21
S. Monticelli

Cuestión de tiempos.


Una mañana esta mujer escuchó en la radio que todos los sentidos tardan unas cien milésimas de segundo en enviar el mensaje desde el inicio hasta el cerebro. También escuchó que el sentido que lleva el mensaje más rápido hacia el cerebro es el sentido del tacto.
Por lo tanto ella entendió estremeciéndose, que los humanos todos, vivimos en el pasado. Cien milésimas exactamente en el pasado. Lo que vemos, lo que saboreamos, olemos, escuchamos, actuamos, son acciones tardías, desfasadas de la realidad.
No hay presente. Sólo podemos acercarnos un poco más cuando tocamos.
Por eso, la mujer, se propuso, tocar todo lo que pudiera de este mundo viejo.
Sus manos se convirtieron en sus ojos, su nariz, su boca… en su ser, y descubrió un mundo nuevo, más nuevo del que experimentaba antes. La regocijaba la idea de saber íntimamente que ella experimentaba un tiempo mucho más cercano al real, que se adelantaba al común de las personas, que vivía antes que los demás.
Aprendió a recorrer su casa a oscuras, ya no necesitaba luz ni colores que la distrajeran de la realidad. Ya no necesitaba saborear, por lo tanto dejó de comer hasta consumir lo inevitablemente mínimo para subsistir. Sentía que el tiempo que le llevaba masticar la alejaba más y más en su línea de tiempo del presente.
No lograba dejar de escuchar, pero trató cada día de imbuirse en una especie de trance interno, de meditación autodidacta que la aislaba cada vez más del ruido exterior.
Dejó de hablar, las palabras consumían mucho tiempo, igualmente a esta altura no eran necesarias ya que dejó de relacionarse con las personas, para ella eran una multitud de ciegos que vivían muy lejos y atrás de su tiempo.
Su objetivo final fue salir al mundo y recorrerlo sin nada más que sus manos.
Sin equipaje, sin planes, sin llegada a ningún lado.
La mujer abrió su puerta sintiéndola lisa, fresca, nueva, y se echó a andar descalza, percibiendo la tierra y los pastos más reales. Caminó incontables kilómetros con sus brazos extendidos y sus manos abiertas prestas a reconocer la mayor cantidad de sucesos actuales posibles.
A medida que avanzaba, la conmovió un viento helado que pareció elevarla y adelantarla en su viaje. Frescas hojas rozaron su cara y sus brazos, brindándole una electricidad tan renovadora que le pareció que era una caricia que le enviaban desde el futuro en recompensa de su gran esfuerzo.
En su trance hipnótico, la mujer avanzó más y más, sintiéndose nueva a cada paso, reinventándose con cada roce inesperado, presintiendo siempre como cada pisada en esa tierra húmeda la llevaba hacia la comunión de su ser con el tiempo real, presente, verdadero.
Días después de su partida, en medio de un campo de girasoles, de repente, con un suspiro corto, como queriendo que ese halo de oxígeno no la retrasara. Cayó, derrumbando desordenados sus huesos que la habían sostenido casi ilusoriamente. Sus dedos seguían en posición tan abierta como fuera posible, como si siguieran tratando de abarcar el mundo.
De su cuello, perdiéndose entre su fino cabello, un relicario, dos rostros sonrientes en un marco oxidado y amarillento. El pasado brillando en su cuello como testimonio de lo imposible de su empresa, como indeclinable prueba de un tiempo que supo ser eterno, y del que nunca pudo escaparse.

 

Publicado la semana 21. 18/05/2020
Etiquetas
Reflexiones de Película , En cualquier momento
Compartir Facebook Twitter
Género
Relato
Año
I
Semana
21
Ranking
1 127 0