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Sofi Col

Consigna

Recuerdo, en primer grado, un recreo, sentada en el patio del colegio con amigas. Comíamos galletitas dejando caer las migas que se adherían rápidamente a nuestros buzos, o quedaban en la pollera o el bulto del pantalón, hasta levantarnos. Algunas ya estaban de novias con los chicos del grado, otras no, pero tenían un listado de cuáles les gustaban. Yo no. “Y a vos, ¿quién te gusta?”. Me preguntó una de las chicas. Creo que me quedé unos segundos callada. “¿Cómo que quién me gusta? ¿La pregunta no debería ser: ‘Y a vos, ¿te gusta alguien?’?”, pensé. No. “Nadie. No me gusta nadie”, respondí. Eso no valía, porque “alguien tiene que gustarte”.

Ahí empezó el juego.

Volví al aula. Tenía la consigna muy clara: “alguien tiene que gustarme”. Me sentaba en el primer banco, así que para cumplirla debía girar y observar, y mientras observaba, anotaba en mi cuaderno: “Valentín” y un corazón, “Tomás” y un corazón, “Joaquín” y un corazón, “Julián” y un corazón.

Para el segundo recreo ya sabía qué contar. Estaba contenta y aliviada porque había cumplido con la consigna. Volví a sentarme en ronda con mis amigas, con requechos de galletitas del recreo anterior en el medio, y les conté. “Ya sé quién me gusta”. Acto seguido, enumeré a los chicos que había anotado en mi cuaderno del que más me gustaba al que menos.

Creo que ahí terminó el juego. En realidad, estaba enamorada de la maestra de mi hermano.

Publicado la semana 23. 07/06/2020
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