para nada creíble.

Publicado la semana 29. 25/07/2021
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