09
Sofi Col

Hormigas por error

   Cuando vinimos a instalarnos, no sabíamos nada de las hormigas. Habíamos llegado después de doce horas de vuelo y tres en remis a un hotel de lujo en la costa de Miami.  Con Ramiro solíamos viajar varias veces al año a distintos lugares de Estados Unidos. Estábamos habituados a hospedarnos en hoteles con un hall de entrada amplio y sillones cómodos, buffet o bar abierto las veinticuatro horas del día, habitaciones luminosas, preferentemente con un jacuzzi en el baño, y, por supuesto, servicio de limpieza diario.

   El hotel de Miami no se quedaba atrás, tenía todo eso y mucho más, así como gimnasio, salas de juego, un salón de cine, pileta climatizada, sauna, salas de masajes y meditación y un parque de recreación muy grande. A una cuadra podías encontrar un shopping, a dos un mercado con productos de primera calidad, y, si te alejabas un poco más, llegabas a una zona de bares con los mejores bar tender y comidas gourmet. Nos íbamos a quedar un mes y medio aprovechando que Ramiro había conseguido un trabajo part-time cerca del hotel.

   En la entrada nos recibieron con una copa de champagne para cada uno. Guardaron nuestros equipajes y nos pidieron que esperemos a que limpiaran el dormitorio. Mientras tanto, recorrimos el hotel. Durante el recorrido nos metimos a la pileta climatizada, estuvimos un rato en el sauna y nos hicieron masajes, y cuando nos cansamos, fuimos al buffet a pedirnos algo para comer.

   Comiendo escuché a una señora gritar. Al parecer me estaban caminando hormigas por toda la pierna, y espantada pidió que alguien se hiciera cargo de limpiar. Asustada, comencé a gritar yo también, mientras sacudía todo el cuerpo tratando de desprenderme de las hormigas. No había persona que ingresara y no pegara un grito porque se había llenado de hormigas todo el lugar. Los empleados, alterados también, se codeaban preguntándose qué hacer y otros trataban de echar a la gente para clausurar el buffet. Algunos se iban por su cuenta. A otros, que estaban más indignados, los tenían que tranquilizar y acompañar a la salida.

   En el medio del escándalo, Ramiro agarró mi bolso de mano que estaba en el piso, debajo de la mesa dónde habíamos comido, lo cerró bien, me miró, me hizo señas para que nos fuéramos, y fuimos a la recepción para preguntar si estaba listo nuestro dormitorio. El gerente, enterado de la situación de las hormigas, nos pidió disculpas y nos acompañó a nuestra habitación. Al día siguiente, nos llamaron de recepción para disculparse nuevamente y decirnos que, debido a lo ocurrido, nos regalaban la estadía en el hotel. Agradecimos y aceptamos.

   Más tarde, fuimos al parque del hotel con mi bolso de mano. Nos alejamos de cualquier parte en la que nos pudieran ver para tener intimidad. Llegamos a una zona muy arbolada, de pasto crecido, con plantas altas, hojas y flores marchitas en el suelo. No había senderos por los que caminar. Nos clavamos varias chinches mientras íbamos a ocultarnos detrás de un tronco ancho.  Allí pudimos vaciar el bolso de manera exitosa. No dejamos nada dentro, y para asegurarnos llevamos un trapito y un frasquito de aerosol desinfectante. Y para que no dejar ningún tipo de rastro, le echamos un perfume que Ramiro había comprado en el free shop. No queríamos que nadie se enterara de que, en vez de traer mi bolso con maquillajes, nos habíamos confundido al traer nuestra colección de hormigas.

 

Publicado la semana 9. 26/02/2020
Etiquetas
Compartir Facebook Twitter
Género
Relato
Año
I
Semana
09
Ranking
0 51 0