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Ray Bolton

Objetos Voladores No Identificados, parte II

Estuve a las ocho en punto en la entrada del pueblo. No daba más de la emoción, estaba preparada para reírme y maravillarme ante las creencias insólitas de la gente. Apenas llegué, la guía me pidió $100 por la excursión, lo que me pareció un afano, pero tuve que resignarme ante su insistencia. Me aseguró que los eventos que ocurren en el Uritorco son patrimonio de la humanidad.

Al cabo de 15 minutos, ya había llegado el resto del grupo -dos personas más- por lo que nos sentamos en la pequeña y destartalada combi que nos llevaría al cerro, el cual se encuentra a 4 kilómetros de Capilla. El viaje fue corto pero infernal, la combi se tambaleó durante todo el trayecto debido a las piedritas desparramadas por el camino. Pensé que no podría estar peor.

A las nueve de la noche nos encontramos en la base del Uritorco. La subida sería de tres horas aproximadamente, por lo que llegaríamos a medianoche para presenciar el acto intergaláctico. La escalada fue tranquila, silenciosa, ya que todos estaban emocionados. Estuve segura de que deberían estar imaginando lo que le dirían a los ovnis si llegasen a “presentarse”. 

 

Ya a medianoche, casi estábamos en la cima. La guía, una señora menuda que usaba bastón, llevaba dos trenzas en el pelo y vestía un largo poncho, comenzó a contarnos sus experiencias extrasensoriales.

- Yo antes no creía mucho, pero en realidad sí creía. Después me di cuenta, cuando los vi. Ahí me enseñaron a hablar irvin, un idioma intergaláctico. Actualmente lo considero mi lengua materna.

Mientras me compadecía de la delirante señora, llegamos a la cima del cerro. No me había cansado en absoluto, moría de emoción por ver cómo justificaría la guía la aparición de los ovnis. De pronto, vi a la mujer parar su marcha de golpe, haciendo seña de silencio.

- En este momento se van a acercar dos naves, por la izquierda. Es la energía lo que podemos ver, no el platillo. Prepárense, es una noche de ovnis.

Efectivamente, observé cómo por arriba de las copas de los árboles aparecían unas luces de gran tamaño e intensidad. Traté rápidamente de dar una respuesta lógica a lo que veía, pero no lo logré. No podían ser autos o camiones, el camino había quedado mucho más abajo. No podían ser linternas, ninguna es capaz de producir semejante brillo, y no había nadie más en el cerro aparte de nuestro grupo. Empecé a dudar de toda la educación que recibí a lo largo de mi vida, y pronto tuve la mente en blanco. Vivía sólo para este momento.

No sé por qué ni cómo pero, mentalmente, le pedí a los seres interestelares que se acercaran. ¡Y lo hicieron! Las ovniluces se posaron a unos 100 metros sobre nuestras cabezas y proyectaron sobre el grupo un haz de luz brillante. Lo curioso es que no nos afectaba la visión. También fue sorprendente que no nos abdujeron. En medio del acontecimiento, algo comenzó a cocinarse en mi cerebro: era una orden. Me estaban pidiendo telepáticamente que construyera un ovnipuerto en Buenos Aires. La idea me pareció completamente lógica ante el poder y magnitud de estas divinidades, por lo que respondí inmediatamente que sí.

La guía observó con orgullo cómo caía en las garras de las creencias místicas, me tendió la mano y dijo:

- ¿Querés cantar?

- Sí. Yo canto en la ducha y en cualquier lado - respondí, orgullosa.

Comencé a cantar mi tema favorito de Peces Raros, que tanto me hacía pensar en aquellos mágicos seres.

 

"Y en tu desazón yo me recuerdo

Sombras que se esconden en el aire

Oh, no van a parar

Nadie va a parar

No vas a parar

Y en tu corazón ya no es de noche

Nadie más espera por nosotros

Y en tu corazón una bandera

Nadie nos espera, nadie nos espera"

 

Mientras cantaba, mi voz sonaba maravillosamente bien, con ese eco único que ofrecía la naturaleza. Cuando terminé, todos estábamos llorando tomados de las manos, las luces desaparecieron y se hizo un silencio sepulcral. De pronto, en medio de la oscuridad total, se empezó a encender el Uritorco. Por arriba de los árboles salieron al menos veinte naves, iluminadas como bolas de fuego. Nos rodearon e hicieron lo que parecía una coreografía divina, una danza ancestral. Fue una revelación y, definitivamente, el mejor momento de mi vida.

Me desperté al día siguiente, muy temprano, en la cama del hostel. Había dormido mejor que nunca, sentía una paz interior que jamás había alcanzado viviendo en la ciudad. Ese mismo día decidí abandonar mi vida porteña e instalarme en Capilla del Monte. Algún día construiría el ovnipuerto en Buenos Aires que me habían pedido los extraterrestres, pero primero quería dedicarme a estudiarlos minuciosamente y dar respuestas a lo sucedido, por lo que me postulé como investigadora en el Centro de Informes OVNI. Fui aceptada inmediatamente ante la falta de personal.

 

Seis meses después...

 

Estaba sola en la cima del Uritorco, mi lugar favorito en el mundo. Mi templo. Observaba lo que pensaba que eran Las Tres Marías, pero pronto me di cuenta de que eran tres naves. Las saludé con emoción:

- ¡Wamanaica shimininca! - significa “en este encuentro te honro, señor”, en idioma intergaláctico irvin. Mis adoradas ovniluces respondieron aumentando su brillo y moviéndose en círculos como si estuviesen jugando. Luego desaparecieron. Me quedé parada sola en mi jardín sonriendo por una hora al cielo.

Publicado la semana 38. 19/09/2020
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Música de fondo: https://www.youtube.com/watch?v=zxOYsVd8KhY&ab_channel=PecesRaros
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