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Sassenach

Ciego, ateo y tonto

He tardado en darme cuenta de que tras este cementerio de cervezas se oculta mi peor enemigo, ese que conoce todos mis secretos y me tienta como el diablo al Mesías. Tan desesperado que soy mi propio acusado y mi propia defensa, sin coartada posible.

Destrocé lo que teníamos. 

Soy tan ciego que no supe ver las señales y Cupido se burló de mí cambiando las flechas de dirección. Las sábanas refunfuñan entre sollozos por tu ausencia y la casa ya no es el refugio que los dos queríamos, sino una gran lápida donde las paredes simbolizan todos los reproches.

De repente he dejado de creer en la magia de la lotería, y mi bandera es la desilusión. Hasta el tatuaje de mi muñeca derecha, ese con la palabra "sueña" me mira cabizbajo y se une al sabor y al olor de este profundo echarte de menos.

Sé que la cura no llegará jamás, porque soy el primero que no quiere olvidarte y te querré para siempre. Me costará asumir que a partir de ahora seré ese algo que una vez estuvo en tu vida, un pequeño fragmento roto en el rompecabezas de tu corazón, un latido hecho chiste.

Me costará volver conectarme a tierra, porque mi pensamiento sigue aferrado a los recuerdos en bucle infinito y vuela a cientos de metros de distancia manchado de tu barro en busca de nuevos paisajes. 

Soy el eterno ateo errante que recurre a la oración de su propio Dios para volver a recuperarte, por miedo a no poder sobrevivir. 

Publicado la semana 5. 30/01/2020
Etiquetas
Melendi
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Género
Poesía
Año
I
Semana
05
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