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Odiseo

Batalla de Urm

David cabalgo en frente de sus tropas todo el camino desde la ciudad de Semia hasta las provincias meridionales donde los estios reunían sus ejércitos. Primero ataco la ciudad de Mesta poniéndola bajo asedio por una semana completa antes de que se rindiera por hambre. A continuación, saqueo las ciudades de Migda, Tresa y Amta aprovechando que los guerreros de estas estaban lejos.
Para el término del mes toda la antigua frontera había sido arrasada por su feroz asalto. Los campos cultivados estaban ardiendo o abandonados mientras que las poblaciones de las ciudades fueron masacradas o deportadas a una frontera cada vez más alejada. Los jinetes semirios estaban dispersos por el territorio esparciendo el caos mientras los infantes disfrutaban de las sobras enriqueciéndose con el saqueo. Los mercenarios en su ejército demostraron mayor crueldad, que la que David había esperado, en su desesperación por enriquecerse acosta de la guerra.
Los estios que se habían visto sorprendidos por la rapidez del rey semirio retrocedieron hasta una colina llamada el monte de Urm en honor al legendario rey. La colina dominaba todo el territorio que la rodeaba, una muralla en ruinas protegía la cima. Desde ahí aguardaron que el resto de sus refuerzos llegaran antes de avanzar hacia el sur. David al enterarse de la situación reagrupo a sus tropas y las puso rumbo al noreste ignorando las poblaciones que se encontraban en el camino.
Cuando llegaron a la colina de Urm los estios que habían permanecido en las ciudades ya habían cortado su línea de provisionamiento. En frente suyo un ejército de casi veinte mil hombres formaba en las posiciones altas del valle habiendo arreglado los muros y cavado trincheras. David estableció su campamento cerca del río el cual no tardaron en descubrir que estaba envenenado por todas las heces del ejercito enemigo.
Sabiendo que no tenía mucho tiempo ordeno a su infantería de mercenarios atlantos tomar una colina menor cercana a la de Urm. Tan pronto vieron el desplazamiento de tropas los estios enviaron refuerzos mientras sus arqueros y honderos atacaban a los pesados hoplitas desde su campamento principal. David ordeno a sus sermirios atacar directamente a Urm para frenar el movimiento de sus enemigos. De esa forma se produjeron dos batallas en que las tropas de David se encontraban en desventaja en ambas.
En el primer frente los atlantos lograron abrirse paso gracias a su ferra disciplina que les permitía avanzar como un puño gigantesco de bronce dejando muertos a su paso. Los sermios protegidos por escudos de mimbre y por túnicas de lana fueron diezmados rápidamente por los proyectiles enemigos. Cuando chocaron contra los estios no pudieron hacer retroceder el muro de escudos que habían formado sobre el muro.
Los atlantos continuaron avanzando con un aterrador grito de guerra que hacían huir a los estios quienes dejaban la espalda expuesta a las puntas de sus lanzas. Cuando llego la tarde los sermirios iniciaron la retirada dejando una amplia alfombra de cadáveres en la colina mientras que los moribundos rayos del sol eran reflejados por las armaduras bruñidas de los atlantos que coronaban la colina que David nombro Maharib Brwnzy en honor a los mercenarios.
Al anochecer los estios descendieron de Urm para atacarlos encantándose con la falange esperándolos. A la luz de la luna decreciente ambos bandos se mataron mutuamente. Al final los estios se retiraron para descansar mientras dejaban que sus honderos acosaran a los atlantos desde la cima de Urm. Los semirios pudieron descansar toda la noche sin contratiempos y al amanecer reanudaron el ataque.
David se puso en frente de sus hombres y los saco del campamento antes de que amaneciera aprovechando las últimas tinieblas para acercarse sin ser vistos. Para cuando los estios advirtieron su presencia ya estaban casi sobre el muro el cual pudieron tomar fácilmente pues se encontraba mal protegido. Los estios reformaron sus líneas y contratacaron al unisonó provocando un enfrentamiento sangriento. Por primera vez en toda la batalla ambos bandos se encontraban en un terreno anivelado, pero David se había visto obligado a dejar atrás a su caballería y a sus aurigas, y la mayor parte de sus hombres continuaba subiendo por la colina. Sus flancos se vieron poco a poco superados por la presión de los estios quienes lanzaban lanzas por encima de sus cabezas provocando estragos en la retaguardia sermiria.
Veterano en el combate, David ordeno a sus hombres retroceder para dejar que los estios se tropezaran con los cadáveres. Una vez estos caían en la trampa los semirios mataban fácilmente a los enemigos que se encontraban indefensos en el piso y se lanzaban con arrojo sobre los que continuaban de pie. De esta forma pudieron recuperar terreno permitiendo que más refuerzos llegaran a la cima y se unieran al muro de escudos. El polvo se levantó volviendo más confuso el combate que se encrudecía con cada golpe. En más de una ocasión David estuvo a punto de morir por la punta de una lanza que atravesaba el aire o una hecha que caía del cielo. De no ser por su guardia real habría muerto esa misma mañana provocando la caída del reino que había creado con tanto esfuerzo.
Ya estaban luchando nuevamente sobre el muro cuando el sol ya estaba alto cayendo sobre sus cabezas. La lucha se redujo a empujones sin ganas pues todos estaban demasiado cansados para levantar sus armas. Al final los estios retrocedieron para remplazar sus primeras filas con tropas frescas que todavía no habían luchado. David trato de hacer lo mismo con los suyos, pero con poco éxito pues tenía poco espacio para maniobrar y varios soldados se negaban a subir pensando que la batalla estaba perdida.
Dándose cuenta que ya no podría hacer nada ordeno a sus hombres retirarse iniciando una despavorida huida hasta el pie de la colina. Los estios se lanzaron en su persecución matando a varios y capturando a muchos más para vender a la esclavitud. Cuando llegaron al llano David trato de reformar inútilmente las líneas para cubrir la retirada, pero sus propios soldados lo ignoraron para salvar la vida.
Los estios pensaban que ya habían ganado la batalla y por eso mismo no se dieron cuenta que tanto la caballería de los sermitas como sus carros habían salido del campamento flanqueándolos por ambos lados. Una lluvia de flechas y jabalinas cayó sobre los perseguidores quienes de pronto se dieron cuenta que estaban dispersos por un terreno llano sin ningún tipo de apoyo. Intentaron reagruparse, pero los sermitas los acosaban como si de una colmena de abejas se trataran. David aprovecho este revés para subirse a su carro el cual le habían traído para ayudarle a huir.
Al ver como el enemigo se apretujaba en un círculo cada vez más cerrado se dirigió a sus propias tropas arengándolas para que volvieran al combate. Sus soldados volvieron de a poco formando nuevamente animados por su rey. Cuando fueron suficiente para formar un muro de escudos cargaron contra los desmoralizados estios. Sus enemigos no pudieron aguantar el asalto y tuvieron que huir de vuelta a la colina de Urm.
Durante toda la mañana los mercenarios atlantos habían permanecido en Maharib Brwnzy para descansar del hostigamiento nocturno. Muchos mensajeros habían llegado para suplicarles que intervinieran en la batalla, pero estos se negaron hasta que vieron como gran parte de los estios abandonaban la colina para perseguir a los sermirios. Fue entonces que el comandante de los mercenarios formo a sus hombres y cargaron cuesta arriba tomando por sorpresa a aquellos que habían permanecido en la cima. Se trataban de hombres cansados, heridos, viejos, cobardes, mujeres y niños que habían acompañado a sus padres, esposos o hermanos al combate. Ninguno pudo presentar una resistencia digna a los feroces hoplitas quienes se vengaron por las penurias de la noche. Una vez se desasieron de los escasos defensores se dedicaron a saquear el campamento para apoderarse de las posesiones más valiosas.
Cuando los estios huyeron de los sermirios el comandante atlanto formo a algunos soldados sobre el muro. Al ver las resplandecientes armaduras en falange sobre Urm los estios optaron por rendirse dándose cuenta de que no podían ganar. Ese día David logro derrotar al último ejército de los estios los cuales se sometieron a su reinado.

 

Publicado la semana 33. 16/08/2020
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