11
S. Monticelli

Pesimismo gris.

 Me desperté y llueve… llueve torpemente, de a gotas grandes. Una lluvia apelmazada que cae por su propio peso, sin poesía, sin ningún contenido trascendental ni metafórico; llueve.

 Debo reducir al mínimo mis viajes por las veredas, prescindir algunas compras y cancelar la escapada del trabajo a la plaza. Llueve. Voy a mojarme aunque suba al micro. Me enoja mojarme, sentir el frío en la espalda de los goterones que nunca fallan.

 Me enoja que llueva justo ahora. Después de todo es solo agua, ¿qué va a hacerme? Pero que bronca… solo quiero llegar a casa y secarme, calentito, adentro, encerrado, seco, sin tocar nada que este mojado, sin ni siquiera lavarme la cara o un vaso. Sigue lloviendo y me aburre.

No es una lluvia linda, no llueve con sol, ni se ve el borde de la tormenta, ni siquiera hay tormenta sino un calmado y lento bloque de nube gris, nunca vi nada tan compacto, ni una ilusión podría atravesarlo. Ni lo de la ilusión podría motivarme, esta lluvia insulsa y pedante lava cualquier intento de inspiración filosófica… las plantas ya se ahogan en las macetas y se doblan pidiendo auxilio, pero no pienso mojarme, ni sacar un dedo afuera.

Ya va a oscurecer y gotea, no hay ni una estrella pero lentamente amaina la lluvia, el bloque compacto de nubes se burla de mí, no me interesa ahora, tengo que acostarme para trabajar mañana, y si salgo por algo de comer estoy seguro que me daría un chaparrón en su último esfuerzo… ¿Quién dijo que la lluvia es linda? ¿Romántica? La lluvia es ingrata, nos acorrala, nos aísla, nos encierra en nosotros mismos hasta llegar a no soportarnos y mostrarnos iguales a ella: aburridos y monofacéticos.

Publicado la semana 11. 09/03/2020
Etiquetas
Un triste blues
Compartir Facebook Twitter
Género
Relato
Año
I
Semana
11
Ranking
3 115 0