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Sandra D. Lindon

Cruce peligroso

- Estás dormido?

- No, ¿Que hora es?

- Van a ser las seis. ¿Tenés que volver a la fábrica?

- No, a esta hora se están yendo todos, quedan la telefonista y la chica de administración. ¿Por? ¿Tenés que irte?

- Tengo que llegar antes de las siete. El nene vuelve de catequesis y no tiene llave. ¿Tomamos unos mates?

-El nene... ¿hasta cuándo te vas a hacer cargo de ese chico?

- No seas asì. Sabès que mi hermana no puede cuidarlo; y si yo puedo darle una mano... No encuentro el  termo.

- Al lado del lavaplatos, a la derecha. ¿Qué querés escuchar? Mmm ...tengo Tom Waits... Chet Baker... Clapton... ¿me oìs?

- Sí. Poné al tipo ese de la trompeta... el que me pone triste. La canilla ésta no cierra bien, tenés que cambiarle el cuerito.

- Ya sé.

- ¿Estás enojado? digo, me estás hablando en un tono...

- Y vos estás siempre encontrándole un defecto a todo.

- Perdón. Yo decía, nada más...

- ¡Es que ese es tu problema! “yo decía” ¡No tenés nada que decir ! Es mi departamento, y si se me canta el culo que la canilla gotee, ¡la canilla gotea!

- Bueno, te pedí perdón. Tomá un amargo. ¿No viste mi media?

- ¿Te fijaste debajo de la cama? Acá está.Tomá. Medio frío, el mate.

- ¿Y vos? Medio frío vos también.

- Uuf. Otra vez. ¿A dónde querés llegar? ¿A lo de siempre? Ya te dije mil veces. Esto es lo que hay.

- Si. Pero...

-¿Pero qué?

- Pero nada. Sòlo que sabés que me parece injusto.

- A ver bombón, ya lo hablamos mil veces... mirame. Esperá, no vas a llorar de nuevo, ¿no?. Sabés que no puedo verte llorar. Vení. Uh.Tenés las manos heladas. ¿Por qué no te vestís de una vez?

- ¡Dejáme! No lloro, no ves, no lloro más. Si hasta para llorar te tengo que pedir permiso. ¡Nada más te digo que me parece injusto! Vos sabés absolutamente todo de mí: a qué hora me levanto, con quién almuerzo, cuánto gasté en el súper... sabés todo, todo. Yo, en cambio...

- ¿Y qué querés que te diga? ¿Qué más hace falta que sepas?

- Quiero saber... dónde vivís, por ejemplo. donde vivìs de verdad, no este departamento de mierda. De qué color tienen el pelo tus hijas, si tu mujer te la chupa mejor que yo... ¡Quiero saber aunque sea como te llamás!!

- ¿Para qué querés saberlo? ¿Qué va a cambiar? No te alcanza con que nos veamos cuando tenemos ganas, que la pasemos bien. ¿No es suficiente para vos?

- Sabés que no. Mirá. Me parece que ya está. No aguanto más ser nada en tu vida. Creo que ésto llegó hasta acá.

- No, no seas así... si sabés que me encantás, que me muero por estar con vos, que espero todas la semana que sea martes a  las cuatro... Vida... dale... mirame.

-No quiero.

- ¿Te das cuenta de que no entendés nada? ¡No puedo darte más que esto!  Mi familia es muy conservadora, la empresa, importante, el apellido... Por Dios, ¡el apellido! No hay ninguna, ninguna  razón para que esto se sepa. Sería... sería el fin de mi vida... un suicidio social y político. El hijo del doctor, el profesional exitoso... qué hijo de puta, ya lo veo en los diarios...

- ¿Y que? ¿Qué te jode tanto? ¿Que sepan que estás conmigo? ¿ Que no todo en tu vida es tan perfecto, tan derechito como querès mostrar? Mirá querido... No, mejor no. Nada. Callate. No. ¿Sabés qué? me harté. Me harté de vos, de tus exigencias, de estarnos escondiendo. Me harté de tener que suplicarte, que mendigarte que te quedes un rato más conmigo, que vayamos al cine, que me lleves a tomar un café. ¿Sabés qué? Chau. Me a- bu -rrì!  ¡Pelotudo!

- ¿Te vas? Ma sí, andate! ¡Andate de nuevo a hacer la calle, mierda! Vos y la puta de tu hermana, todos iguales, no me asombra que sean todos unos enfermos!   ¡Y más vale que no te vuelva a cruzar porque te paso por arriba con el auto!! ¡Andate bien al carajo, puto de mierda!.

Publicado la semana 14. 05/04/2020
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