06
Nathan

Bondadoso

El anciano fracasaba intentando cambiar la rueda de la carreta y los sollozos angustiados de la niña desde el asiento le complicaban la tarea ya de por si casi imposible a causa de su ceguera. El viejo palpaba tratando de encontrar las escasas herramientas de las que disponía, el contratiempo era dramático, su viejo asno lo miraba de reojo sabedor que él era la vista del anciano para ver el camino desde su cabaña en la sierra en la que vivía con sus hijos y nietos y nietas hasta el pueblo tirando de esa vieja y decrepita carreta.

La niña, la pequeña de la saga que lloraba ante las exigencias de terror del anciano que la ordenaba su ayuda en la descripción de los objetos que necesitaba para la sustitución de la rueda, cuyos nombres la niña ignoraba al igual que su funcionamiento.

El silencio repentino de la pequeña detuvo al viejo en su lucha con el engranaje de la rueda, quien prestó atención a las pisadas estruendosas que iban en aumento. Sintió el frio de una sombra que se cernía sobre él y en el acto los sollozos de la niña se convirtieron en el aullido de una sirena alarmante.

El anciano sintió dos poderosas manos que cogiéndolo por sus antebrazos lo elevaron por el aire varios metros del suelo depositandolo con suavidad en el asiento junto a la niña que iba dejando de llorar entre hipidos de angustia sin aire en los pulmones.

El anciano notó como esa fuerza titánica que lo había levantado como una pluma, levantaba igualmente la carreta en el lugar donde se había roto la rueda, a la vez que le llegaba el olor de las heces y los gases que expulsaba su asno.

En un instante notó como la carreta se posaba con suavidad estabilizada en la normalidad de su eje. Momentos mas tarde según se iban alejando, la niña le narraba a su anciano abuelo, como un gigante de proporciones inauditas los había ayudado a arreglar la rueda de su carreta, la niña confesaba en una cháchara de cotorra el miedo que había pasado convencida de que iban a ser devorados. Nunca les creyeron la historia del gigante bondadoso.

En pleno debate el alcalde de los duendes los tranquilizaba, la suerte los había bendecido. Esa mañana había llegado hasta la población un gigante de proporciones descomunales, grande como un edificio, y tonto como el solo. Les había pedido cobijo, alimento y algo para beber, pero el alcalde de los duendes listo como un diablo vio en la inocencia y bondad del Gigante una oportunidad y convocó una reunión de urgencia con sus concejales exponiéndoles su plan. Todo el pleno aprobó la ocurrencia.

Ahora reunidos con el gigante le manifestaban su pobreza, su poca comida y si la compartían con un Gigante tan enorme y hambriento, el pueblo entero de los Duendes moriría de hambre, si tuviesen mas braceros podrían abastecerse de comida, pero la vida que llevaban era tan dura, eran tantas las penurias que pasaban.

El corazón del Gigante Bondadoso se enterneció y sin saberlo entro en las redes que el taimado alcalde había dispuesto, y se ofreció a trabajar en el campo y donde hiciese falta para ayudar al pueblo y así él podría también alimentarse. El Alcalde fingiendo inocencia acepto la oferta del gigante matizando que no podrían pagarle, pero algo de comida y un lugar donde cobijarse no le faltaría nunca.

El Gigante, dichoso por su suerte no dudó un instante en remangarse y correr al campo, donde en una mañana aró, trilló, sembró, recogió lo que el pueblo entero habría tardado un mes. El Duende alcalde aceptó las alabanzas de que fue objeto por parte del resto de terratenientes y en un año, las riquezas y almacenes del pueblo duende no dieron a basto para cobijar sus ganancias y cantidades de alimentos.

El alcalde volvió a solicitar un consejo municipal y todos acudieron prestos. ¿Qué iban hacer con el sobrante? y ¿Si los gigantes que eran sus clientes preferentes se enteraban del exceso de producción y decidían negociar los precios a lo bajo? y ¿donde iban a seguir guardando todo el oro que iban ganando?

El alcalde ya lo había pensado, y les expuso su plan, que el Gigante Bondadoso les construyese nuevos almacenes y una fortaleza, alegarían que su situación de desamparo se acrecentaba, que la guerra era dura, que la vida era insufrible y sus pesares eran desmesurados y necesitaban de nuevos lugares.

Y con el plan ideado corrieron en busca del Gigante, que consumido de agotamiento vivía en una cueva húmeda y mohosa en la montaña con lo suficiente para subsistir, y con eso se sentía conforme, pero estaba triste, pero su tristeza no era reconocida por el egoísmo y maldad de los duendes que lo alagaron con bisutería barata y palabras banales.

El Alcalde le expuso su plan y el Gigante por supuesto se ofreció a ayudarles.

Esa noche el Gigante no pudo dormir, se daba cuenta que lo que le daban no era suficiente para todo lo que hacia y decidido fue en busca del alcalde, si ese iba a ser su hogar, si ahí era querido y necesitado, necesitaba que se lo hiciesen saber, que se lo dijesen, necesitaba que su esfuerzo y entrega fuese reconocida y con esas ideas bondadosas y humanas fue en busca del alcalde.

El alcalde estaba festejando su poder, su gloria, su riqueza, bebido con amigos suyos y rodeado de Duendas bailarinas no fueron conscientes de la presencia del Gigante que arrodillándose ante la ventana con miedo de inoportunar la fiesta iba a llamar para hacerse notar cuando le llegó hasta sus poderosos oídos la vanagloria y auto proclama de la que se hacia merecedor el alcalde riéndose de él, de su bondad y de los planes taimados y ruines de los duendes.

Con el corazón roto el Gigante corrió a la cueva, sintiéndose usado, despreciado, lagrimas como calderos derramados corrieron por su pedregoso y barbado rostro.

Pero esa mañana, esperó a la puerta a los constructores que iban con los planes, y fue con ellos a ayudarlos en la construcción de todo lo que los duendes le habían pedido. Y cuando hubo terminado todas las obras y los almacenes y la fortaleza fueron ocupadas, el día de la inauguración y la fiesta, ayudado por las sombras de la noche marchó al castillo de los Gigantes, se fue en busca de los suyos, donde definitivamente encajaría.

Entró en el castillo compungido, y corrió en busca de la mayor autoridad para confesar la estafa de la que estaban siendo objeto. Dejando de lado sus valores y sintiendo a su vez que con la confesión traicionaba a los duendes, quienes había creído su familia durante cerca de un lustro.

Las autoridades lo midieron, andrajoso y pordiosero dieron por sentado que era un vagabundo que regresaba en busca de las ayudas que podrían ofrecerle. Le hicieron pasar al inmenso despacho del Gigante superior, que no prestó credibilidad a la historia del Gigante Bondadoso y creyendo lo tonto lo mandó a trabajar a los vertederos de basura a las afueras del castillo.

El Gigante se vio fuera del castillo, arrastrado por dos gigantes que ignoraban los acontecimientos que trataba Bondadoso de hacerles entender.

Desolado, con un hatillo de ropas y mudas proporcionadas por el estado de los Gigantes se vio en una pequeña cabaña con tres habitaciones para que viviese como encargado del mantenimiento de los desagües de los vertederos del castillo. Se quedo solo, en la entrada de su vivienda, con su hatillo de ropa, guardo silencio y bajo la mirada, esa sería su vida de ahora en adelante. Ese era el lugar donde encajaba.

Pasaron los años, cada temporada el estado le proporcionaba la ropa que le hacia falta, no hablaba con nadie, no se relacionaba con nadie. Al comienzo iba al mercado, hasta el día que recordó que los productos que adquirían eran suministrados por los duendes, eran los alimentos que él había cosechado. Desde su altura miraba a los duendes en espera de que alguno de ellos lo reconociese, pero ninguno lo reconoció, nadie sabia quien era él.

Ese día regresó a su hogar con la cesta vaciá y la mañana siguiente comenzó a cosechar una pequeña huerta tras su casa. Quiso la necesidad de comer pescado que le llevase hasta las afueras de la tierra de los Gigantes. Atravesó un bosque denso y poblado apartando los árboles con sus fuertes brazos hasta llegar a un claro rodeado de estanques remansos y un lago.

Ahí pescó se bañó y se sintió satisfecho y feliz de su soledad que lo empujaba a meditar, el aburrimiento le lleno la mente de ideas tan audaces como disparatadas y descubrió que de ese estado de aburrimiento parte de su mente lo animaba a conocerse.

De regreso a su pequeño hogar se sintió otro Gigante.

Pasaron años, y Gigante Bondadoso vivió de lo que la tierra le daba, y evitaba a todos los seres vivos reconociéndose diferente y raro, pero feliz en si.

Pero su meditación le hizo reconocer que una injusticia se estaba sucediendo y con paciencia regreso al castillo, lavado y con la ropa desgastada por el tiempo pero limpia pidió audiencia con el Rey de los gigantes.

Se lo concedieron para dos meses mas tarde y Gigante se retiró satisfecho de su logro. El tiempo pasó raudo y Gigante regresó al castillo la fecha indicada. El rey lo recibió en audiencia y escuchó con asombro la historia del Gigante Bondadoso. Una vez hubo terminado su relato el rey decretó que era absurda la historia, un guardia confesó que el problema era Bondadoso, que se veía en la necesidad de cosechar sus verduras e ir a pescar y cazar al monte porque no tenía un salario acorde. Y el rey enfadado con Bondadoso por no haber pedido el aumento sin mediar una fantasía tan descabellada, le impuso una multa por su falta de respeto a la autoridad y lo envió de regreso a sus tareas en los vertederos.

Bondadoso estaba sentado a la mesa de la cocina, comiendo tranquilamente cuando llamaron a su puerta los recaudadores, entregó la suma que se le pedía y regresó a su lugar en la mesa continuando su comida.

Esa noche después de terminar su tarea recogiendo las inmundicias que procedían del castillo fue a su lago, como todas las noches. Como norma general empleaba una pastilla de jabón para lavarse bien todo el cuerpo, pero esa noche se sentía especialmente sucio y se llevó dos pastillas de jabón, como si aparte de la suciedad que procedían de las letrinas del castillo una maldad mas allá de la material le hubiera salpicado el alma.

Una vez limpio se dejó flotar en el lago y salio para vestirse cuando la aparición de una Gigante hermosa de entre la espesura del bosque lo detuvo en la orilla, desnudo espero que la Giganta desapareciese igual que había aparecido pero la hermosa giganta se sentó a la espera de que Bondadoso saliese del todo y se vistiese.

La Giganta se presentó como Hermosa, y le confesó que lo había seguido esa noche hasta ahí. Bondadoso se sintió en una trampa y sin mediar palabra con Hermosa corrió a su cabaña para encerrarse.

Las noches siguientes Hermosa lo esperaba en el lago hasta que Bondadoso se vio en la necesidad de buscarse otro lugar. Pero la Giganta lo acechaba como una cazadora experimentada. Bondadoso como un lobo herido trataba de mantener la distancia con la Giganta, pero el tiempo pasó, los meses se sucedieron y Hermosa entró a formar parte de su vida hasta el día que la Giganta vio un resquicio en la coraza de Bondadoso y se le acercó sin ser repudiada.

Transcurrió otro año y entre los Gigantes se formó un lazo de amistad hasta una noche que Hermosa sintiéndose segura, confesó a Bondadoso que escuchó su historia el día que la contó al rey, el temor de Bondadoso renació y sintiendo que una lazo corredizo se cerraba entorno a su cuello por quien consideraba algo mas que una amiga le rompió el corazón, trató de huir, pero Hermosa lo detuvo confesando que le creía y había ideado un plan para ayudarlo.

Bondadoso aceptó a regañadientes la palabra de la Giganta y la noche siguiente regresó al lago, pero Hermosa no apareció, así se sucedieron las noches hasta la cuarta que Hermosa apareció, confesó su angustia por no haber ido el día acordado, pero la felicidad de Bondadoso al regreso de Hermosa no le dio importancia a las disculpas.

Pero hermosa no había ido sola, la acompañaban media docena de Gigantas y muchos carromatos conducidos por mas Gigantas. Guiados por Bondadoso llegaron hasta las tierras de los duendes. Y con la noche cerrada de luna menguante se llegaron hasta los almacenes y la fortaleza construida por Bondadoso.

Los Duendes hacia tiempo que se veían en la necesidad de trabajar hasta cinco veces mas de lo que lo habían hecho antes de aparecer Bondadoso para mantener las exigencias a las que se habían visto arrastrados, al igual que para no perder toda la fortuna acumulada.

Bondadoso condujo a las gigantas y las enseñó como durante la construcción de los almacenes y las bóvedas del tesoro había construido entradas que solo él conocía por si ese día llegaba. Esa noche trabajando con ahínco vaciaron todos los almacenes y los tesoros de los duendes y regresaron al castillo de los Gigantes. Sin saber bien que iba a ser ahora de su vida, con la mente plagada de pensamientos de mal agüero Bondadoso se repetía una letanía ensayando la mejor manera de pedir a Hermosa que fuese su pareja, sin estar seguro de que le bella Giganta lo aceptase.

Desde ese momento en adelante las sorpresas se sucedieron para Bondadoso hasta el desenlace final. Hermosa dejo en manos de la guarda los carros con las mercancías que pertenecieron a los duendes, la autoridad y el respeto hacia la Giganta dejó petrificado en la entrada del patio de armas a Bondadoso, que estropajoso y mal encarado esperaba otra traición. Pero Hermosa dando ordenes como un general en su entorno natural, agarrándolo de una mano lo arrastró con ella hasta las puertas de la sala real.

Con algarabía los hicieron pasar a la sala real. Bondadoso con estupor presenció como Hermosa se colocaba junto a los reyes y lo presentaba a estos como su futuro esposo. La lista de logros que cantó la bella Giganta a los reunidos lo desencajaron, en su mente no había logros conseguidos, pero narrados por la princesa, eran majestuosos. Sin derramar una gota de sangre había él sólo con su astucia, logrado arruinar y esclavizar a los duendes, con entereza y tesón, desde lo más bajo, de gran corazón y nobleza, nunca había traicionado, y siempre se había sido fiel.

El rey calló y se mantuvo sentado en respeto a la reina de los gigantes que tomando la palabra se acercó hasta Bondadoso, depositándole un beso en la frente lo llamó hijo, nombrándolo jefe de la guarda real y futuro consorte de la reina de los Gigantes una vez ellos no estuviesen en ese mundo, ya que en el mundo de los gigantes y los eternos, los reyes, son ellas.

Publicado la semana 6. 14/02/2021
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