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Nathan

Destino Cedaes

La nave de proporciones inmensas se mantenía ingrávida alejada de la órbita terrestre. Sus dimensiones eran muy superiores a lo que Alberto S Rey había imaginado en un principio. Ahora trasportado desde la tierra a la nave B Octo F6 la aventura que comenzaba se le antojaba como un disparate.

Paseaba por la pequeña salita de la aeronave de trasporte de un extremo al otro mirando por las ventanas de hito en hito, la tierra que se iba empequeñeciendo y la enorme nave B Octo F6 que iba creciendo en tamaño según la distancia se acortaba. Maldiciendo la decisión, reconoció que ya no había vuelta atrás.

Era uno de los cincuenta y dos elegidos para llegar al planeta CEDAES, por más le pesase tener que dejar otros cometidos para dedicar su preciado y escaso tiempo a ese reto. Contempló la tierra con nostalgia, regresando pesaroso su atención a la nave B Octo F6, su futuro hogar por un año. Le sumía la tristeza el saber que durante ese año iba a compartir viaje con otros cincuenta y un elegidos, que como él habían solicitado entrar en esa empresa. Durante ese año de viaje, nunca coincidirían, siempre se mantendrían separados por sus mamparas de aislamiento, cada uno en su zona de la nave, siendo prácticamente imposible la interacción social entre ellos. Y aun así, viajando todos juntos hacia un mismo lugar; Cedaes.

Un escalofrió de aprensión le cruzo la espina dorsal. ¿Quien capitaneaba la nave? ¿Quienes estaban detrás de toda esa estructura? y ¿qué les movía a organizar esa expedición año tras año? ¿sería cierto los rumores que le llegaban de lo acontecido a los anteriores participantes?

No quería saber, la información que tenía solo eran especulaciones. Como la vida, el Yin y el Yang volvían a competir en un pulso y Alberto había tomado la decisión de participar en ese pulso. El tiempo le sacaría de su ignorancia y al final sabría si triunfaría en su misión o acabaría aplastado bajo uno de esos puños en puja por la victoria entre el bien y el mal.


 

El ligero golpe de la aeronave al atracar en la dársena de la B Octo F6 destinada a su compartimiento lo saco de su meditación. El azafato acompañado de la segunda oficial de abordo salieron a prestarle ayuda y acompañarlo en el desembarco. Por la aéreo escotilla pudo contemplar como otras aeronaves como la suya ya estaban ancladas en sus respectivas dársenas, al igual que otras llegaban a su vez para dejar sus cargas humanas.

La mirada franca de la segunda de abordo le animo cordialmente, apretándole el hombro le guiño un ojo. Alberto sabía que la tripulación de la aeronave lo acompañarían en el viaje, al igual que las demás personas que habitarían conjuntamente con él en su compartimiento, por los pequeños datos que se le habían permitido saber, la expresión de «compartimiento» era una mera palabra, ya que sus zonas de trabajo, eran pequeños pueblos galácticos en la B Octo F6, donde había desde panaderías a bibliotecas e incluso pequeños museos. Alberto se relamió con avidez ante la posibilidad que se le ofrecía de poder disponer de toda la información que necesitaba para llevar a cabo el viaje, a pesar de que ese viaje conllevaba un gasto económico que a él se le antojaba como estrambóticamente millonario.

Cogió el saco, pequeña parte de su equipaje que le ofrecía el azafato, a quien estrecho la mano con afecto y se ruborizo ante el descarado repaso del que fue objeto por parte de la segunda de abordo.

Bajó al pequeño atracadero, un robot se le aproximó, su se-mi aspecto humano lo dejó con la boca abierta, los había visto en las películas, pero nunca en la vida real.

Su aventura comenzaba.

Publicado la semana 4. 31/01/2021
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