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Odiseo

Jablas

Enzo miro hacia el cielo para rezarle una plegaria a los tres dioses de su pueblo, al dios de la sabiduría le pidió consejo, al dios de la guerra le pidió fuerza y al dios de la luz que lo proteja. Siempre hacia sus plegarias antes de la batalla y siempre les pedía lo mismo que pudiera llevar de vuelta a sus hogares a la mayor parte de sus hombres.

Tomo esa costumbre después que en la ultima guerra los hombres del desierto lo emboscaran en el valle rojo y masacraran a casi todo su ejercito. Esa batalla había sido su prueba de fuego y era su gran mancha pero desde entonces rara ves cayo derrotado en batalla y sus hazañas fueron desde matar al gran paladín de las arenas en combate singular y capturar a  su rey hasta de matar al ultimo gran caudillo de los jablas.

Cuando termino su plegaria bajo la vista y analizo a su enemigo, debían ser entre ochocientos y mil jablas formados sin el menor orden y sentido de disciplina, esperando a que su caudillo diera la orden de atacar, usaban hachas, lanzas y espadas de dos manos la mayoría de estas armas que sus ancestros habían robado y que ahora estaban a medio oxidar, no llevaban armadura excepto por unas protecciones de madera que llevaban algunos.

Cuando termino de ver a su enemigo miro a su ejército compuesto de veteranos de las guerras en el desierto y de su campaña de venganza contra los jablas, todos estaban en formación, en armadura completa y con sus respectivas armas acorde a su función en el ejército.

Había posicionado a los piqueros en el centro con hombres en armas a cada lado, atrás estaban los arqueros y en los flancos la caballería el izquierdo con los mercenarios de Hross al mando de su hermano, Alonso, y el derecho con los caballeros del Lago comandados por el. Debía contar con unos dos mil hombres, pero sabia que no debía subestimar a su enemigo ya que los jablas se lanzaban como jabalíes sobre sus enemigos y con sus brazos y piernas tan gruesas como troncos capases de aplastar a cualquier enemigo, y sus colmillos capases de atravesar el acero podían comerse de un bocado a un caballero con armadura completa.

Que la infantería avance hasta que esas bestias estén a alcance de nuestros arqueros y que mi hermano lance una falsa carga sobre su flanco derecho y que después se retire hacia el sur- ordeno Enzo ya acostumbrado a luchar contra esos monstruos.

Si mi príncipe – contesto el mensajero y al instante galopo para transmitir las ordenes. Normalmente se usan señales, trompetas y tamborees para transmitir ordenes como aquellas, pero Enzo prefería los mensajeros ya que podían transmitir las ordenes precisas y sin alterar al enemigo, aunque tardaban más y siempre corría el riesgo que lo mataran.

No paso mucho tiempo para que los infantes empezaran a avanzar y los gritos de los oficiales rompieran el silencio repartiendo las ordenes. También los mercenarios de Hross habían empezado a avanzar primero a paso lento después a trote y finalmente cargando.

Enzo por un momento se distrajo viendo su estandarte, una estrella dorada de tres puntas sobre un fondo rojo. También se quedo viendo los escudos de sus caballeros algunos con la estrella, pero la mayoría llevaba su propio escudo de armas. Escudos que hace quinientos años se habían ido del lago siguiendo a sus ancestros para forjar el reino más grande de los hombres, claro que algunos de esos nobles descendían de reyes que se habían opuesto a su conquista pero que eventualmente habían doblado la rodilla.

Mi señor mire- dijo Ruy mientras señalaba al campo de batalla. Al ver el campo vio que sus infantes habían hecho como había ordenado y mantenían la posición mientras los jablas se abalanzaban sobre ellos, pero su caballería seguía en combate y lejos de retirarse se estaban abriendo paso hasta el corazón del ejercito enemigo.

Mierda Alonso ¿no podés seguir una orden? – maldijo a su hermano en un susurro para que nadie lo escuche- seguidme- ordeno a sus hombres y salió disparado sobre las filas enemigas seguido por ochocientos de los mejores caballeros del reino.

Al pasar junto a la infantería les ordeno cargar y a continuación ataco el centro enemigo llegando a atravesar a dos jablas con la lanza antes de que se le rompa y después saco su maza y se dedicó a romper las cabezas de los jablas. Su objetivo era llegar hasta el caudillo jabla y matarlo junto con cualquier otro líder y hechicero que se encuentren.

No fue muy difícil encontrar a su líder, ya que estaba rodeado de lanzas con cabezas clavadas de todo ser imaginable, pero lo difícil era llegar hasta él ya que se encontraba rodeado de su horda cosa inusual entre los jablas que simplemente se lanzaban al combate. Enzo siguió avanzando buscando combate con el caudillo, pero golpe a golpe se fue alejando de su propia guardia personal. Cuando ya casi llegaba hasta las cabezas que usaban como estandarte un jabla ataco el cuello de su caballo comiéndose la mitad de este de un bocado.

Cuando el caballo callo Enzo quedo atrapado bajo el peso del animal y en ese preciso instante supo que iba a morir. Levanto la cabeza para ver su verdugo un gran jabla de piel amarilla con manchas verdes, indicando su vejes, grandes ojos color rojo sangre y de la gran boca le caían chorros de sangre. El viejo jabla agarro la maza del príncipe y se dispuso a matarlo cuando algo se lanzó sobre el derribándolo.

Enzo al mirar vio a un gran hombre cubierto con pieles de animales y un casco de acero sin adornos levantándose y a sus pies el jabla que momentos antes amenazaba su vida. El gran hombre levanto el escudo y después desenfundo la espada del grueso cuello del jabla y se dispuso a defender a su príncipe de una docena de esas bestias.

Mientras que el fiero guerrero abatía enemigo tras enemigo empezaron a llegar más hombres vestidos como él y a medida que iban llegando fueron formando un muro con sus anchos escudos redondos. Parecía increíble como ese grupo de hombres podía resistir a toda la furia de los jablas, pero lo cierto es que esos hombres tampoco parecían humanos luchando como bestias sin miedo. Eran hombres de los clanes del norte pertenecientes a poblaciones conquistadas una generación atrás y que apenas habían adoptado unas pocas costumbres de sus conquistadores. Estos en concreto pertenecían al clan Bu el más poderoso de los clanes conquistados también los últimos en ser puestos bajo control de Stjarn.

Él había puesto a Owen Bu al mando de la infantería junto a todos sus hombres y el resto de los nórdicos por lo que no podían ser otros. Eso solo aumento la sorpresa de Enzo ya que la infantería estaba atrás de la caballería sin embargo hay estaban los nórdicos llegando de uno en uno mientras los caballeros del Lago no aparecían.

Finalmente, los nórdicos empezaron a avanzar paso a paso mientras llegaban más hombres, muchos eran milicianos del sur, también llegaron finalmente sus caballeros muchos ya desmontados y otros pocos a caballo. El que más se destacaba era Roy, uno de sus mejores caballeros, que espada en mano no paraba de cortar cabezas mientras su caballo atropellaba a todos los jablas.

-Ayuda- grito Enzo que no tuvo que repetir la petición gracias a unos milicianos que sacaron el caballo de encima y posteriormente lo ayudaron a ir hacia retaguardia. Uno de los caballeros que lo reconoció se acercó y le ofreció su caballo.

-No, ve con Roy y dile que persiga a los jablas pero que no se meta en el Gran Bosque- ordeno antes de retirarse, pero no antes de echar un último vistazo al campo donde los nórdicos seguían matando a los jablas mientras estos se retiraban asustados por la furia de esos hombres.

Publicado la semana 50. 13/12/2020
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