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RosAmoR

¿Tu autoestima en manos de otros?

¿Tu autoestima en manos de otros?


Cada vez creo más que la autoestima está mal entendida, me encuentro muchas, demasiadas personas que creen que con unas sencillas pautas, unas afirmaciones positivas y mirarse al espejo diciéndose lo que se aman les va a volver la autoestima perdida o peor todavía que hará aparecer la que nunca han tenido. 


Cuando alguien me pregunta ¿Cómo puedo tener más autoestima? Me doy cuenta que esa persona tiene unas expectativas milagrosas. Me doy cuenta de que quién busca que le expliques en una frase, en un correo, incluso en un post cómo tener más autoestima, realmente no la va a conseguir así.


Parece que me esté tirando piedras sobre mi propio tejado, en realidad solo soy honesta y hablo basándome en mi propia experiencia y en la de muchas personas que he conocido a lo largo de mi vida buscando esa autoestima a prueba de balas.  El camino de la autoestima es mucho más que un camino, es mucho más que momentos puntuales, mucho más que autoayuda de pacotilla.


Sí, es así y cuando veo a profesionales prometiendo aumentar la autoestima de las personas, asegurando aumentarla, realmente no me siento parte de este mundo en el que se crean falsas expectativas, soy crítica, y soy autocrítica y sé por experiencia lo difícil que es tener una sana autoestima, lo difícil que es no irse al otro extremo con técnicas de superación personal que te motivan sin más, sin tener en cuenta si esa técnica es la adecuada para ti.


Y sino hay dos personas iguales, ¿hay que seguir aplicando las mismas técnicas a todo el muno?. No creo en formar parte de lo estándar y establecido por unos manuales, por unos estudios, por unos títulos, por una etiqueta en la que si haces todo aquello “maravilloso y fantástico que yo te digo”

¡Uauaua! Te aseguro una autoestima intacta de por vida. 


Lo peor de todo esto son todas esas personas que así lo creen, y que muchas veces con la impotencia de haber creído se dan de cabeza contra la pared de la culpabilidad.


Sí, cuando un profesional te manda su “receta de la autoestima” que probablemente sea la misma que manda a todos sus clientes y esa receta no funciona en ti, o como mucho te da un chute inicial de entusiasmo y de creer ¡Sí, por fin puedo, puedo con todo, lo lograré! 


¿Qué pasa cuando el tema es realmente más profundo? ¿Qué pasa cuando a las primeras de cambio te das cuenta de que hay cosas con las que no puedes? ¿Es justo para ti no haber tenido en cuenta tu limitaciones?


Porqué no nos engañemos, todos tenemos limitaciones, y pensar lo contrario tiene una fecha de caducidad, esa fecha en la que te sientes culpable, sí, culpable hasta límites insospechados, pues se supone que ya tenías autoestima, se supone que ya tenías ese “no sé qué” que te hacía inmune a no conseguir TODO lo que te propusieras… ¡Cuánto daño hacen las generalizaciones! ¡Todo, nunca, siempre! 


¿Qué necesidad tenemos de llevarlas al extremo? ¿Acaso tenemos una vena masoquista que nos hace tener pensamiento totalitario? Puede ser… y lo peor es cuando esos extremos nos son impuestos por personas en las que dejamos nuestro poder, por personas que no son bastante conscientes de que nos ponemos en sus manos, confiamos en ellas y lo último que esperamos es que después de que por aquellas cosas de la vida nos demos cuenta que ni Todo era todo, ni Nunca era nunca, ni Siempre era siempre…


Después de todo eso nos hagan sentir culpables por no hacer, no esforzarte, no luchar lo suficiente. ¿Qué sabrá esa persona que en ese momento te está juzgando hasta que punto has hecho lo suficiente? Hasta que punto te has dejado el alma, la piel, la vida en el intento. 


¿Sabes? Antes de nadie te diagnostique falta de voluntad, debería conocerse lo suficiente para saber que la única falta de voluntad que hay en ese “diagnóstico” es la de no ponerse en tu piel e interesarse de forma real, honesta y humana más allá de todo lo aprendido académicamente, que de poco le sirve si sólo es capaz de tratarte como un número de expediente más.


Y volviendo al principio, permitir que personas con esa falta de empatía sean los que nos guíen para tener una autoestima total es lo mismo que dejar a un cordero entre lobos y pensar que va a salir indemne.


Buscar ayuda, sí, por supuesto, ¿a cualquier precio? ¡Claro que no! En cuánto detectes que la persona que tienes delante quiere hacerte sentir mal, culpable por no avanzar según sus teorías, coge la dosis de autoestima que tengas en esos momentos, créeme que alguna tendrás… y cierra la puerta a que nadie te haga sentir que no haces, vales, luchas, logras…lo suficiente. 


Y ¿Después qué? 


Tienes varias opciones, aquí te muestro tres de ellas que forman una unión poderosa para empezar a recuperar la autoestima perdida.


Primera: Sé amable contigo misma, escucha tu diálogo interior y lo que te está diciendo. Con todo lo que ya sabes y lo que la vida te ha enseñado puedes volver a empezar a “trabajar” para aumentar tu autoestima. Pero recuerda, eres tú quién debe hacerlo. 


Segunda: Date otra oportunidad, sí, hay personas que son radicales cuando no les va bien con un profesional y caen en el pensamiento del todo o nada, “todos son iguales” “ninguno me hace nada” ¡Error! Para ese pensamiento destructivo que no te permitirá avanzar y empieza a crear uno constructivo que con tu propia ayuda y la de un buen profesional te lleve de verdad a sentir lo que es amarte verdaderamente.


Tercera: Y tal vez la más importante ¿Cómo vives la autoestima? ¿Cómo una meta? ¿Cómo un camino? Dependiendo de cómo la vivas irás encontrando la forma de sentirte mejor contigo misma, o por el contrario se convertirá en algo inalcanzable a lo que siempre tienes que llegar. 

 

Publicado la semana 1. 05/03/2020
Etiquetas
Reflexiones, Autoestima, Poder Personal
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