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Sofi Col

Blancanieves feminista

Blancanieves era una joven. Le gustaba coser y confeccionaba sus propios vestidos. Vivía en un bosque alejado de la ciudad y de los ruidos de autos y motos que rebotaban en los paredones de las casa. Era amiga de los pájaros; siempre cantaba al son de sus silbidos.

Un día, un señor vestido de príncipe, la quiso enamorar. Contrató, para eso, a siete enanitos que la fueron a buscar. Llegaron a la casa de Blancanieves con rosas y monedas de plata y oro que les mandó el señor vestido de príncipe para que se las dé. Pero Blancanieves era muy joven para la edad de ese hombre, e hizo caso omiso a las estrategias del señor.

No insistan. Soy muy joven y todavía no me quiero casar.

Más tarde los enanitos volvieron refunfuñando  a comunicarle que no habían podido cumplir con el mandato al señor vestido de príncipe. Se pelearon por el camino viendo quién iba a encargarse de dar la noticia de que Blancanieves no quería casarse. Finalmente lograron ponerse llegar a un acuerdo.

Inmediatamente después de que el señor vestido de príncipe oyó el comunicado de los enanitos, se levantó de su trono de oro, agarró su caballo blanco y cabalgó hasta la casa de Blancanieves. 

Mientras tanto Blancanieves cosía delantales para vender y una señora muy modesta, vestida de negro con un rodete despeinado, pasó por su casa y le entregó, como lo hacía todas las semanas, una manzana. Blancanieves, amiga de la señora que veía todas las semanas, le agradeció el gesto a quien en el bosque solían llamar “bruja”, y a cambio le dio un delantal que había terminado de coser. Cuando se retiró la mujer, llegó el señor vestido de príncipe. Levantando  y haciendo relinchar a su caballo, anunció su llegada que provocó el susto de todos los pájaros que acompañaban a Blancanieves. La joven abrió la puerta de su casa e inmediatamente preguntó:

- ¡¿Qué pasa aquí?!

- ¡He venido por ti, amada mía! – insistió el señor pasando bruscamente a la casa, sin el permiso de Blancanieves.

- Señor, asustó a todos mis amigos.

- ¿Y esta manzana?  - preguntó el señor vestido de príncipe sacando un pañuelo de su bolsillo -  ¿Quién te la dio? ¿Acaso sos amiga de la bruja que reparte manzanas por el bosque?

- Pues sí. Y no es una bruja, es una mujer muy noble.

- Entonces voy a procurar desinfectarla, no quiero que estés envenenada el día de nuestro casamiento. – le anunció el hombre fregando la manzana con el pañuelo que había sacado.

- ¡Suelta esa manzana! ¡No me casaré contigo!

- Yo voy a salvar tu vida y te enamorarás de mí más rápido de lo que crees.

 

El señor vestido de príncipe se subió de nuevo a su caballo y partió de la casa de Blancanieves diciendo:

- ¡Adiós mi princesa!

Blancanieves cerró su puerta y llamó a los pájaros para que vuelvan. Antes de irse a dormir estaba muy estresada por lo que le había dicho el señor vestido de príncipe. Eso le había quitado el hambre, pero decidió cenar la manzana que le había dado la señora que llamaban “bruja” para no irse a la cama con el estómago vacío.

Al día siguiente, los enanitos volvieron a la casa de Blancanieves por órdenes del señor vestido de príncipe. Habían ido a buscarla. Pero cuando llegaron, notaron movimientos muy extraños. Los pájaros no paraban de chillar alrededor de la casa de Blancanieves.  Eso dejó intranquilos a los enanitos que decidieron entrar forzando la cerradura, mientras los pájaros trataban de impedírselos. Después de varios intentos, lograron entrar y vieron a Blancanieves tirada en su cama sin despertar.

- ¡Está desmayada! – gritaron algunos.

- ¡Hay que llevarla con el príncipe! – enunciaron otros.

Así fue que los enanitos cargaron a Blancanieves para llevarla al castillo donde vivía el señor vestido de príncipe. Allí, el hombre, recostó a Blancanieves sobre un banco que daba  a las afueras del castillo y mandó a los enanitos a que anunciaran por todo el bosque que en unas horas contraería matrimonio y se convertiría en rey. Los alrededores del castillo comenzaron a amontonarse de personas que podían ver a Blancanieves sobre el banco. Cuando ya hubo mucha gente, salió el príncipe.

- ¡Gente de mi bosque! Ella es Blancanieves, mi amada, mi futura esposa. Está desmayada y no despierta, porque la bruja malvada del bosque la envenenó. Pero voy a hacer que despierte. Le daré un beso que va  salvar su vida, y cuando mis labios toquen los suyos, se despertará y se enamorará de mí para siempre.

- ¡Viva el príncipe! ¡Viva Blancanieves! ¡Viva! – gritó la gente del bosque.

Así, el señor vestido de príncipe tomó aire y se acercó a Blancanieves. Toda la gente se quedó callada y atónita esperando el gran beso que despertaría la amada del hombre que tenían en frente. Cuando los labios del señor estuvieron a apenas unos pocos centímetros de la boca de Blancanieves, apareció la “bruja malvada del bosque” sosteniendo una manzana.

- ¡Este hombre es un impostor! – gritó la mujer, dejando perplejos a todos, y separando al señor vestido de príncipe de su amada.

- ¿Cómo? ¿Cómo? – se oyó de murmullo entre la gente.

- Este hombre les quiere hacer creer a todos ustedes que yo envenené a Blancanieves, pero eso no es verdad. Hace tres años que entrego a Blancanieves una manzana todas las semanas, y ella, a cambio, me ofrece cosas que cose, como este vestido que tengo puesto. Esta semana le entregué una manzana, y cuando me fui, apareció este señor que está tratando de besarla. Yo me quedé mirando, porque Blancanieves es muy joven, y no quería que le hicieran nada malo. Al irse este hombre, se le cayó este pañuelo – dijo mostrando el pañuelo con el que el señor vestido de príncipe había fregado la manzana – que cuando llegué a mi casa descubrí que está envenenado.

- ¡Mentira! ¡Dice mentiras! ¡Es la bruja! ¡No pueden creerle! ¡El pañuelo es de ella!

- ¿Cómo va a ser mío si es igual al suyo? – le preguntó sacando de su bolsillo un pañuelo idéntico al que sostenía.

Todos en el bosque miraron la escena aterrorizados y después de unos segundos de mirarse entre ellos y observar la situación, empezaron a insultar al príncipe.

- ¡Farsante! ¡El príncipe es un farsante!

La mujer, agarró una manzana y se la dio a Blancanieves.  Segundos después despertó y al ver que la mujer estaba al lado suyo, la abrazó. Un aplauso de toda la gente invadió al castillo y el señor vestido de príncipe huyó de la vergüenza que le dio.

A la mujer que salvó la vida de Blancanieves, dejaron de llamarla bruja, y pasó a ser muy respetada y querida, tanto, que un año más tarde se convirtió en la reina de todo el bosque.

Publicado la semana 18. 04/05/2020
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