20
Seda

Pasapalabra

Encendió el grifo, sopesó la lluvia de agua caliente sobre sus hombros y llegó a la conclusión de que estaba despierto. 

Despierto, y en la ducha. 
Ajustó el mando para que el agua no lo escaldase, pero tampoco para tener la desagradable sensación de que se le enfriaba el cuerpo. 

Miró a su alrededor, y a través del vapor que lo empezaba a cubrir todo, notó que algo había cambiado. 

Barrió una ventanita en el baho que se acumulaba en el cristal de la mampara, y observó el cuarto de baño como un explorador en el interior de un nautilus.

El baño seguía siendo su baño. 

Se miró la muñeca, buscando un reloj, y una hora, y un momento, pero se lo había olvidado. Una sensación tenue empezó a envolverle. Poco a poco pudo darle un nombre. Encontró las letras desperdigadas en una ráfaga de pensamientos:

Estaba la E. La Ñ. La T. Apareció una R, que había tropezado con una Z. Había un par de AA muy juntas y a las que habría de separar. Se sentía un poco como en el Pasapalabra, solo que distinto.

Hilvanó las letras, y las posó en la pared mojada. 

E-X-T-R-A-Ñ-E-Z-A

¿Era eso?
Lo era.

La sencilla y sensual sensación de encontrarse en un lugar que no le correspondía. 

Comprobó el exterior de nuevo a través de la claraboya de no-vapor. La ducha era la misma de siempre. El pijama que yacía inerte en el suelo también. El espejo ídem. 

Si no había cambiado nada del exterior...¿podría ser que hubiese cambiado algo en su interior?

Publicado la semana 20. 17/05/2020
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