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Seda

Y entonces comprendí a mi madre

Las venas verdes que cada vez se le marcaban más en el brazo eran como dos ríos por los que, poco a poco, se empezaba a secar la vida. 

 

Me pasaba el día así, tomando su mano con mi palma, y sujetándola en la mía. Observaba el latir de su vida a través de los pulmones que inflaban y vacíaban su menudo cuerpo.

 

"Mamá" - me miraba - "vamos a quitar ya esto. Es basura, esta gente solo se dedica a hablar de las vidas de los demás. Te hemos contratado la tele digital para que veas series y películas".

Y pedía una película.

Una película que irremediablemente era antigua o que, sin serlo, estaba ambientada en el pasado. 

Y entonces comprendí a mi madre, porque a través de mi mano se aferraba a lo único que le importaba en la vida, y a través del mando, viajaba al pasado. 

A una época mejor. En la que Papá la hacía reir, y estaba con nosotros y aún no nos había abandonada.

Una época en la que era joven, y vivaracha, y probablemente la mujer más guapa del barrio obrero de Bilbao que la vió florecer. 

"Mira, esto me gusta, sube el volumen, hijo"

"Mamá, tienes tú el mando".

 

Por todo, por siempre, para siempre. A tu lado. 

 

 

Publicado la semana 27. 03/07/2020
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I
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