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Sassenach

Barrotes

Tras cada golpe se levantaba una nube de polvo. Eran ya varios los libros que desesperados se habían precipitado al vacío para ser protagonistas de su propia historia y evitar ser habitantes pasivos de esas viejas baldas.

Entre los caídos varios poemarios y muchas novelas. Hasta en eso la poesía era minoritaria. Sobre ellos, a varios metros de distancia, el resto de compañeros de papel se debatía entre seguir los pasos de aquellos valientes o permanecer como hasta entonces en el duermevela de la espera, hasta que algún lector reparase en ellos. Entre los más indecisos abundaban sobre todo libros de filosofía y ética, pero también de física y matemáticas. Estos dos últimos tipos hacían mil y un cálculos que repetían hasta el hartazgo, antes de tomar una decisión u otra. 

La nube de polvo levantada por el último de los libros que se había arrojado al suelo voluntariamente aún no se había disipado, cuando se oyeron unos pasos en el umbral.

Aquel sonido tan conocido, pero tan infrecuente en los últimos tiempos, sumió a la antigua  biblioteca en su mutismo habitual. 

Los pasos cada vez se sentían más cerca, y parecían provenir de todas partes, pues el eco en aquella gran estancia era digno de cualquier auditorio de orquesta.

Como es lógico, algunos de los libros que yacían en el suelo apenas reprimían su entusiasmo por aquella visita. "¿Quién será?" susurraban algunos.

La respuesta les llegó entre risas. La voz risueña de aquella niña los atrapó a todos en la nostalgia.

—¡Mamá, mamá, ven, por favor! ¿Qué es esto que hay en el suelo?

—¡No hables tan alto! Nos pueden oír, y sobre todo no toques nada hasta que yo llegue. —La voz de la adulta pronunció las últimas palabras de la frase de manera algo más queda, pero se notaba angustiada.

Ante aquella absurda acusación los libros de historia y las novelas bélicas se revolvieron incómodos en sus sitios. “¡Tamaña afrenta!”, “¿Nos acusa de bárbaros?, ¿a nosotros?” se murmuraban los unos a los otros.

Justo cuando la mujer llegó adonde se hallaba la pequeña, un chirrido metálico y denteroso anunció la llegada de alguien que no era bienvenido en aquel lugar. Los libros conocían demasiado bien aquel sonido y muchos empezaron a temblar anticipando el desastre que se les venía encima.

***


(continuará)

Publicado la semana 18. 28/04/2020
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