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Odiseo

Basilisco parte 1

Una larga nube de polvo capto su atención algo más al oeste. Era una nube alargada que se dirigía hasta el norte, no sabía que lo causaba, pero estaba claro que era algo grande y pesado. Desvió su montura en persecución del ser, que por suerte no era muy rápido. Pudo distinguir una figura reptando dentro de la nube. Cuando estuvo lo suficientemente cerca se sorprendió al ver plumas, largas plumas blancas que parecían suaves y agradables… o lo hubieran sido de no estar manchadas con sangre y tener una docena de armas clavadas. Apenas parecía darse cuenta de sus heridas donde no parecía manar ningún tipo de sangre. Con espanto se dio cuenta de que la bestia tenía casi tres metros de altura y un kilómetro de largo.

Miro atrás donde una pata, pelada con tres dedos delanteros y uno atrás con garras como el de las aves, se arrastraba inerte por el piso. Una repentina corriente de aire lo hace volver a mirar al frente abriendo los ojos como platos al ver un ala gigantesca aleteando en un patético intento de volar. Parecía estar yendo un poco más rápido incluso levantarse un poco del suelo, pero era evidente que esas alas no eran lo suficientemente grandes para esa criatura.

No necesitaba ver más para saber qué era eso, se trataba de un basilisco un monstruo que no se encontraba en la naturaleza. Su existencia confirmaba que alguien estaba jugando con magia oscura y al venir del sur estaba seguro de quien había sido el responsable.

La criatura era demasiado grande para poder derrotarla el solo, pero si la dejaba ir destruiría todo a su paso y se haría cada vez más grande. Además, la gloria y la fama se encontraba en las hazañas imposibles. No le faltaban razones para intentarlo. Se acerco lo más que pudo al basilisco, agarro sus dos dagas y salto clavando sus dagas en el cuerpo del animal que se movía de un lado al otro. Su caballo se alejó rápidamente dejándolo solo luchando por no caerse. Trepo por el lomo del animal corriendo el riesgo de caerse cada vez que intentaba avanzar. De a poco se sacó su armadura dejándola caer y ser aplastada. Al llegar arriba de todo se terminó de sacar la cota de maya quedando totalmente desprotegido, aunque de todas formas la armadura en esa situación seria más un estorbo que una protección. Solo con sus dos dagas y su espada continuo hasta llegar a las alas del animal. Desenfundo su espada Demonscar y, arrepintiéndose de no tener un hacha, dio un fuerte tajo contra el ala derecha del animas que era grueso como un tronco. El filo entro en toda su anchura en la carne del basilisco haciendo que brotara un chorro de sangre hirviendo. Salía mucha sangre, pero apenas era un rasguño para la inmensa criatura. Dio otro tajo cuidándose que la sangre burbujeante no la tocara. La hoja se clavó aún más profundo y la sangre broto con más fuerza, pero todavía no había cortado ni la mitad del arma.

Una repentina sacudida que casi lo tira le indico que el basilisco ya se había dado cuenta de su existencia. Levanto la vista donde una cabeza gigante lo miraba. Tenía un pico alargado y apenas curvados, sus ojos eran dos faros amarillos, con pupilas reptilianas que lo miraban fijamente con la más profunda de las crueldades. Tenía una cresta roja sobresaliéndole por encima de la cabeza y una barbilla, también roja, colgándole como piel muerta. La carne de su cara parecía desgarrada en algunas partes no tanto por sus heridas sino por la deformación de la que tomo parte.

El basilisco parecía tener una mirada tota y curiosa al mismo tiempo que salvaje y despiadada. Lancelot se levantó lentamente preparándose para saltar en el último momento, tenía una idea estúpida, pero el simple hecho de estar ahí era estúpido. El animal espero sin apartar la vista del gusano que tenía encima, movía la cabeza de un lado a otro como hacen las aves cuando estudian algo. Cuando centro su cabeza y la tiro para atrás Lancelot supo que ya estaba preparada para atacar. Abrió su pico, mostrando una lenga alargada y fina que se dividía en dos puntas al final, y se lanzó de frente contra el caballero.

Como lo tenía planeado, Lancelot salto a un costado en el último momento mientras la cabeza del basilisco continuo de largo hasta chocar con su propia ala. El animal se mordió a si mismo rompiendo su propio hueso, el animal emitió un horrible ruido que era algo en medio de un cacareo y un siseo. El ruido fue tan fuerte que lo aturdió por un momento, haciendo que perdiera el equilibrio y se callera. Se recompuso rápidamente clavando su espada en el basilisco. La hoja se deslizo por la carne del monstruo abriendo un corte largo y profundo. La sangre que fluyo de la herida cayo en su mano provocándole un intenso dolor que lo obligo a soltar la espada. Irónicamente eso le salvo la vida permitiéndole esquivar otra envestida del basilisco que le paso por arriba. Le dolía la mano derecha, pero no era momento de desalentarse. Agarro sus dos dagas y empezó a trepar por lo que sería el cuello emplumado del animal. El basilisco empezó a sacudirse de un lado a otro tratando de sacárselo de encima sin mucho éxito. Lancelot se aferraba a sus dagas y a las plumas del basilisco para no caerse mientras trataba de llegar a la cresta.

El basilisco dio un fuerte golpe contra el piso, el impacto fue tan fuerte que hizo que Lancelot soltara sus dagas y cayera de vuelta al piso. Ahora en tierra el basilisco lo miraba desde arriba preparándose para un golpe final. Lancelot trato de levantarse para poder volver a esquivar el golpe en el último instante. Tal vez podría agarrar una de las armas que estaban clavadas en el cuerpo de la bestia. No estaba seguro de si eso resultaría, pero se negaba a morir en ese lugar, no todavía, no hasta enmendar el daño de su padre.

Apenas movió un musculo el basilisco ataco sin darle tregua, era un movimiento rápido, no le daría tiempo a esquivarlo. Se levanto lo más rápido que pudo y alcanzo a correrse a otro lado, pero se dio cuenta de que el basilisco no había continuado su ataque. Volvió su mirada a la bestia que estaba emitiendo su extraño ruido mientras se retorcía de dolor. No pudo distinguirlo muy bien, pero se dio cuenta que uno de sus luminosos ojos estaba humeando. Miro a su alrededor descubriendo quien había sido el causante de eso. Dos jinetes venían desde el sur con arcos y armaduras preparadas, el que estaba más adelante saco otra flecha que se prendió fuego apenas la puso sobre la cuerda. Disparo y la flecha voló hasta el basilisco, clavándose en su cuerpo y prendiendo fuego el plumaje de la bestia.

Publicado la semana 26. 28/06/2020
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