Pluma de Ícaro
De pequeño, veraneaba todos los años en Blanes, una ciudad costera a una hora y poco de donde vivía. Echaba de menos los videojuegos, la soledad y el pasarme horas leyendo la primera página de Wikipedia que encontraba, pero me reencontraba con el mar. Me ponía unas gafas de buceo y me sumergía bajo el agua. Allí, no había ruido, no había niños siendo malos con otros niños. Estaba a solas con mis pensamientos, mi corazón y algún pez que pasara. Empecé a escribir por lo mismo. Construía mundos palabra a palabra con las hojas que se supone que tenía que llevar a la clase de mates y me sentía a gusto, protegido, yo. Años más tarde, dejaría poco a poco que la fragilidad se abriera paso entre las grietas de mi piel. Los versos se volvieron la cura a estas heridas, el daño de las mismas y la cicatriz que nunca se iría. Aprendí a ser poeta cuando decidí amar mis cicatrices.
Semana
Año
Género
Título
Ranking