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Ray Bolton

*show time*

Se apagan las luces.

Estoy arriba, casi flotando. No veo nada.

Olvido que estoy acompañada. Estoy conmigo.

Hay un silencio total, pero percibo un sonido. Mis latidos. Me aturden, es lo único que
escucho, lo único en lo que puedo pensar.

Pasan unos segundos antes de que empiece la música, pero ya estoy en personaje. Creo
que nunca dejé de estarlo.

Respiro hondo y siento cosquillas en el estómago, la vieja y conocida adrenalina.

Sé que este momento es mío. Y que lo tengo que vivir sola.

Empieza la música y me tapo los ojos, no hay público, soy sólo yo misma flotando en la
nada.

Suenan lentamente las teclas del piano y, siguiendo el ritmo, mi mano se desliza por
mi cara.

Cuando abro los ojos reconozco mis pies sin suelo donde pisar, mi cuerpo sobre un
columpio suspendido en el aire, una luz casi divina que me delata en medio de la oscuridad.

Este es mi lugar y esta soy yo. No dudo de quién soy.

La música deja de ser instrumental cuando comienza a sonar la voz, avisando que llegó el
momento de moverme.

Abro el elemento que me acuna, metiéndome por el medio lentamente, exagerando cada
movimiento como una pincelada.

Diviso algunas sombras observándome, más allá de la luz.

Metros por debajo mío, mis compañeras también observan. Me cuidan y acompañan.

Pero yo ya estoy desconectada de mis alrededores. Y conectada conmigo.

De pronto, somos sólo yo, la música y el elemento.

Pienso y no pienso, soy y no soy consciente.

Mi cuerpo se mueve solo, al compás de la música, el elemento sigue mis movimientos,
olvido mis pensamientos. Sentir es más fuerte.

Presencio el momento desde afuera y desde adentro, soy espectadora y artista.

La música me posee y yo a ella.

El cuerpo ya no pesa, es ligero. La mente ya no piensa, se relaja.

Me arrojo al vacío, no tengo miedo. Vivo el momento.

Se intensifican las cosquillas en el estómago.

Estoy viva.

Publicado la semana 28. 06/07/2020
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Género
Poesía
Año
I
Semana
28
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