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Ray Bolton

Lucía con Sofía, contradicciones de cada día

Hoy me fui a hacer un jugo de naranja a la cocina. Fue el único momento relajante de mi día.

 

Vimos juntas a los chicos reírse a carcajadas de un ciempiés.

 

¡Lo que me faltaba! Ni siquiera tuve energía para pegar un grito, el cansancio inundó mi cuerpo. Me quedé en silencio observando cómo el tenebroso insecto se deslizaba por la pared de mi cocina.

 

Los sapos querían meterse en la habitación y nosotras temblábamos de miedo. Los chicos no nos escuchaban, sus risas aumentaban. Entonces saltamos a la cama.

 

Me enterré en un sueño profundo, claramente la mejor parte del día. Soñé con insectos y bichos raros, pero lo peor fue cuando se me apareció aquello que menos esperaba.

 

Los sapos se habían comido las galletas. 

 

Me desperté y me sentí fuera de mis cabales. ¡Con lo que me gustan los dulces! Me dieron ganas de hacerme otro jugo de naranja, pero recordé al horripilante insecto que había tomado mi cocina, por lo que decidí quedarme en mi habitación y encerrarme.

 

Esa era la última opción que tenía. La puerta del living estaba al lado. Miré a Lucía y cerré la puerta. Ella siguió gritando, percibí más atenta el croar de los sapos y la risa de los chicos quedó lejana a mis oídos.

 

De pronto, dejé de oír. Un pitido fuertísimo comenzó a aturdirme. En un arrebato de locura, salí de la habitación y corrí escaleras abajo, hasta la puerta que da a la calle. Dudé por unos segundos si abrir o no, pero me decidí ya que sentía que iba a perder los tímpanos. Salí a la calle.

 

Me senté en la vereda y ahí me quedé, hasta que una paloma me sobrevoló por la cabeza y me cagó.

 

- ¡PALOMA DE MIERRRDA! - grité en medio de mi locura. Miré hacia arriba pero no había ninguna paloma, pajarito o ave de ningún tipo. ¿Lo imaginé? El pitido de mis oídos ya no molestaba tanto, así que me senté en el piso a llorar.

 

Los sapos, la paloma y los chicos habían arruinado mis vacaciones con amigos.

 

Me emocioné, así que me levanté del piso y corrí a la casa de mi mejor amiga para decirle que hiciera las valijas en ese mismo momento. Nueva York, Tokio, no importa a dónde, ¡me quería ir de esta ciudad con sus insectos espantosos! Cuando llegué a su puerta, con respiración entrecortada, toqué el timbre.

 

Silencio… Croac, croac...

Publicado la semana 39. 29/09/2020
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