31
Odiseo

Batalla del Lago Sagrado

El cielo se había vuelto naranja cuando llegaron, combinado con la luz reflejada en las pacificas aguas del lago formaba una imagen armoniosa. Arturo se hubiera podido quedar contemplando ese hermoso paisaje hasta la caída del sol, pero ese día tenía que sacar una pequeña mancha oscura que se extendía en el oeste del sagrado lago. El recién nombrado rey, por una pequeña ceremonia echa por Merlín, forzó su vista para ver mejor el campamento sajón, pero no pudo distinguir mucho.
-Creo que no nos vieron señor – dijo Owain que estaba alado suyo en caridad de comandante de los hombres de Merlín.
El rey se volvió para ver el ejercito que estaba a su espalda, oculto por la inclinación del terreno, estaba compuesto solo por hombres montados, tanto caballeros como soldados, para poder moverse rápido. La larga marcha que hicieron hacia el oeste y después hacia el sur para evitar que una nube de polvo los delatara, el calor sofocante del día, la falta de descanso y el peso de hombres y armaduras habían dejado exhaustos a los caballos. Pero ahora solo tendrían que cargar cuesta abajo contra un ejército que, según sus exploradores, se encontraba exhausto y desmoralizado.
-Owain lleva a tus hombres al sur este y bloquea su retirada – ordeno Arturo antes de dirigirse a sus dos amigos – Gawain quiero que mandes el flanco izquierdo y empujes a los sajones hacia el sur, y Kay dile a Lancelot que se quede atrás con sus hombres y que apoye en donde se necesite.
-No le gustara su misión – advirtió Kay. Por lo que había escuchado de Sir Lancelot estaba seguro que no le gustaría, pero necesitaba saber si se trataba de un comandante capaz de cumplir órdenes o simplemente un noble presumido más.
-No me importa si no le gusta – respondió fríamente – una vez que se lo digas toma mando del flanco izquierdo, y yo estaré en el centro.
Después de estas últimas palabras sus amigos y Owain se apresuraron a cumplir sus órdenes.
Paso un rato mirando el estandarte del dragón negro de Pendragon mientras les daba tiempo a todos de transmitir las ordenes. Cuando ya considero que era tiempo suficiente se incorporó a la línea de jinetes.
-Avanzad – los caballos que apenas se habían recuperado hicieron un esfuerzo para subir la pequeña loma. Los sajones en ese momento debieron ver la primera fila compuesta por ciento veinticinco jinetes con armaduras resplandecientes, lanzas, espadas, hachas y mazas. El ejercito enemigo debió pensar que había miles de caballero y muchos empezaron a huir hacia el sur, lo que no sabían era que atrás de ellos solo había una segunda fila de cien hombres.
-Por Camelot, por Stonehenge y por Britania – grito antes de lanzarse a la carga.
El piso empezó a temblar bajo los cascos de doscientos caballos formando una nube de polvo se formaba tras ellos. Todos se encontraban en perfecta formación sin adelantarse ni quedarse atrás creando una línea perfecta mientas los sajones que estaban dispuestos a pelear formaban un muro de escudos lo más rápido que podían dejando muchos huecos en su formación.
Por su derecha un grupo de cincuenta caballeros se adelantaban al resto del ejercito formando una cuña.
"¿Que estás haciendo Kay?" Pensó a la vez que maldecía a su amigo. Pero al mirar al hombre que encabezaba la punta noto que en su escudo no estaba el sol azul sobre barras diagonales rojas y blancas. El balsón que llevaba mostraba a un caballero blanco y un caballero negro justando en un campo verde.
Cuando se acordó a quien pertenecía ese balsón ya lo había perdido de vista pues la cuña había impactado ferozmente contra el flanco enemigo rompiendo su formación e iniciando la carnicería. Ahora le tocaba a él y no pararía la carga por la desobediencia de sus hombres ni por las flechas que disparaban los sajones dejando unos pocos huecos en su formación.
La segunda carga rompió el centro y el flaco derecho enemigo lanzando hombres volando hacia atrás o dejándolos tirados en el piso al alcance de las pesuñas de sus caballos. Su lanza había atravesado la garganta de un sajón armado con una espada corta en la carga y logro matar con ella a otros tres antes de verse obligado a desenfundar su espada.
Muchos de los sajones trataban de huir a cualquier dirección incluso hacia el lago, pero otros se quedaron dispuestos a morir con gloria.
A punto estuvo un hacha cortar el cuello de su caballo y solo pudo evitarlo desviando el golpe con su espada provocando una abolladura en el filo. Eso no le preocupo y clavo la punta de su arma contra su enemigo. Antes de asestar el golpe una lanza atravesó el pecho de su enemigo aun así lo remato cortándole la cabeza.
Hizo un pequeño gesto con la cabeza al dueño de la lanza antes de volverse contra otro guerrero que lo atacaba por su izquierda. Cargo contra él tirándolo al piso y mantuvo a su caballo encima para que terminara el trabajo.
-Tu – se escuchó un grito tan fuerte como un trueno. Al mirar se encontró con un sajón más grande de lo normal que llevaba una espectacular armadura que en ese momento estaba cubierta de sangre y lo señalaba con un hacha de dos manos con restos de carne y sangre en su filo – seas quien seas, yo Horsa hijo de Wictgils te desafío a un duelo en un combate uno contra uno.
La batalla se paralizo en ese momento, y los contingentes de ambos bandos se separaron, olvidándose que se estaban por matar mutuamente, dejando un espacio cubierto de cadáveres y heridos de ambos bandos.
Los britanos formaron a su derecha listos para cargar a su orden, y los sajones a su izquierda se apretujaban en un muro de escudos temerosos de su respuesta.
-Si yo gano tus hombres deberán entregarse – respondió.
-Y si yo gano los tuyos tendrán que entregarme Camelot – dijo Horsa.
En ese momento Gawain llego para ver que freno el combate y al darse cuenta de la situación se acercó a Arturo.
-No es necesario que lo hagas – le susurro en el oído – no podrán resistir mucho más.
Arturo se volvió buscando los ojos, azules como el mar, de su amigo a través del visor. Después echo una mirada a sus hombres cubiertos de sangre, heridos, cansado y dispuestos a morir.
-Si lucho y gano no tendrá que morir nadie más
-¿Y si luchas y pierdes? – pregunto fríamente.
Arturo no pudo responder y corrió su mirada hasta chocarse con la de Horsa que esperaba ansioso una respuesta.
-Yo Arturo Pendragon hijo de Uther Pendragon y la reina Igrain, legitimo rey de toda Britania y señor de Camelot y Stonehenge acepto tu desafío.
El yelmo de Horsa oculto cualquier sorpresa que este hubiera tenido, pero sus hombres empezaron a murmurar y pudo ver como el miedo crecía en sus ojos.
Bajo de su caballo, le entrego las riendas a Gawain y se arrodillo rezando en susurros pidiendo a dios que le de fuerzas para derrotar a su enemigo. Algunos sajones se burlaron en especial Horsa que exploto en carcajadas y empezó a burlarse en su idioma de manera que ningún britano pudo entenderle.
Cuando se levantó Horsa se mostraba muy confiado desafiando constantemente a Arturo para que atacara primero. No llevaba escudo, pero su pesada armadura sajona lo protegería de cualquier golpe de su espada.
Se acerco lentamente con el escudo listo para recibir cualquier golpe. Su única posibilidad era acercarse lo suficiente para poder clavarle su puñal por alguno de los puntos expuestos de la armadura de su enemigo.
Horsa ataco a sus piernas tratando de que pierda el equilibrio, pero el salto hacia atrás esquivando el golpe. Aprovechando el momento cagar solo para encontrarse que Horsa se había movido de lugar con una velocidad casi sobrehumana.
Le costó frenar, debido al impulso, y no había terminado de darse la vuelta cuando el hacha le cayó y lo único que lo salvo fue su yelmo en forma de cono que desvió el ataque, pero a cambio el golpe fue a parar a su hombro izquierdo. No logro cortárselo, pero sí pudo romper la cota de malla provocándole una grave herida.
En ese momento ataco con toda su furia obligando al gigante a retroceder a pesar de su increíble armadura. En su ataque logro provocar que algunos de los anillos de la cota de malla del sajón se rompieran y cuando este uso el mango de su hacha para desviar los golpes Arturo de un solo tajo la corto por la mitad. 
Aprovecho su pequeña victoria para retroceder y recuperar energías. El escudo le provocado un fuerte dolor por lo que soltó las correas dejando caer el escudo aun así sentía que su brazo izquierdo le colgaba sin fuerzas. Por todo su cuerpo sentía el peso de la armadura y estuvo a punto de dejar caer su espada.
Su adversario no estaba mucho mejor, el peso de la armadura y la larga marcha del día lo dejaron exhausto. En algunos puntos su cota de malla se había roto, pero no tenía ninguna herida grave. Además, ahora con el mango de su hacha cortado por la mitad tendría que acercarse considerablemente para poder atacarle.
Esta vez fue Horsa el que cargo lanzando un feroz rugido. Arturo espero a que se acercara y esquivo el golpe saltando hacia la derecha. Ambos contrincantes tropezaron con los cuerpos que se encontraban hay tirados, Horsa callándose de cara al piso de manera muy humillante, y Arturo callándose sobre su brazo derecho y soltando la espada en la caída.
El rey se levantó tan rápido como pudo, desenfundo el puñal que llevaba en el cinto y saltando ferozmente sobre su enemigo. Pero Horsa también se había levantado y de un golpe lo dejo en el piso de vuelta. En ese momento agarro una maza de uno de los caídos y se dispuso a dar el golpe final.
Arturo trato de agarrar una lanza que no estaba a mucha distancia, pero Horsa le piso su brazo bueno dejándoselo inmovilizado. Dándose cuenta de que ya no podía hacer nada se maldijo por haber aceptado el duelo, cerró los ojos y mientras esperaba el inevitable golpe, rezo para que dios lo recibiera en el cielo.
Se escucho el sonido de carne y metal al ser desgarrados, y el pifiar de los caballos, pero él seguía vivo. Cuando abrió los ojos vio una lanza clavada en la panza de su enemigo de izquierda a derecha. No pudo ver la cara de Horsa, pero su gran barba se estaba llenando de sangre. Cuando el caballero que había roto la tregua retiro la lanza, Horsa callo inerte al piso.
-Cargad – grito Kay e instantáneamente toda la línea se abalanzo sobre los desconcertados sajones.

 

Publicado la semana 31. 02/08/2020
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