04
Alicia14

Habitada por la oscuridad

El tiempo quedó concentrado en una obstinada oscuridad, y yo confundida en ella.

 Me encontraba atrapada en un etéreo estado mental, donde la realidad solamente adquiría concreción cuando mi piel se erizaba ante el indómito viento que golpeaba del otro lado del portal metálico, a la par que ruidosos charcos de agua resonaban cada vez con más fuerza en mis oídos.

Sentía un vértigo que penetraba mi cabeza y revoloteaba por doquier. ¿Cuántos minutos llevaría acurrucada en esta esquina? ¿Podrían ser horas?

Hice un tremendo esfuerzo por sentarme. Me froté los ojos. Intentaba abrirlos cada vez un poco más con la esperanza de poder vislumbrar cualquier resquicio de luz. Nada. Negrura absoluta. Ni la peor pesadilla podría superar el miedo que me atravesó.

A medida que me iba incorporando, imágenes comenzaban a asomar a mi consciencia. No eran claras; pareciera que estuvieran envueltas en una espesa niebla, así como mis pensamientos. Reparé también en un agudo dolor por encima de mis rodillas. Al poner mi mano en ellas noté una rotura en los vaqueros de mis pantalones, hilos deshilachados colgaban. Estaban mojados y me llegó un olor oxidado a sangre. No pude ponerme en pie.

Palpé primero el suelo, de fría aspereza, y sucio. La pared que estaba a mi espalda tenía la misma textura. Un poco más a la derecha pude distinguir pequeños surcos, unos más deformes que otros, pero ninguno tenía profundidad, como máximo alcanzaba a meter la yema de mi dedo pulgar. Seguí inspeccionando la superficie con mis manos hasta que llegué a un mueble. Tenía dos cajones de madera. Tacto rugoso. Y húmedo. Abrí primero el de arriba. Vacío. Luego el de abajo. Mis dedos tomaron contacto con lo que parecían ser montones de papeles. No me detuve en eso. Aproveché para agarrarme con fuerza, tomé una honda respiración, conté mentalmente hasta cinco y con el uso de mis brazos me alcé hacia arriba. Las rodillas me temblaban, y me tentó fugazmente la idea de rendirme, dejarme caer y romper a llorar.

 Sin embargo, con el último resquicio de energía impulsé mi cuerpo adelante. Estaba ya en pie. Las rodillas me seguían temblando. En lo que me pareció una eternidad di pequeños pasos hacia delante apoyándome en la pared, pero no había nada más, excepto una pila de alfombras de distinto grosor colocadas unas sobre otras. Y más suciedad. No tardé en darme cuenta de que donde fuera que estaba, era un lugar muy reducido.

 Cerré con aprensión los ojos como si al hacerlo detuviera el vértigo que me empezaba a invadir. Mi memoria adormilada comenzaba a cobrar vida y las imágenes de antes volvían a mí: gritos, resistencia, unas largas manos de guantes verdes, árboles, un mechero, tierra, más gritos. No podía recordar ordenadamente la secuencia de lo que había ocurrido… los recuerdos convergían caóticos y todos pasaban aceleradamente, al tiempo que el desbocado latir de mi corazón y la ansiedad asfixiaban mis nervios. Me sudaban las manos. Comprendí que estaba secuestrada.

 De forma brusca me abalancé sobre el suelo y empecé a arrastrarme lo más rápido que pude hacia el portal para golpearlo y gritar con una desesperación que nunca imaginé posible experimentar. Forcé a tal punto mi garganta que tenía la sensación de que se estaba desgarrando.

Cuando quedé exhausta y supe que no había nadie cerca, volví a acurrucarme. Abracé mis piernas y dejé la mirada perdida entre la despiadada oscuridad y el clamor de la lluvia del exterior. Ambos tan cercanos y ajenos a mi dolor.

Publicado la semana 4. 25/01/2021
Etiquetas
Compartir Facebook Twitter
Género
Relato
Año
I
Semana
04
Ranking
0 96 0