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Peregrina Flor

Claveles blancos

 

 Naciendo yo, todos los claveles son blancos.

Marcando claras diferencias universales.

 

Si ellos me ven desde arriba yo estaré disimulando, no pensando.

Estudiaré tecnología, pintaré al carboncillo, pasearé por la terraza de mi casa porque los que habitan en las plantas altas quieren ver mi espectáculo que es disimulo, no lo dudo. 

Subo y subo y el escultor se muere, subo y subo y un día seré basura. Subo, pero no para estar con ellos, subo dentro de mi cuerpo porque me recupero, gano deseos de vivir, salud y es todo un misterio que me cuesta entender. No se darán cuenta, no sabrán pues son la oscuridad total, desconocen que “el día que nací yo, nacieron todas las flores”. 

Ignoran que algún día saldré corriendo como el gato Lukas y treparé por los árboles moviéndome entre sus ramas. Me alejaré para siempre, no sabrán que soy “la fiera”, “la insensata”, “la violenta”, “la mala cristiana cenicienta”, “la que odia las cruces pero convive con una en su cadena desde que era pequeña”, tampoco me gustan las misas aunque sean cantadas y siento amor por la virgen siendo este un sentimiento que circulará por mi sangre hasta la muerte pierda lo que pierda por quererla tanto.

No soy santa, no soy dulce, no soy frágil tampoco. No me rompo, no me apago, no me hundo, no no no. No me vencen las palabras, pero no me gusta que me tiren ni me empujen. 

Soy confusión, ignorancia, ciencia cierta y ¿tolerancia?, no no no.

Sur que esperas a los que son como yo, no seas torpe, no seas necio, no flaquees y ábreme tus brazos de nuevo, que soy yo y nos conocemos. Me extrañaste, te extrañé, perdona las malas palabras que he dicho de tí, fueron los malos recuerdos los que movieron mi lengua, el rencor por las muertes inesperadas, equivocadas, que vieron apagar su luz un día sin castigo, sin ley.

Te cogeré con fuerza, nos conoceremos más, tus gentes deben aprender a racionar sus sentimientos y olvidarse de los contratos de la muerte, de apuntar con el dedo a los elegidos escribiendo en un papel su nombre y apellido, la cifra a pagar, el día de la muerte que hará desaparecer al desafortunado ser. No, no no.

Iré hacia tí, pero cuando me vaya, no quiero ni una lágrima por mí. Tampoco quiero que me lleven flores que para eso ya estoy yo. Única e irrepetible.

No me extrañes, no me busques, no me reces, déjame descansar en paz, lejos muy lejos... no sé donde, no en el sur. Será entonces cuando podré volver a ver a mi gata Minia que murió el 28 de julio y a la que quisimos  mucho, hasta los extremos, más allá de las galaxias, los tiempos y las circunstancias de cada cual. Hasta el infinito y más allá de el.





 

Publicado la semana 13. 23/03/2020
Etiquetas
La vida misma , En cualquier momento
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