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Odiseo

La caída de Uther

Pasaron toda la noche en el pueblo, pero cuando despertó pensó que estaba de vuelta en el castillo pues había una mujer llorando en el lecho. Uther soltó una maldición y golpeo a la mujer para que se callara, obtuvo el efecto deseado, pero aun así no pudo dormir. Dio varias vueltas sobre el lecho de paja sin poder conciliar el sueño, por un momento se quedo dormido pues pudo ver el rostro de Gorlois sonriéndole con la nariz colgándole por sus últimos ligamentos intactos después del fatídico golpe que Uther le dirigió al rostro. Se volvió a despertar furioso por tener otra pesadilla, cuanto más intentaba alejarse de estas más fuertes se hacían. Se levanto furioso deseando matar a alguien, recorrió con la vista la habitación buscando un enemigo que no podía ver hasta llegar a donde estaba la joven muchacha. Era joven, de unos dieciséis años, con un pelo rojo y rizado que le caía por la gorda espalda. A falta de algo mejor descargo su frustración en ella de la misma forma que había hecho la noche pasada.

Cuando termino la dejo medio muerta sobre el lecho de su padre quien a su vez se encontraba muerto con las tripas salidas en la pequeña sala de fiestas de su palacio. Se encontraba en el palacio o, mejor dicho, choza de un insignificante líder tribal que se había negado a aportar hombres en su última campaña en frisia. El fracaso de la reciente empresa lo ponía de un peor humor que el de costumbre y no estaba dispuesto a tolerar más insubordinaciones, llantos de mujeres o pesadillas.

Sus hombres continuaban medio borrachos a causa del hidromiel que saquearon de las bodegas, pero a una orden suya se dispusieron para la partida. Timet, como siempre, se mantenía cerca suyo sin decir nada, se entretenía tallando un pedazo de madera para darle forma de león o de camello. Uther nunca había visto en personas tales animales, Timet tampoco, pero le servía para darse la imagen de aventurero culto frente a los ignorantes. Cryspus cabalgaba a la izquierda mirando con indiferencia todo lo que le rodeaba con su cara pálida como la leche y sus ojos sin vida. Bajo su servicio el chico había desarrollado la misma adicción a las batallas que él tenía considerando todo lo demás monótono y aburrido. Esa fue la razón principal por la que lo ascendió cuando Defler murió de una infección en su dentadura dos años atrás.

Descendieron del cerro en el que se encontraban dejando a sus espaldas el reino de Siluria e ingresando en el de Demetia. Cada vez estaban más lejos de Camelot, pero incluso desde ahí podía escuchar el constante llanto de Igraine. Siempre lloraba por más que solo hubiera yacido con ella una vez el llanto no paraba por muchos años que pasaran. Incluso Uther se había tomado la molestia de deshacerse del niño fruto de esa relación entregándoselo a Merlín. Lo había hecho para pagar su deuda con el mago, pero también había supuesto que ella le agradecería deshacerse de la criatura nacida de su vergüenza. De vez en cuando se preguntaba que habría hecho el mago con él y siempre llegaba a la conclusión de que habría sacrificado al bastardo en alguno de sus ritos.

Los campos que los rodeaban estaban cosechando y preparando todo para el invierno que se avecinaba. De vez en cuando frenaban en algún pueblo para cobrarles impuestos que pagaban en forma de grano, madera, ganado, carbón, cualquier metal que dispusieran. Todas cosas que necesitaría para financiar y alimentar a su ejército durante la próxima campaña. Pensaba vengar su derrota del verano pasado con un poco de suerte podría cortar la cabeza del caudillo friso para llevársela a Morgana quien decía que quería casarse con ese hombre.

La maldita mocosa solo tenía quince años lo cual, aparentemente, era todos los que necesitaba para hacerle la vida aun más miserable. No había día en que no se arrepintiera de haberla puesto bajo su protección pues no lo aceptaba por muchos regalos que le hiciera. Vestidos, joyas, libros de botánica por los que la chica aparentemente sentía afinación. Había enviado a plantarle el jardín más hermoso y exótico que esas tierras nunca hubieran visto. Le compro águilas de presa, gatitos de pelaje blanco y suaves como el algodón, le organizo los más suntuosos banquetes para sus cumpleaños. Incluso convenció a Merlín para que la educara en la magia con tal de mantenerla entretenida, por supuesto las clases estaban vigiladas para evitar que ella aprendiera cualquier cosa que pudiera dañarlo. Nada de eso había evitado que por la mañana se encontrara serpientes en sus botas, pasar varios días intoxicado por comer alimentos envenenados o que su ropa se convirtiera en polillas en eventos públicos. No tenía pruebas, pero tampoco tenía dudas respecto a quien era la causante de todo.

El camino llevo a su larga procesión de cien jinetes y doscientos lanceros a un bosquecillo en el norte del reino demetio. No llevaba su armadura completa, solo una resplandeciente cota de malla con anillos de oro más para impresionar que para proteger. En su cabeza relucía la corona de oro cincelada en forma de laureles que su padre mandara hacer. En su cintura colgaba la mítica CrafancDraig que portaron todos los reyes Pendragon desde tiempos inmemoriales. La cruz de la espada estaba cincelada para tener forma de alas de dragón mientras que el pomo tenía la forma de la cabeza de la bestia, todo de hierro sin ningún detalle lujoso excepto por los ojos de rubí. La hoja de la espada en vez de ser recta como las demás espadas su filo era una serie de curvas que cambiaban de dirección dándole forma de llama.

Todos sus hombres tenían un aspecto magnifico, pues parte de su función era impresionar a los campesinos recordándoles quienes eran sus señores sin necesidad de desenfundar espadas. Un jinete llego desde la retaguardia para informarle que la caravana que llevaba todo lo recaudado se estaba quedando atrás. Uther envió a diez de sus hombres para hacer que se apresuraran y no le dio mayor importancia.

-Que hermoso volver a Wolf’s Town – comento Timet – ahí hay una muchacha bastante linda y animada que, en mi humilde opinión, seguro es capaz de sacar la cara de amargado de Cryspus.

Algunos de los soldados que los seguían se rieron por el chiste, pero tanto Uther como Cryspus lo ignoraron sin dar siquiera indicios de haberlo escuchado. Timet se puso nervioso al no recibir ningún tipo de respuesta, incluso recibir un puñetazo en la cara es mejor que el indiferente silencio.

-Aunque creo que me conformare con cualquier choza con techo de paja antes de cabalgar bajo la lluvia – comento Timet queriendo desviar el tema.

-¿Acaso el todopoderoso Timet le teme a un poco de agua? – dijo Cryspus con acides.

-Yo no le temo a nada, mi querido Cryspus, pero soy tan sabio como soldado y todo buen sabio sabe que lo mejor es resguardarse de todas las miserias de este mundo siempre que sea posible. Una cabalgata bajo la lluvia no mata a nadie, cierto, pero haría la marcha muy miserable y…

-Ya entendimos el punto – lo corto Cryspus.

Los instintos de Uther se despertaron repentinamente sintiéndose en el fragor de una batalla que no sabía cuándo había empezado. Con una señal freno la marcha mirando atentamente hacia los arboles que tenía en el sur buscando cualquier indicio de peligro. Timet lo miraba desconcertado, como si se hubiera vuelto loco, mientras que Cryspus embrazo su escudo y desenfundo su espada escrudiñando los árboles del norte. Raft, quien portaba su estandarte, escupió en el camino murmurando algo sobre espíritus de los bosques.

Una rama se partió, pero cuando Uther volvió la mirada hacia el lugar de donde se origino no vio nada. Comenzó a pensar que eso era producto de la imaginación de su cansada mente que llevaba cinco años sin poder dormir en paz. Entonces escucho un grito y un silbido.

-Cuidado mi rey – grito Cryspus mientras adelantaba su caballo para interponerse en el camino de la flecha que fue a parar en el omoplato izquierdo de Uther. La punta de acero rompió los anillos y atravesó el jubón que llevaba abajo hasta llegar al susodicho hueso donde se clavó. El monarca grito de dolor llevándose la mano a la herida agarrando el hasta del arma y tirando de ella. La flecha se partió dejando su punta clavada en el hueso provocándole un latigazo de dolor cada vez que trataba de mover el brazo.

Más dardos empezaron a caer sobre su tropa desde todas las direcciones, Raft murió con una jabalina en el pecho mientras Mandubracio, su nuevo escudero, recibió una flecha que atraso ambas orejas. Cryspus, Timet y otra media docena de soldados lo rodearon levantando sus escudos formando un anillo protector. Cuando no pudieron con la madera de roble apuntaron a sus caballos matando a dos de estos con jabalinas dejando expuesto al monarca. Uther desmonto usando su caballo para cubrirse, la yegua recibió media docena de flechas en un margen de pocos segundos y asustada salió huyendo. Intento detenerla pelo no tenia fuerza en su brazo izquierdo y su mano derecha estaba ocupada por su espada que había desenfundado.

Sus soldados hicieron lo propio y sus caballos también huyeron de esa luvia de proyectiles que azotaban la carretera sin tregua. Una gota cayo en la frente de Uther, después otra que fue seguida por una tercera. Miro hacia arriba contemplando como el cielo lanzaba un gran aguacero sobra la tierra, los rayos cortaron el cielo y los truenos se impusieron sobre cualquier otro ruido. Junto con la tormenta inicio el verdadero ataque del enemigo cuando cientos de hombres abandonaron sus escondites para caer sobre la desorganizada columna del monarca. Se trataba de un grupo variopinto con armaduras de caballero, hoces de campesino, cruces cristianas, símbolos paganos, uniformes romanos y ropas irlandesas. No portaban ningún balsón que los identificaran, tampoco gritaron el nombre de sus lugares de origen como era costumbre. Entre sus gritos Uther escucho nombres de mujeres y hombres, la mayoría no le sonaban de nada unos pocos logro identificarlos como los nombres de gente que había matado.

Cryspus se encargo del primero en acercarse cuya vida llego a su fin con una espada entre las costillas. Otros tres locos se lanzaron de cabeza contra el anillo de escudos muriendo en el acto. Los que siguieron fueron más cautos dejando que los caballeros con pesadas armaduras cargaran de frente mientras que ellos los seguían

Uther lanzaba estocadas por encima y por debajo de los escudos de sus guardias quienes estaban hombro con hombro resistiendo como podían. El monarca desviaba los ataques de los enemigos devolviendo los golpes cuando veía un punto expuesto.

-Solo son un montón de basura – gritaba – solo resistan hasta que huyan con la cola entre las patas. Si lo logran les entregare las tierras de estos bastardos así que maten a cuantos puedan así no vuelven para reclamar sus patéticos hogares.

Sus soldados respondieron matando a más enemigos con increíble precisión en sus golpes, usando sus escudos, piernas y cabezas como armas mortíferas. Una lanza asomo por encima de ellos tratando de alcanzarlo, pero la mano Uther fue más rápida hediéndose en el hombro de su atacante que perdió todas sus fuerzas. Uno de sus guardias, un irlandés llamado Patrik remato al desgraciado con su propia lanza entrando por las costillas y saliendo por el dorsal. El siguiente pretendiente a asesino de reyes fue un caballero de armadura oxidada con abolladuras de antiguos combates. Blandía una masa con la que logro abrirse paso entre dos guardias apartándolos a base de golpes en sus escudos. Murió con CrafancDraig en su hombro la cual atravesó su gastada armadura como si de papel se tratara.

Un grupo de los atacantes trato de meterse por el hueco creado por su compañero muerto. Aella y Alfred, quienes eran los soldados designados para proteger la zona, se interpusieron en su camino blandiendo sus temibles hachas sajonas. Un campesino perdió su brazo y retrocedió mientras se desangraba, otro vestido de legionario perdió un ojo y la vida por CrafancDraig. Otro caballero se acerco para compartir el destino de sus hermanos en armas siendo mortalmente herido por un golpe de hacha que su cota no pudo parar. Un guerrero joven y entrépito se aproximo solo con una lanza la cual lanzo contra el monarca. Uther la desvio con un tajo de la espada con facilidad, pero cuando volvió a mirar al muchacho este portaba una daga la cual logro clavar en su pierna.

Aella se apresuró en matar al chico descuidando su flanco cosa que provoco su muerte por causa de una hoz en su cuello. La turba de rebeldes se éxito al ver su pequeña victoria lanzándose con aun más ímpetu sobre el reducido grupo. Alfred no tardo en perecer al igual que Patrik al que pudieron escuchar llamando a su madre por lo que parecieron horas hasta que alguien lo puso fuera de su miseria. Cryspus compenso la perdida de sus compañeros luchando contra cuatro hombres a la vez, a muchos les daba la impresión de que se trataba de un dios guerrero bajado de los cielos. Había perdido su escudo al cual remplazo por una masa la cual movía como si fuera solo una extensión de su brazo. Timet resistía como podía lanzando estocadas desde atrás de su escudo apenas asomando la cabeza la cual parecía que habían herido pues le corría sangre desde su frente hasta su barbilla afeitada.

Uther termino con la vida del chico que lo hirió que antes de morir logro desclavar la daga dejando que la sangre fluyera afuera de su cuerpo. Paro el golpe de un hacha cortando la cabeza del arma y pateando al portador de esta para que estorbara a los compañeros que venían atrás. Se abalanzo sobre sus atacantes al grito de “Camelot” pinchando cuanto se le ponía adelante. Agarro el escudo del fallecido Aella con su brazo herido conteniendo el dolor que lo atormentaba sin tregua.

Empezó a reírse, su hombro le dolía como los mil demonios, su sangre se derramaba en el barro, sus hombres caían y cada error cobraba un fatídico precio. El éxtasis del combate lo embriagaba haciéndolo reír cada vez más fuerte hasta que los mismos dioses en el cielo fueron capas de escucharlo. Los rebeldes retrocedieron asustados ante el rey demente que acrecentaba con cada golpe la montaña de cadáveres que lo rodeaba. Otro guerrero intento atacarlo, pero perdió el equilibrio resbalándose en el barro, dejo toda su espalda abierta a un golpe de CrafancDraig la cual no dudo en arrebatarle la vida.

-Proteged al rey – grito una voz de acento extraño, las pesadas pisadas de los caballos resonaron por todo el valle. Uther supo que Octar había reagrupado lo que quedaba de la caballería y estaba contratacando. Soltó una maldición pues no deseaba que el combate terminara aun, el placer que ese combate le proporcionaba era mayor que cualquiera batalla de los últimos años.

Los caballos irrumpieron con sus lanzas bajadas apuntando a la espalda de los que huían despavoridos. Los rebeldes desaparecieron entre los arboles donde los jinetes no podían perseguirlos ganando una amplia ventaja contra los lanceros que venían de atrás. Uther permaneció inmóvil viendo como sus hombres se adelantaban para dar alcance a los emboscadores. Unos cuantos permanecían en el piso lamentándose por sus heridas ya incapaces de suponerle un peligro a alguien. Se volvió a mirar al joven guerrero que consiguió herirle estaba como lo había dejado, muerto. Tenía una pelusa castaña como bigote mientras que la cabellera le llegaba hasta la cintura, vestía con una túnica blanca similar a la de los druidas, pero no llego a reconocerle. Tampoco se acordaba de haber ofendido a algún druida, tal vez a Merlín con el cual pensaba hablar cuando volviera a Camelot. El monarca decidió olvidarse del chico y concentrarse en sus heridas sin darse cuenta de que la daga que lo había herido ya no se podía ver por ningún lado.

Uther se dirigió cojeando hasta los carromatos del fondo donde podría dormir un rato mientras esperaba que sus hombres volvían. En el camino se encontró con los cuerpos de varios de sus hombres que habían sido mutilados sin piedad. Llego a ver a varias mujeres entre los muertos del bando opuesto una de ellas era una mujer con la que había yacido tres días atrás. Pateo el cuerpo para darle vuelta, tenía una herida de lanza en el seno derecho lo cual en su opinión era un desperdicio pues ella era bastante bonita.

Se cruzo con algunos de sus soldados algunos heridos, otros rematando los heridos y otros saqueando los muertos. Todos estaban cubiertos de golpes, moretones, rasguños, sus armaduras abolladas, las puntas de sus lanzas rotas y sus espadas melladas. Pero a pesar de sus pésimas condiciones parecían felices como todos los soldados lo están tras una victoria. Ya perderían las sonrisas cuando se dieran cuenta de que tendrían que limpiar todo eso para que los carromatos pudieran pasar. Freno por un momento a meditar dándose cuenta que lo mejor seria retroceder para evitar más emboscadas, ya tendría tiempo de perseguir a los que quedaban de esa peste. Si los demetios querían guerra él se las daría.

Estaba meditando sobre la campaña de represión que realizaría cuando llego al carromato más cercano. Estaba lleno de lana recién esquilada la cual uso como almohadón mientras se vendaba la pierna herida con tiras de su capa desecha. El corte no resulto tan profundo como creía en un principio por lo que esperaría a encontrar a un nuevo medico para que se la atendiera al igual que con la punta de flecha en su hombro. Hubiera preferido que fuera en ese momento, pero lamentablemente podía ver el cuerpo del doctor a su servicio desde donde estaba sentado. Tenia la cabeza aplastada y parecía que alguien ya le había robado la cruz de oro que solía llevar al cuello.

Cerro los ojos ignorando el dolor y tratando de dormir un rato, finalmente feliz después de mucho tiempo, incluso contaba con poder librarse de las pesadillas. Un escalofrió le recorrió el cuello de derecha a izquierda con precisión y rapidez. Cuando se llevo la mano al lugar noto un líquido caliente saliendo a borbotones de lo que tardo en darse cuenta que era una herida. Todo había sido tan rápido parecía como si carne no hubiera puesto resistencia ante el implacable avance del acero. Trato de pedir ayuda solo consiguiendo vomitar más del preciado liquido rojo. Llevo su mano a la empuñadura de su espada dispuesto a llevarse al otro mundo a su asesino.

Miro en todas las direcciones, pero no encontró a nadie los seres con vida más cercanos eran sus propios guardias quienes lo miraban atónitos sin entender lo que estaba pasando. Se levanto del carromato, si esto era obra de un mago él lo mataría antes de morir no pensaba dejar que lo asesinaran de una forma tan cobarde. Puso un pie en el barro y fue en ese momento en el que perdió todas sus fuerzas cayendo como un árbol talado sobre el mugriento piso.

Publicado la semana 29. 19/07/2020
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