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S. Monticelli

El Sr. Rojo.

 

Una niña miraba su globo rojo con la mirada ensimismada en ese círculo perfecto. Una pequeña niña de mirada almendrada enmarcaba con sus largas pestañas ese globo tan rojo y escurridizo.

La madre que la observaba atenta, se preguntaba que pensamientos rondarían por esa cabecita inexperta…

Mientras tanto, una niña de rizos generalmente saltarines se quedaba quieta, inmóvil conduciendo sus pupilas por la línea tirante y larga del cordón blanco. Sabía que el globo tenía vida. Si casi podía sentir su mirada sobre ella y sus zapatos charolados.

¿Qué espíritu había dentro del globo que lo hacía rotar de un lado a otro como saludándola con una amplia sonrisa de comisuras alargadas?

¿Qué sueños tendría el Sr. Rojo como para hacer tanta fuerza en su puño apretado, què lugares querría tanto visitar, que urgencias tendría este espíritu redondo?

¿Por qué no quería quedarse con ella a quien se lo habían regalado, y que lo quería tanto? Por un momento la madre, desde cierta distancia advirtió que la niña fruncía el ceño y apretaba mucho su puño llevándolo contra su estómago, hundiéndolo con su otra mano, con una actitud seria y preocupada.

-¿Qué sucede Erín?- pronunció dulcemente su madre- .-Mamá, ¡el Sr. Rojo se quiere ir! ¡Y yo no quiero!-. –Erín, no es eso, es que ahora hay mucho viento y como tiene un gas que se llama helio aunque no haya ni una brisa, igualmente se va a ir volando. No es que no te quiera es un objeto, depende de los demás.- respondió su madre.

Erín miró a su mamá fijamente, quería entenderla. Pero no podía dejar de pensar en el Sr. Rojo. Obviamente si ella fuera él querría irse a algún otro lugar nuevo. Si ella fiera el Sr Rojo, no querría que alguien le pase un cordón por su cuello rosado, querría que la suelten despacio, saludándola desde abajo, con misericordia y compasión desatarse de vientos y manos, y volar libre hacia cielos y abismos llenos de libertad.

Una niña, en un parque en primavera, bajo un sol que brincaba sobre sus rulos tiernos, rodeada de pájaros alegres y cantores, sacó sus manos al frente, las acercó lentamente al Sr. Rojo, y en un acto de despotismo absoluto explotò el globo. El egoísmo es enemigo de vuelos desinteresados y amigo de infancias justicieras.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Publicado la semana 15. 06/04/2020
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Fly to the moon
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