05
Odiseo

Tracatos

Los jinetes se lanzaron sobre el poblado prendiendo fuego las casas de madera con techos de paja mientras se adentraban a toda velocidad. Varios de los campesinos sacaron mosquetes, arcabuces, pistolas, cuchillos, algunas espadas, hachas o cualquier cosa que pudiera matar a un hombre. Su descoordinada defensa fue respondida por una ráfaga de disparos de los jinetes que después cargaron con sus espadas desenfundadas. Pronto las calles de tierra se llenaron de sangre creando un barro rojizo. Varios de los soldados se distrajeron saqueando lo poco que tenían esos hogares o atrapando a las mujeres, ya fueran jóvenes o viejas. Las mujeres más afortunadas trataron de escapar junto con los niños dejando, entre lágrimas, a sus hermanas y madres mientras esposos, hermanos, padres se sacrificaban para darles tiempo de escapar a esos pocos. Armia estaba entre esas pocas afortunadas llevando a su joven hermano, Trancrato, de doce años por el brazo. Trataron de huir por los campos de trigo esperando que este los ocultara.

 Trancrato no paraba de mirar atrás donde la columna de humo negro crecía junto a los gritos y lamentos. Su cara estaba cubierta de tierra con surcos de las lágrimas que le caían de sus ojos rojizos. Cada tanto tiraba su brazo en un intento de zafarse para volver corriendo y salvar a su madre. Cada vez que lo hacia su hermana se volvía dándole una cachetada mientras gritaba cosas que él no llegaba a entender entre todo ese caos. Hace unas pocas horas su vida era pacífica a pesar de que su padre estuviera combatiendo en un frente de batalla para él lejano. Ahora su casa estaba ardiendo, no sabia donde estaba su madre y estaba huyendo de hombres vestidos en acero.

 Algunos de los jinetes continuaron persiguiendo a los que huían matándolos apenas los alcanzaban. Uno de ellos logro ver a Armia asiéndose paso en el trigo, fue un instante, pero fue suficiente para distinguir su esbelta figura. No dudo en aplastar las cosechas en dirección a la hermosa chica. Los hermanos no advirtieron el peligro inmediato hasta que escucharon un disparo cercano y vieron sangre manado del hombro de Armia. El impacto la dejo en el piso retorciéndose de dolor mientras la sangre manchaba su vestido. Sabiendo lo que pasaría miro a su hermano con lágrimas en los ojos.

 -Corre, huye de este lugar maldito, trata de llegar a la ciudad de Cruce de Ríos y busca refugio – le dijo entre sollozos. Al ver que su aturdido hermano no alcanzaba entender lo que decía opto por usar sus últimas fuerzas para golpearle y gritarle – Corre maldita sea, déjame y huye nene malcriado.

 Su hermano no se movió, solo veía la sangre emanando en el hombro de su hermana. Puso sus manos tratando de parar el sangrado a pesar de los golpes de su hermana. No quería perder nada más, si ella moría no le quedaría nada. Un caballo se acercó lentamente frenándose a un par de metros de donde estaban. Su hermana desesperada grito con más fuerza. Tracratos escucho un fuerte impacto atrás suyo, como si algo muy pesado acabara de caer al piso junto al caballo. La risa del soldado llego a sus oídos como cuchillos que atravesaban sus orejas desgarrando su cerebro. Se dio la vuelta para enfrentarse al soldado de casi dos metros forrado en acero solo dejando ver sus ojos verdes que lo miraban como un águila que ve una rata. Apretó sus puños con fuerza, con más fuerza de la que jamás hubiera pensado tener.

 No se dio cuenta de lo que hacía, pero poco a poco impulsaba su sangre para que circulara más rápido y fuera tomando más temperatura. Sus venas empezaron a marcarse en todo el cuerpo, de la piel le salía un leve vapor rojizo, sus ojos tomaron un tono carmesí. El soldado retrocedió asustado llevándose la mano a la empuñadura de la espada, incluso Armia parecía asustada de su hermano. El muchacho salto contra el soldado, la reacción de este fue demasiado lenta para la increíble velocidad del muchacho que solo necesito un golpe para atravesar el peto de acero y el abdomen de su contrincante. El jinete vomito todo lo que tenía en su estómago además de su propia sangre volcando todo sobre Tracratos que miraba con ojos abiertos como platos a su brazo hundido en la carne de otra persona. Retiro su puño dejando que el fornido guerrero cayera de rodillas emitiendo un lamentable gemido mientras la vida se le escapaba rápidamente. Tracratos miro su mano cubierta de sangre, un profundo dolor provenía de él haciéndole imposible moverlo mientras este se hinchaba. Su sangre recupero rápidamente su velocidad y temperatura normal, pero para entonces ya había perdido demasiada sangre. Se sintió mareado, débil, demasiado cansado, sus parpados se cerraron desplomándose en el piso inconsciente.

 Unos campesinos que lograron escapar de la aldea llegaron por casualidad encontrándose al soldado muerto, a Armia herida y a asustada, y a Tracatos desmayado. Sin pedir explicaciones levantaron apresuradamente a ambos hermanos huyendo lo más rápido que podían mientras dejaban atrás sus casas incendiadas.

Publicado la semana 5. 27/01/2020
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