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Persefone

Chavelita

Hoy encontré una carta de mi madre. La encontré escondida entre las flores secas y fotos con filos letales; entre las paginas de su libro favorito y recuerdos de tiempos mejores.

En esa carta ella me contaba todo lo que su educación católica le enseño a callar; entre sus palabras, comas y puntos escondido sin saberlo, encontré todo aquello que su alma una vez coincidió con la mía. Un cariño limitado a una cuartilla sin espacio para las diferencias entre su escritura y la mía. Su historia y la mía.

Mientras leía esa carta, escrita en una hoja del cuaderno que mantiene mi mama junto el teléfono de la casa, me alegro de poderme aun perder en sus letras, aquella forma que tiene de escribir, letras perfectas que pase tardes memorizando, imitando; una forma que nunca fue natural para mi pero que me esforcé tanto en recrear, en volver mi realidad, que incluso hoy - años después de que mi naturaleza salpicara su tinta en la foto familiar y detuviera en seco sus palabras hacia mí- es tan parecida a la mía.

Mami. Esta carta tiene tanto tiempo entre mis manos, sus orillas se han perdido en esta casa que una vez creíste conocer, esa casa que es mi cuerpo, ese cuerpo que una vez protegiste con tu vida y ahora niegas de su impureza.

Esta carta tiene tu nombre en la esquina, justo debajo de un lejano “Te Adoro”. Esta carta es la que mantiene la última verdad que deseo hubiera salido de tus labios. Esta carta que vino antes que los gritos y la indiferencia hacia esta niña que tiene tu misma letra, tú mismo nombre.

Esta carta me recuerda el amor que un día sentiste por mí; ese ultimo Te Adoro es lo único que evita que estas flores y este libro se conviertan en pasado, porque mientras la tinta en este papel sea visible puedo seguir creyendo que tú, en esa letra y esa firma, aun me amas.

Publicado la semana 31. 30/07/2020
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Género
Poesía
Año
I
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31
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