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Odiseo

Tributo a Star Wars

Sun continuo por un pasillo más o menos intactos en comparación con el resto de la nave. De afuera le llegaba el ruido amortiguado de la batalla que estaban librando los rebeldes con las tropas reales. A lo largo de todo el corredor había varios cuerpos que llevaban el uniforme de la Republica. Algunos de ellos mostraban signos de morir por el impacto, pero Sun se fijó rápidamente que unos cuantos tenían marcas de sable de luz. Un sudor frio le recorrió la espalda agarro su sable con fuerza buscando seguridad en el arma. Confía en la Fuerza se repitió una y otra vez, esas eran las palabras que siempre le decía su maestro. Cerro los ojos tratando de sentirla alrededor y adentro suyo, constantemente pasando a través de ella, hablándole, contándole cosas. No pudo sentirla, pero si escucharla o mejor dicho pudo escuchar las voces de gente muriendo en agonía. Eran gritos de terror, suplicas de piedad, plegarias a algún dios que en ese momento mantenía la vista apartada.

Pego un grito agudo llevándose las manos a las orejas en un intento de terminar con esas visiones. Supo que se trataban de los últimos momentos de los soldados que yacían muertos a su alrededor. Eran hombres que llego a conocer bien durante las ultimas semanas. Fix con su sueño de casarse con una twi'lek, Pike que no podía parar de hablar de sus hijas, Isk con sus aspiraciones a poeta a pesar de no poder hacer dos rimas seguidas. Una parte de su cerebro le decía que corriera, que huyera y se ocultara en algún lugar lejano. El instinto, la costumbre, le decía que debía encontrar a su maestro, el sabría que hacer, era su deber como aprendiz. Su avance por el pasillo se fue volviendo cada vez más difícil, por cada paso que daba su deseo de huir crecía en su interior.

Al final cuando ya había recorrido la mitad de la trayectoria se dio cuenta que no tenia a donde escapar. Afuera la esperaban dos ejércitos que la matarían sin dudarlo acusándola de apoyar al otro. Adelante la esperaba un odio más fuerte que ella, podía sentir una esfera de ira, tristeza, frustración y resentimiento adelante suyo. La esfera crecía con cada segundo y, como un agujero negro, amenazaba con absorber toda alegría y esperanza que hubiera en ese planeta. Las marcas de sable eran prueba de que no era su imaginación mientras que el olor a carne quemada le recordaba que eso no era un sueño.

Del final del pasillo, a través de los restos de una puerta, salían destellos de luces amarillas y rojas. El ruido característico de los sables de luz resonaba por todo el lugar mientras ambos combatientes se encontraban en constantes y veloces golpes. Sun solo se atrevió a asomarse un poco para ver como su maestro luchaba contra una figura envuelta en una capa oscura. El sith llevaba una armadura tan negra como la noche impidiendo que Sun pudiera reconocer su especie. Su maestro que solamente llevaba la túnica típica de la orden se movia con más agilidad a pesar de ser un kel dor de avanzada edad. Estaban peleando en lo que antiguamente era un puente de mando usando las computadora y sillas como armas mortíferas contra su oponente. La estrategia del maestro Kapeg consistía en mantenerse alejado de su oponente usando la telequinesia para arrojarle todo tipo de objetos y si era necesario empujarlo con la fuerza para recobrar la distancia.

El sith presiono usando su mano izquierda para desviar una silla mientras lanzaba un golpe con su sable rojo que hizo una circunferencia paralela al piso hasta el pecho de Kapeg. Su maestro se agacho dejando que el ataque pasara por arriba mientras lanzaba su propio ataque más directo y preciso. El guerrero negro movió su mano rápidamente desviando el ataque con su propio sable después haciendo un empuje con la fuerza que tomo por sorpresa a Kapeg. El ataque lo hizo volar hasta una pared cercana chocando con un golpe seco. El asesino volvió atacar sin ver el enjambre de escombros que volaba hacia él, para cuando se dio cuenta se vio forzado a retroceder dando golpes al aire. Los restos de una computadora lo golpearon directamente en la mascara mientras que unos cables se le enroscaron en los pies. Una vara de titanio voló hasta su ingle hundiéndose un palmo dentro de su carne. Un chorro de sangre roja salió de la herida, el sith se arrodillo por el dolor mientras continuaba bloqueando los objetos que volaban.

-Eres bueno con el sable – dijo su maestro – pero eres incapaz de mantener tu concentración cuando te toman por sorpresa.

-No presumas viejo – dijo la figura oscura con voz ronca. Sun vio una pistola volando entre todos los objetos, su maestro también se dio cuenta ya que la hizo rodear al sith hasta llegar a su espalda y disparar. Este apenas logro desviar los láseres a costo de que más objetos lo empezaran a golpearlo por la espalda. El sith pego un terrible grito, más de ira que de dolor, levantando su mano izquierda. Sun primero vio que le salían unas pocas chispas sueltas alrededor de la mano enguantada, las chispas rápidamente crecieron y se unieron hasta formar rayos. Estos rayos se dispersaron por todo el puente de mando golpeando todo a su paso. El maestro Kapeg levanto su sable azul a la vez que usaba la fuerza para desviar los rayos hasta la hoja láser donde impactaban infructuosamente. Por el resto de la habitación los rayos golpeaban paredes, sillas, algunos impactaron hasta el cuerpo del capitán Ramsta que yacía muerto sobre el trasmisor con una herida en la espalda que iba del omoplato izquierdo a la cintura. El cuerpo desprendió un olor a cocinado bastante apetecible que provoco arcadas en Sun que quedo horrorizada por sus pensamientos. Otros rayos llegaron a impactar incluso en el mismo sith prendiendo fuego su capa y quemando varias partes de su armadura. Uno de los rayos impacto en la vara de metal que tenía clavada arrancándole otro grito de dolor.

En ese momento paro su ataque bajando sus manos hasta la vara agarrándola y tirando con fuerza de ella. El pedazo de metal salió seguido de una gran cantidad de sangre que se derramo por el piso de frio metal. Con una velocidad increíble llevo se sable hasta la herida cauterizándola al instante.

Desde afuera llegaban la luz de la luna y de los disparos de la batalla que continuaba. El maestro Kapeg se acerco al sith herido manteniendo su sable encendido, pero con la guardia baja.

-Ya ríndete, luchaste bien como un verdadero guerrero, pero esto se terminó – la voz de su maestro era inexpresiva, no se parecía en nada a la voz amable y paciente con la que solía hablarle.

El sith permaneció un rato en silencio balanceando su cabeza como si le costara mantenerse consciente. Un oscuro pensamiento, apenas un susurro en el viento, paso por la cabeza de Sun mátalo decía. De la nada el guerrero se levanto con su sable en alto creando más rayos, pero esta vez mejor controlados. Los rayos giraban en torno al sable carmesí y cuando el maestro Kapeg bloque el ataque los rayos se desprendieron atacándolo directamente. Su maestro empezó a gritar de dolor retorciéndose por la electricidad sin embargo mantenía su sable firme.

-Como te dije viejo – empezó el sith con un hilo de voz entre jadeos – no me debes subestimar.

Entonces su maestro empujo hacia su izquierda tirando el sable rojo a ese lado a la vez que acertaba un golpe a la altura del cuello. El guerrero oscuro callo sobre su charco de sangre con el cuello cortado y cauterizado por el mismo ataque.

Publicado la semana 44. 01/11/2020
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