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S. Monticelli

La belleza.

 Palabra suave la belleza, palabra sigilosa, innovadora, sílabas in crescendo, como brazos recién abiertos, como pétalos hinchados al sol. Belleza de bronce cayendo en gotas, burbujas deshaciéndose en miel tibia.

Belleza esparcida en las nubes como azúcar, belleza en las hojas caídas que ennegrecidas se resecan al borde de la canaleta, belleza en sus bordes fantasmales sobre el asfalto. Belleza en la lluvia que se derrite a sí misma en un caer sin fondo, estelas de vértigo plateando un suelo encrespado.

Belleza en los ojos que se relamen de sueño aturdidos por las mañanas. Belleza en la boca con migajas recién hechas. Belleza en el ombligo eximio creyéndose dueño del planeta. Belleza en los cabellos revueltos de la aurora, revolución nata: espontánea y tentadora.

 Belleza en la tierra que trabajan esas manos esparciendo sus arrugas, que enaltecerán el trigo y la uva y la rosa. Palabra fuerte la belleza, palabra perseverante y luchadora. Belleza en las espaldas demoledoras del obrero, curvas de sudor, la patria y la semilla en su pecho.

Belleza en el niño dormido que va a la escuela en su mente aun destejiendo sueños. Belleza en los sueños que cocina la madre perfumados con Albahacas, Salvias y Romeros. Palabra vulnerable la belleza, maleable, reversible.

Belleza en el libro que sostiene la cama vacía. Isla flotante la cama, renovable paradigma de deseo.

Belleza en la línea alargada, pura hasta la asfixia del esquinero del cuarto. Belleza en el espejo que registra nuestro tiempo. Celador meticuloso. Boca abierta su reflejo, simbiótico placer ser engullidos en sus adentros.

 Palabra demente la belleza, palabra idílica y transgresora, viaje onírico, atisbo de perfección en una sola humorada. Belleza en el paño inmaculado de la camisa de fuerza y en las pestañas, y en el ceño y en el viaje misterioso del que creemos loco.

Belleza en la fantasmal transparencia del enfermo, en la lágrima corrosiva que quema. Belleza en la cicatriz borrosa que ya no es nuestra sino del tiempo; en los recuerdos indelebles y en los otros, los que intuimos inventados.

Belleza en las sombras chinescas y en los impulsos suicidas y en la agonía agridulce en que nos deposita un tango.

 Palabra nueva la belleza, bella novedad de lo no atendido, descubrimiento eterno infinitamente descubierto por otros, los de antes y los de ahora, y los que vendrán también a su tiempo.

 Belleza novedosa, que sale a la luz siempre caprichosa. Esclavo, me persigue en cada sombra. Reina que me obliga a su antojo a despertar, a ver… a ver. Relación disparatada la mía con la belleza, relación exigente, absorbente, embriagadora. La única real misión del poeta. Servir la vida a un instante de belleza.

Publicado la semana 4. 20/01/2020
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Poesía
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I
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