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Sassenach

EL ARCO DE LOS ABRAZOS

NOTA: este relato surge como ejercicio práctico de un taller de redacción y estilo al que me he inscrito y está pendiente aún de correción por parte de mi tutora. No sé vosotros, pero la pandemia me ha hecho replantearme muchas cosas. La idea de formarme como correctora ya me rondaba desde hacía tiempo, así que he aprovechado a apuntarme. No sé si me dedicaré alguna vez de forma profesional a ese ámbito, como es mi deseo, o si será un complemento más a mi nómina actual, pero tenía que dar el salto hacia mi sueño.

REQUISITOS DEL EJERCICIO: 

Crear un texto de unas 500 palabras donde aparezca un mechero azul.

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EL ARCO DE LOS ABRAZOS

Es curioso descubrir cómo un pequeño objeto puede traer a nuestra memoria toda suerte de sensaciones y recuerdos. 

Desde bien niño supe que aquel mechero azul, que mi abuela siempre llamaba "chisquero" y que guardaba en el joyero nacarado de su dormitorio, tenía un significado muy profundo para ella. Lo notaba en su mirada. No hacía falta que pronunciase palabra alguna. Sus grandes ojos azules (del mismo tono que aquella especie de talismán) se adentraban en el pasado en cuanto sus manos lo acariciaban. Si uno la observaba con detenimiento percibía en su cara una mezcla de felicidad, nostalgia y por momentos también de miedo. Era lo más duro para quienes estábamos junto a ella en un presente real al que ya no prestaba atención: no poder acompañarla en ese viaje cuando llegaba la inevitable punzada dolorosa, traída de tiempos remotos, que la hacía temblar y caer en un llanto silencioso.

Nunca me he atrevido a preguntarle sobre dicho objeto. Supongo que por respeto a su intimidad, pero también por cobardía, pues temo no poder aceptar la realidad con que ese antiguo zippo la conecta. No soportaría no poder protegerla, o no llegar a tiempo para alejarla definitivamente de su congoja. 

Ahora, tras meses sin poder vernos ni abrazarnos, soy yo quien rememora el pasado y son mis ojos los anegados recordando las caricias pendientes. Apenas veo la carretera, ensimismado en la idea de volver a encontrarnos bajo el arco de los abrazos. Me siento afortunado. Son muchos sus compañeros de residencia que no volverán a tener la oportunidad de un reencuentro con sus hijos, sobrinos o nietos. 

La vida nos brinda un nuevo despertar, aunque sea con el impersonal tacto del plástico. Sé que ese marco plastificado será para mí un nuevo zippo azul. Lloraré y reiré, de alegría, de agradecimiento. Por ella, por mí, por nosotros, por todos. Puede que hasta nos contemos las verdades que tanto ansiamos saber el uno del otro, y nos desprendamos de las cadenas del misterio oculto en esos ojos azules que tanto echo de menos.

Publicado la semana 25. 18/06/2020
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