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Odiseo

Perdido en la selva Parte 1

Cuando me quise dar cuenta ya estaba solo en medio de una selva desconocida sin ninguno de mis compañeros cerca. Por primera vez me sentí enjaulado, los arboles convertidos en muros y barras que me impedían escapar de las miradas ocultas de enemigos desconocidos. La humedad era insoportable, como de costumbre, la camisa que llevaba parecía volverse tan pesada como la cota de malla que llevaba. A lo lejos me pareció escuchar una serie de gritos, probablemente restos de la batalla, me aferre al mango largo de mi hacha consiente de que mi vida dependía de ello. Trate de continuar avanzando sin saber a donde estaba yendo pues todo en ese lugar era lo mismo. Por la luz que se filtraba de entre los árboles intuí que ya debía ser pasado el mediodía. Los ruidos de las aves me rodeaban por todas partes, las muy jodidas nunca se callaban. Odiaba ese lugar donde bajo cada piedra había un insecto venoso, en las ramas de los árboles había serpientes capaces de estrangularte y los mosquitos acosaban sin darte tregua. No podía creer que de verdad hubiera gente viviendo en ese lugar. Ayer mismo escuche a un medico decir que las tribus de esa región son más animales que hombres basado en mi experiencia personal es una idea absurda, aunque algo de animal deben de tener porque si no podría explicarlo.

Ni me moleste en continuar corriendo, no solo porque estaba exhausto, simplemente no valía la pena. Sin tener idea de donde estaba lo único que lograría seria tropezarme con alguna rama o pozo y doblarme el tobillo. De vez en cuando encontraba algunos senderos casi invisibles a primera vista, seguramente eran los caminos que usaban los nativos de esas tierras. No podía evitar sentirme vigilado, prácticamente todo lo que me rodeaba era mi enemigo en esas circunstancias. Mi cantimplora solo aguanto dos horas más antes de que vaciara su contenido, en esas circunstancias no me quedaba otra que esperar a una lluvia para llenarla. Tomar el agua del rio directamente seria arriesgarme a contraer diarrea y prender un fuego para hervirla sería muy difícil y arriesgado.

Con eso en mente me recosté en un árbol para poder descansar un par de horas y recuperar fuerzas. Cuando abrí los ojos ya estaba bastante oscuro, pero lo que realmente me preocupo fueron unos temblores. Eran como los golpes de un tambor, constantes y volviéndose cada vez más fuerte. Me levante apuntando mi hacha en la dirección de la que provenían los golpes que para esa altura ya me imaginaba que eran pisadas, aunque no estaba seguro de que eran. De un monstruo, eso era seguro, pero nada de lo que había visto me hubiera preparado para lo que vi ese día.

Al principio nada me llamo la atención, después me pareció ver algo moverse entre los árboles, algo grande y lento. Tenía forma humanoide con brazos tan largos, sin cuello, su cuerpo era rectangular dándole una apariencia ridícula. Debía tres veces mi tamaño inclinando todo su cuerpo para poder mirarme como si fuera un insecto. Estaba muy oscuro para poder saber que era exactamente, ni siquiera podía ver sus ojos solo notando su mirada por el aura de odio que desprendía. Había variar ramas y hojas saliéndole de su cuerpo sin seguir un patrón aparente.

No sabría decir cómo me sentí en ese momento. ¿Asustado? seguro, pero también estaba emocionado y, hasta cierto punto, resignado. No parecía ser una criatura muy rápida por lo que podría haber escapado fácilmente de haberme desecho de mi armadura. ¿Qué me hizo permanecer ahí? tal vez el miedo me dejo paralizado (era la primera vez que veía un monstruo por lo que tendría sentido) yo prefiero pensar que era la idea de romántica de hacer una hazaña a la altura de los héroes de leyenda. Según mi esposa la estupidez no tiene cura, supongo quienes lo padecemos no tenemos más opción que vivir cometiendo locuras.

El monstruo levanto uno de sus brazos, sus articulaciones hacían un ruido al moverse como de ramas partiéndose. Su movimiento al inicio era extremadamente lento por lo que cometí el error de confiarme. Antes de que me diera cuenta su ataque tomo velocidad barriendo el aire con una fuerza palpable. Me tire al piso para poder esquivar el mortal ataque el viento que paso por encima de mí sacudió mi pelo. El árbol que estaba al lado mío lógicamente no tuvo tanta suerte y el golpe lo empujo sacándolo de la tierra con sus raises. El árbol se golpeó con otro árbol haciendo que se quebraran sus ramas, esta de más decir que las astillas volaron por todas partes.

Algunos de los rayos moribundos del sol entraron por el hueco en el dosel revelando más detalles de la criatura. Su piel era escamosa, dura, similar a la superficie de un roble. Abría y cerraba un agujero grande, oscuro, profundo que supuse que era su boca. Al principio me pareció que no tenía ojos hasta que me fije en dos esferas brillantes. Eran dos pequeñas esmeraldas dentro de huecos arrugas y quebradizo.

Desde que era un chico escuche historias sobre esos monstruos, leyendas que hasta entonces pensaba falsas. Me imagino que la sensación que tuve es la misma que tienen los chicos cuando piensan haber visto un hada, solo que lo mío fue mucho más real. Se trataba de los ancestrales “Homarlios” o hombres árbol. Aun me cuesta mucho creer que no solo vi uno, sino que también tuve el privilegio de luchar contra uno. Curiosamente no parecía afectado por haber matado a uno de sus primos por error.

Me levante lanzando golpes de amenaza con mi hacha que no le afectaron (ahora que lo pienso era un poco obvio el resultado). Trato de golpearme de nuevo, con sus movimientos iniciales eran lentos para hasta que tomaron velocidad después. Ya me esperaba ese patrón por lo que espere manteniéndome donde estaba mientras su brazo se dirigía a mí. Esquive su golpe fácilmente adelantándome hasta llegar a sus piernas blandiendo mi arma. La hoja de mi hacha atravesó la corteza, no saltaron astillas y tampoco sonó como si estuviera golpeando madera. Un liquido verdoso más espeso que la sangre se deslizo por mi arma. El homario emitió un ruido parecido a una tormenta sacudiendo las hojas de la selva. Parecía que decía una palabra, pero no soy capas de decir en que idioma, ningún idioma humano de eso estaba seguro. Trato de vengarse con otro golpe al cual logre esquivar colocándome atrás de la criatura y volviendo a golpearlo en la misma pierna.

Movió sus piernas, que se habían aferrado a la tierra donde estaba parado, tratando de patearme con ellas. Salte hacia atrás para ponerme fuera de su alcance, pero los dedos de sus pies, que parecían raíces, se estiraron o dieron la ilusión de crecer rápidamente golpeándome en mi costado derecho. Fue increíblemente doloroso, se sintió como si te golpearan con un mazo. Me costo respirar por un segundo, cosa que casi me cuesta la vida al no poder evitar apropiadamente el siguiente ataque. Puse mi hacha de por medio a modo de escudo solamente consiguiendo que el mango se partiera en dos apenas frenando el golpe. Solamente salve mi vida saltando a un lado tropezando con las raíces de un árbol normal.

Publicado la semana 25. 21/06/2020
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