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Ray Bolton

Por favor, no vuelva

CLAUSURADO

Por favor, sepa disculparnos.

 

Cuando pasé caminando apurado, no vi el anuncio, sólo noté de reojo que la puerta del local estaba cerrada. Tres metros más adelante, frené en seco. Me di cuenta de que era la primera vez que el bar estaba cerrado en los cinco años que llevaba abierto, lo cual me pareció muy extraño, por lo que volví sobre mis pasos para encarar la puerta del lugar.

Efectivamente, lucía ante mí un cartel blanco y pequeño con aquella inscripción, dejándome totalmente confundido. Había estado el día anterior en aquel bar, que tan bien conocía y que tantas noches de diversión me había dado, por lo que me resultaba inentendible cómo lo podían clausurar de un día para el otro, sin aviso. Conocía a todos los trabajadores del local y ninguno había comentado nada sobre un posible cierre. No comprendía qué excusa podían tener los dueños. Pronto recordé que me dirigía al trabajo, por lo que comencé a caminar, mirando hacia atrás, hacia aquel cartel misterioso, que con sus pequeñas e insignificantes letras me había quitado la esperanza de disfrutar mi almuerzo, cena y trasnoche en ese magnífico bar, como solía hacer.

Tuve una intensa semana de trabajo, por lo que no volví a chequear el estado del bar durante varios días. Sin embargo, no me había podido sacar de la cabeza su repentina e inexplicable clausura, lo que me llevó a llamar por teléfono a varios conocidos que trabajaban allí. Pero la misión falló: no me respondió absolutamente nadie. Estaba desconcertado.

Pasados unos días, había logrado descomprimir un poco mis tareas, por lo que aproveché un hueco de tiempo que tenía para correr hasta la puerta del bar. Necesitaba entender qué había pasado. Lo que vi cuando llegué me dejó atónito. El cartel estaba, pero había cambiado su inscripción.

 

EN REPARACIÓN

Por favor, sepa disculparnos.

 

Olvidé rápidamente que tenía que volver a trabajar, y me quedé observando durante varios minutos el cartel. La situación carecía completamente de sentido. ¿Por qué ahora habían decidido reparar el bar en lugar de clausurarlo? ¿Por qué lo iban a clausurar en primer lugar? ¿Qué había que reparar? Conocía a todos los trabajadores del local y ninguno había mencionado nada sobre una falla en la estructura del edificio, ningún problema cloacal, ningún mueble que faltara. Entonces, ¿qué estaba pasando? Miré a través del vidrio, el bar estaba intacto y reluciente, claramente no estaba en reparación. Me alejé, cabizbajo, en camino hacia el trabajo.

Pasaron algunos días más, en cierto punto llegué a perder la cuenta, entre el trabajo duro y el desconcierto ante la situación del bar, me sentía agotado. Un día me paré en plena jornada laboral y me retiré del edificio. Necesitaba regresar al bar, mi bar, y ver si habían avanzado con las reparaciones. Llegué y, sin sorprenderme ya, leí la nueva inscripción que contenía el cartel en la puerta.

 

CERRADO POR EVENTO

Por favor, sepa disculparnos. 

 

En este punto, la situación comenzó a irritarme y desesperarme. Necesitaba sentarme en mi bar. ¿Cómo podía ser que de repente no me dejaban entrar más? El bar estaba vacío pero igual que siempre, lo veía a través del vidrio. Decidí abandonar mi día de trabajo y acampar frente al bar durante toda la noche, necesitaba ver con mis propios ojos el evento que se llevaría a cabo. Sin embargo, no pude hacerlo ya que, apenas comencé a instalar la carpa, la policía vino a reprocharme. Me retiré frustrado, pero decidido a regresar al día siguiente.

 

CLAUSURADO

Por favor, sepa disculparnos.

 

Cuando vi esa inscripción al día siguiente, la desesperación se apoderó de mí.

...

El pobre no tardó en enloquecer, deliraba y soñaba con el bar, cerraba los ojos y representaba en el medio de la calle los recuerdos que tenía de sus infinitas noches en aquel lugar. Fue internado en un psiquiátrico a los pocos días, al ser encontrado intentando trepar por los vidrios del bar, para "llegar a la ventana y meterme por ahí, porque necesito estar en mi bar y ver a mis amigos, es mi bar, ME QUITAN MI BAR", gritaba de forma angustiante.

Apenas cerraron las puertas de la ambulancia y ésta se fue, la puerta del bar se abrió.

-Chicos, ya está, ya se lo llevaron.

-¡Por fin! No puedo creer que aguantamos tantos años a ese tipo.

-Yo lo que no puedo creer es que nunca lo denunciamos. Este hombre jamás dejó propina, y después venía a hacerse el amigo.

-A mí me tenía cansada hace años, pero no sabía qué hacer, cada noche que venía a trabajar, el tipo estaba acá. Cuando me quedaba después de horario limpiando, él no se quería ir y me seguía sacando conversación.

-De sólo pensarlo me dan ganas de sacar la escopeta. Este hombre contaminó nuestro bar con sus impurezas una y otra vez.

-Bueno, tampoco le demos tanta entidad. Era un pobre tonto, pero un pobre tonto que teníamos que tolerar todos los días.

-¿Qué pobre? Si el tipo está lleno de plata y aún así nunca nos dejó propina, ocupaba todas las mesas del bar con sus cosas, molestaba a los demás clientes, pedía que le hiciéramos platos fuera del menú y se quedaba emborrachándose hasta altas horas de la noche, impidiendo que cerráramos.

-Chicos, podemos relajarnos. Ya obtuvo su merecido.

El personal del bar volvió a su trabajo, y el mesero colgó el cartel en la puerta.

 

ABIERTO

Publicado la semana 26. 28/06/2020
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