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Odiseo

Basilisco parte 2

Estuvieron cabalgando tres días siguiendo el rastro en de la bestia, cuando frenaban de noche Arturo no podía dormir en paz por culpa de las pesadillas. Su ira se iba acumulando cada día al ver que nunca alcanzaban a la criatura, al ver los pueblos destruidos por su culpa. Cada vez que veía los cuerpos comidos a medias y aplastados o los excrementos que dejaba atrás no podía evitar pensar en lo que les había hecho a los suyos. Gawain apenas le dirigía la palabra, aunque seguía entrenándolo con la espada y el arco cuando frenaban de noche. La frustración de Arturo lo poseía en esos momentos y atacaba como una bestia salvaje obligando a Gawain a retroceder en cada asalto, pero este conservaba la calma y al final del combate lograba desarmarlo en unos pocos movimientos. Solo lograba acrecentar la frustración de Arturo consumiendo desde adentro.

Cuando al atardecer del cuarto día vio una nube de polvo a lo lejos sus ojos se llenaron de lágrimas de felicidad. Acelero el paso y preparo su arco y flechas dispuesto a no dejar pasar esa oportunidad. Recordó todo el rastro de destrucción que había estado siguiendo, lo que había quedado de su hogar, la imagen de Shira siendo devorada todas las noches frente a sus ojos sin poder hacer nada. Apenas se inmuto al ver que el monstruo era una extraña fusión entre una serpiente y una gallina gigante. Coloco una flecha en la cuerda y tiro de ella, la punta del proyectil se prendió fuego y disparo mientras gritaba con todas sus fuerzas dejando salir toda la ira que había estado acumulando. La flecha golpeo en el ojo de la serpiente-pollo haciendo que se retorciera de dolor y salvándole la vida algún campesino que estaba siendo atacado. Preparo otra flecha prendiéndola fuego apenas toco la cuerda y volvió a disparar esta vez dándole cerca de la cabeza prendiendo fuego su plumaje.

Continúo disparando una y otra vez hasta que la serpiente-pollo estuvo completamente envuelto en llamas. Cuando se quedó sin flechas tiro el arco, desenfundo su espada y se colocó el yelmo mientras se acercaba a la criatura ardiente. Se regocijo al escuchar el extraño ruido de dolor que emitía la criatura, sentía placer al verla moverse desesperadamente tratando de apagar el fuego de su ira. No pudo evitar sonreír contemplando las llamas. Bajo de su caballo con la espada en mano, avanzo hasta estar al lado de la serpiente-gallina. Gawain le gritaba que se alejara temiendo que terminara aplastado accidentalmente por la criatura. Arturo no le hizo caso. Golpeo la carne del animal con la punta de su espada hundiéndola hasta la empuñadura. Giro su arma y la movió de un lado a otro agravando la herida por donde brotaba una gran cantidad de sangre que creaba un vapor rojo al tocar el fuego. La serpiente trato de alejarse huyendo hacia el este dejando una huella gigante y un rastro de pasto quemándose.

Arturo volvió a montar, siguiendo a la criatura mientras, sin darse cuenta, el fuego que empezaba a propagarse por los pastos secos se apagaba a su paso. Gawain lo seguía junto con el campesino al que había salvado. Un grupo de hombres armados al norte, que habían estado viendo la pelea, también los siguieron manteniendo la distancia. La serpiente-gallina continuo hasta un rio cercano donde se sumergió en sus aguas creando una enorme nube de vapor que cubrió el lugar por entero. Arturo se adentró en la nube continuando hasta legar al lecho del río. Espero un rato hasta que la niebla se disipo revelando lo que quedaba de su enemigo. Todo su plumaje había prácticamente desaparecido y lo poco que le quedaba se había vuelto negro y frágil. Varias partes de su piel estaba quemadas y humeante, y salían litros de sangre hirviendo por una docena de heridas distintas. El animal yacía recostado en el río apenas pudiendo moverse, lanzando se extrañó ruido de una forma penosa.

No es suficiente pensó metiéndose en el río. Volvió a clavar su espada en el animal y continúo deslizándola por la carne abriendo una herida por donde empezaron a caer los órganos del animal. La serpiente-gallina apenas opuso resistencia mientras Arturo continuaba degollándola lentamente. Pasaron tres horas en las que Arturo clavaba su espada y se regocijaba de la sangre que brotaba. Para el anochecer el animal había muerto.

-No es suficiente – murmuro Arturo para sí mismo. Estaba cubierto de sangre, el animal estaba muerto a sus pies, continuaba clavando su espada en el cadáver. Pero la ira no se iba, continuaba ardiendo en su interior con la misma intensidad que esa mañana. Durante su lucha contra la serpiente-gallina se había sentido aliviado, el fuego había dejado su interior y lo había usado para destruir a su enemigo. Pero ahora ya no quedaba nada que pudiera matar. Solo le quedaba el vacío de su interior.

Publicado la semana 27. 05/07/2020
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