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Ray Bolton

Luismi y yo

Sofía me llevó a un recital de Luis Miguel. Había escuchado un par de temas suyos a regañadientes, pero no sabía que tenía tantos como para hacer un concierto de cuatro horas. Claro, yo me enteré de esto una vez hube entrado en el estadio, por lo que ya era demasiado tarde como para dar la vuelta y volver a la comodidad de mi casa. Además, iba a decepcionar a Sofía, a quien tanta ilusión le hacía el concierto...

Así que nos ubicamos en el campo, de pie, entre una muchedumbre ensordecedora que nos aplastaba contras las rejas. Llegué a preocuparme un par de veces ya que me ahogué de lo mucho que mi estómago fue empujado contra los barrotes. Por suerte, el día previo al concierto había agendado en mi celular los números de la polícia, la ambulancia y los bomberos. No crean que exagero, no podía arriesgarme a nada. No había ido nunca a un concierto y me habían dicho cada cosa...

Resistiendo como podíamos entre la heterogénea masa humana, logramos ponernos en puntas de pie para alcanzar a ver a Luis Miguel emergiendo sobre el escenario. Un ser gritó tan fuerte en mi oído derecho que dejé de escuchar y sólo oía un pitido agudo. Ya estaba amagando con agarrar mi celular y llamar al hospital, pero traté de calmarme. ¿Me vendrían a buscar los paramédicos hasta donde estaba? No lo sé, ese era su trabajo, el mío era sobrevivir a la maraña de personas hasta el fin del concierto.

Luego de un rato que pareció eterno, Luis Miguel empezó a cantar un tema que yo desconocía. Supliqué internamente que el tiempo pasara rápido, ya que detestaba profundamente su música y me encontraba en una absoluta incomodidad.

El vino es mejor en tu boca
Te amo es más tierno en tu voz
La noche en tu cuerpo es más corta
Me estoy enfermando de amor

¡Qué meloso! Sentí el estómago revuelto y ya no por los barrotes que lo oprimían, sino por las cursilerías que salían de la boca de este tipo. "¿Qué hago acá?", me pregunté repetidas veces en un mismo minuto. Miraba a Sofía con el rabillo del ojo y, al ver su sonrisa y cómo movía los labios al compás de la canción, me calmaba un poco y afilaba la paciencia. Estaría viviendo mi propia definición del infierno, pero al menos era con ella.

Su amor es como un grito
Que llevo aquí en mi alma y aquí en mi corazón
Y soy aunque no quiera
Esclavo de sus ojos, juguete de su amor

No es casualidad que, al tiempo que Luis Miguel entonaba la anterior estrofa, vi sobresalir por encima de las cabezas de la multitud una heladera con botellas de agua. ¡Ay, lo que daría por calmar la sed! Me preguntaba cómo hacía la gente a mi alrededor para cantar sin parar y no secarse completamente la garganta. Sin pensarlo dos veces, cedí mi lugar con un "ya vuelvo" y comencé a abrirme camino para llegar a las ansiadas botellas de agua. Las personas no estaban muy dispuestas a dejarme avanzar, por lo que pasé rápidamente de "permiso" a los empujones, en mi lucha por sobrevivir. Cuando estaba por llegar al vendedor, vi casi en cámara lenta cómo el codo de un desconocido se acercaba a una peligrosa velocidad a mi ojo izquierdo. Acto seguido, sentí el golpe y me desvanecí.

No culpes a la noche
No culpes a la playa
No culpes a la lluvia
Será que no me amas

Me desperté automáticamente con esta frase, claro, ¿cómo no? Si la había escuchado tantas veces con Sofía, quien la cantaba como si fuera un deleite, mientras yo la padecía. Fue como si mi cuerpo se sacudiera en su totalidad, ahí fue cuando me di cuenta de que me había desmayado. Me dolía horriblemente el ojo izquierdo. Una persona me preguntó si estaba bien, se ve que me había atrapado para que no cayera al piso del estadio y me atropellara la muchedumbre fanatizada. Le dije "sí, gracias" y busqué frenéticamente al vendedor de botellas de agua, pero lo había perdido de vista.

Cuando calienta el sol aquí en la playa
Siento tu cuerpo vibrar cerca de mí
Es tu palpitar
Tu recuerdo
Mi locura
Mi delirio
Me estremezco, oh oh oh!

De pronto, me frené en seco. Me paré en puntas de pie, observé a Luis Miguel en toda su gloria y tuve una epifanía: era mi cantante favorito. Tampoco consumía tanta música en mi vida privada pero, aún así, sentí una fuerte y repentina conexión con el artista. No sabía si era el impacto del golpe haciéndome delirar, tampoco importaba. Necesitaba volver con Sofía y manifestarle mi descubrimiento.

Si tú me hubieras dicho siempre la verdad
Si hubieras respondido cuando te llamé
Si hubieras amado cuando te amé
Serías en mis sueños la mejor mujer

Pronto comprendí que me había perdido y no sabía cómo encontrar a Sofía. Pensé en recurrir al celular, pero no iba a contestarme. Comencé a entrar en pánico, pero me calmé rápidamente al distraerme con la canción que sonaba. Ese era mi momento, sin dudas, ese era mi lugar. Tuve una fuerte necesidad de correr al escenario, trepar como pudiera y abrazar a Luis Miguel para expresarle mi amor, cariño y devoción, pero enseguida descarté la idea porque estaba usando la poca energía que me quedaba para mantenerme en pie. 

Si tú supieras lo que yo sufrí por ti
Teniendo que olvidarte sin saber por qué
Y ahora me llamas, me quieres ver
Me juras que has cambiado y piensas en volver

Al cabo de lo que parecieron horas, pude identificar a lo lejos la reja contra la cual me aplastaba la multitud y reconocí a Sofía. Era inconfundible. Corrí, en mi desesperación, hacia ella. No veía nada más, la gente a mi alrededor era sólo un obstáculo que atrasaba la llegada a mi objetivo. Una vez estuve a su lado, me miró y gritó algo que no pude escuchar, no sé si por mi sordera momentánea producida en mi oído derecho o porque la canción inundaba mi ser hasta lo más profundo y no era capaz de oír otra cosa. Asumí que preguntó por mi ojo golpeado, cuyo aspecto ignoraba, así que opté por decirle que me encontraba bien y estaba disfrutando el concierto. Se alegró tanto que hizo que todo valiera la pena.

Si no supiste amar
Ahora te puedes marchar

Ahora sí, entre una explosión de fuegos artificiales y la lluvia que comenzaba a caer sobre el estadio, Luis Miguel se retiró del escenario. Grité como si no hubiera un mañana, como si todo lo experimentado en mis años de vida culminara en ese momento. Me sentí en el nirvana. Hice contacto visual con Sofía y comencé a llorar de emoción. Nos retiramos del estadio y, una vez estuve en la comodidad de mi casa, me dediqué durante toda la noche a agendar los próximos conciertos de Luis Miguel.

Sofía me sugirió que fuera al médico para que me revisaran el ojo y chequearan que no tuviera una contusión en el cráneo, pero me negué. Era feliz y no iba a dejar que nadie me lo impidiera.

Publicado la semana 5. 28/01/2020
Etiquetas
Luis Miguel, Amiga, Delirio
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