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Ray Bolton

Recursos escasos

- Pero qué canilla de mierda, ¡no sale nada de agua y tengo las manos llenas de jabón! Me cansé de los baños públicos, nunca más.

- Disculpame, ¿tendrás algo de papel? Me olvidé de traer y estoy apurada.

- Esperá, esperá. ¿De casualidad tenés una botella de agua? Me quedé con las manos enjabonadas y no sé qué hacer. Si tenés, me salvás.

- ¿Cómo? No, no tengo agua… Vengo del trabajo, me olvidé la cartera ahí y debería ir a buscarla. 

- Bueno, pero no puedo quedarme mucho tiempo porque tengo que ir al cine a ver una película que empieza en diez minutos. Por favor, apurate.

- Bueno, pará, hagamos una cosa. Salí y pedile a algún mozo si tiene algo de agua. Lo vamos a solucionar.

- Mirá, la verdad es que ya me va a empezar la película, así que dejá, voy a sacarme el jabón con papel. Uy, carajo, hice un enchastre. ¿Me ayudás? Se me cae todo.

- ¡Pero la concha de la lora! ¡Mis cosas, nena!

- Pero, ¿qué querés que haga? Estoy haciendo malabares prácticamente, encima sigo con las manos enjabonadas porque este papel finito de shopping no limpia nada. ¡Estoy harta!

- Ay, pero qué rencorosa, todo por no querer ir a pedirle agua a un mozo.

- ¿Eh? ¿De qué mozo me estás hablando? ¿Venís del patio de comidas del shopping? Entonces seguro que tenés agua, ¿por qué no me la das?

- ¡Porque no tengo! Te lo vengo diciendo desde el principio.

- Ah, no. Listo. Mirá, si fuera por mí, desde un principio no estaría en este baño siquiera. ¿Sabés qué pasa? Cada vez que voy al cine me pongo nerviosa y me dan ganas de ir al baño antes, ¿qué voy a hacer? Está bien, no me des agua, ¿no tenés pañuelitos por lo menos?

-No. El único pañuelo que tengo es de tela, me lo regaló mi abuela.

- Bueno, disculpame, pero no estoy para cosas sentimentales ahora. Es un día de mierda, ya estoy llegando tarde a la película, que tampoco me interesa tanto. Ah, es lindo el pañuelo, ¡te lo compro!

- ¿Vos estás loca? Es lo único que me queda de ella. Limpiate el orto con otra cosa.

- ¡¿PERDÓN?! ¿A quién le hablás así? ¿Quién te pensás que sos? Nena consentida, encima de que te ofrezco pagarte, me insultás. Mirá, mirá cómo te lleno de espuma el pañuelito de tu abuela.

- ¡Me arruinaste el pañuelo, loca! Les voy a avisar a los de seguridad.

- Amiga, qué exageración, ¡por un pañuelo! Me podrías haber dado agua para lavarme las manos hace quince minutos y ya estábamos. Pero no, la tenías que complicar. Si llamás a los guardias, yo llamo a mi abogado.

 

< Con la colaboración de Sofi Col >

Publicado la semana 42. 18/10/2020
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