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Persefone

Girasoles

Los girasoles nunca fueron mis favoritos hasta que tú me hiciste amarlos como a ti; para mi no fue difícil, contigo nunca lo era, tan solo bastaba una sonrisa para dártelo todo, una palabra para hechizarme. Tenias todo el poder que prometí nunca darle a nadie, aun me aterra como todo lo daba por ti; te regalé mi alma en una caja dorada y con ella construiste nuestro hogar.

He guardado cada uno de tus regalos, extraños objetos sin sentido ante los ojos desconocidos, nuestra historia en pequeños papeles sueltos y aromas tatuadas, una que solo tu y yo sabemos leer. Una hoja de naranjo en una esquina por aquel día que nos perdimos en el camino, boletos de las películas que nunca vimos por ir a buscar ese libro que amo. Aquel girasol que nunca se ha marchitado de aquel día que me prometiste un amor que duraría para siempre, lo que para siempre fuera para nosotros.

Nunca me atreví a decirte, pero desde que te fuiste dure muchas noches intentando odiar tus girasoles. Hablábamos todo el tiempo, desde mensajes, fotos sin sentido o conversaciones a las 3 de la mañana viendo el cielo desde mi ventana; últimamente conversaciones viendo un cielo sin respuestas, aun así, no tuve el coraje de gritarte, de admitir que su dulce aroma me resultaba ahogador, un verano que nos fue arrebatado. Sus vivos colores me recordaban a mis propios azules de adiós.

Tu sentido del humor fue siempre mi cosa favorita, una risa en el infierno, por eso me pareció tan cruel como los girasoles seguían creciendo en nuestro jardín, aquellos que nacieron de nuestro primer para siempre. Como el mundo siguió casi me enloquece, nuestra historia había encontrado su fin muy pronto, pero eso no detuvo nuevas de ser escritas, vestida de gris aun la luz de mis ojos reflejaba colores.

El otoño dio paso a un invierno más frio y la primavera me obligo a florecer con ella.

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Quisiera decirte que todo es perfecto, que he vuelto a usar ese amarillo y azul de sábado, pero el crecer del dolor toma su tiempo, como repongo el equilibrio si se me ha robado hasta el aire que respiro.

Mas si te cuento que he vuelto a sonreír, una briza alegre corrió de mis labios mientras miraba la televisión y ya no lloro cuando pienso en ti.

Los girasoles no son aun mis favoritos, las margaritas que crecieron de mis propios huesos rotos robaron de ellos su luz, pero aun su dulzura guarda un lugar en esa caja dorada del alma que logre construir, ese aroma a verano que me recuerda a ti; ahora cuando los miro sonrío sin darme cuenta al cielo sigo su dirección que se estará apuntando al sol y se que en ese sol estarás tú, cuidando nuestro para siempre.

Publicado la semana 35. 29/08/2020
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Género
Poesía
Año
I
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35
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