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Sassenach

De encabronada a cabrón

Querido cabrón:

¿Qué tal te va?, ¿cuántos cafés llevas ya hoy?, ¿y cigarros?, ¿televisan hoy algún partido interesante que hayas visto durante tu horario laboral? ¿Es cómoda esa silla, verdad? Me alegro.

No te puedes quejar. Me preocupo sinceramente por ti. Ante todo no conviene perder las formas, por mucho que seas el peor compañero de trabajo imaginable, y en esta carta haya mucha rabia mal contenida.

Por cierto, ¿te cuento algo divertido? A veces he imaginado colocar, a modo de espantapájaros que te suplante, una chaqueta sobre tu silla (ya sabes: esa de la que solo te separas para fumar o tomarte un café tras otro). Hasta el momento siempre me he arrepentido y no he dado el paso, porque la chaqueta no merece ser depósito de tanto odio.

Ya sabes que la hipocresía no va conmigo, y reír tu pasotismo con el que endulzas a los clientes impertinentes, sería incurrir en ella, por eso me ves siempre de mala hostia, "compañero", no es que esté de mala hostia sin más de manera constante. En este caso, el orden de los factores sí altera el producto. De hecho, si tuvieses dos dedos de frente, bueno en realidad los tienes, porque el tamaño de tu cabeza es considerable, desde luego. Lo malo es que no haces un uso adecuado de lo que se esconde en tu cavidad craneal, no al menos en el trabajo, si no es para buscar nuevas maneras de escaquearte. Perdón, ¿lo he escrito? Pues nada repito el párrafo, ya sabes que no tenemos typex.

Ya sabes que la hipocresía no va conmigo, y reír tu pasotismo con el que endulzas a los clientes impertinentes, sería incurrir en ella, por eso me ves siempre de mala hostia, "compañero", no es que esté de mala hostia sin más de manera constante. En este caso, el orden de los factores sí altera el producto. De hecho, si tuvieses dos dedos de frente, bueno en realidad los tienes, porque el tamaño de tu cabeza es considerable, desde luego. Lo malo es que no haces un uso adecuado de lo que se esconde en tu cavidad craneal, no al menos en el trabajo, si no es para buscar nuevas maneras de escaquearte. 

¿Así mejor, verdad? Ya imaginaba que te iba a gustar más, sí. Tú con tal de no hacer nada, mejor. Así hasta te ahorras leer insultos hacia tu persona sean merecidos o no. 

En fin, si te parece continúo con el argumento de la carta antes de esta breve interrupción... Querido cabrón (redoble de tambores), te lo cuento en primicia: se acabó fingir que me da igual que te vayas treinta minutos antes de tu hora todos los días; que dejes paso a quien no debes; que no llames la atención a clientes que hacen algo indebido o que salgas más veces a tomarte café que cápsulas patrocina George Clooney.

Conclusión: si un día descubres una chaqueta apoyada sobre tu silla favorita con tu cara y una diana dibujada en ella, ya sabes a qué se debe. Mi mala baba por fin habrá salido a flote. Además, me gusta imaginar que llegado el caso, los jefes decidirán contratar a la chaqueta en tu lugar, y puestos ya a pedir... que será ella la que reciba tu sueldo, claro, si no no tendría gracia ver mi sueño cumplido.

Y bueno no te entretengo más. No quiero robarte más tiempo. Dejo que sigas sin hacer absolutamente nada, no te estreses, ni te agobies. ¡Todo por ese maravilloso cabrón que me ha tocado como compañero!

Nos vemos en unos días ¿o tal vez no?

ENCABRONADA

Publicado la semana 2. 10/01/2020
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